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La censura como para-Estado

Por Celedonio Orjuela Duarte


Sobre la censura
J.M. Coetzee
Debate - Mondadori
Bogota, 2011
352 páginas




En los últimos años, la academia sueca ha dado prioridad a pensadores que, unos desde sus trincheras académicas y otros desde el exilio, han venido denunciando, a través de sus novelas, ensayos y en algunos contados casos desde la poesía (1), el malestar que ocultaron los países regidos por el stalinismo. Algunos de ellos militantes de izquierda, indagaron en su momento en el fondo de los regímenes totalitarios develando la persecución al pensamiento y a la crítica endógena y exógena –permítasenos esta expresión que viene de los economistas– que conlleva el malestar de la censura. Esta reinterpretación de los Estados después del colapso de la revolución rusa puso al descubierto la presión a la que los artistas y pensadores se vieron sometidos. Para los académicos suecos, ha sido una constante en los últimos años reconocer este tipo de creadores. Una ley escrita en los anales del Nobel recomienda que los premios deben ser entregados exclusivamente en atención al mérito del galardonado, olvidando detalles como el de su país de procedencia. Lo aclara el filántropo sueco en su ya famoso testamento:
Es mi expreso deseo que, al otorgar los premios, no se tenga en consideración la nacionalidad de los candidatos, sino que sean los más merecedores los que reciban el premio, sean escandinavos o no.
En esta línea de galardonados se encuentra el sudafricano John Maxwel Coetzee, premio Nobel 2003, quien, aparte de ser un prestigioso novelista, es uno de los más rigurosos ensayistas y críticos en la actualidad. De ello dan cuenta sus libros Costas extrañas, Doblando el cabo, Mecanismos internos, Contra la censura, ensayos sobre la pasión de silenciar.

Los ensayos reunidos en este último libro constituyen una tentativa de comprender el silenciamiento y censura a los cuales es proclive cualquier forma de poder. El sondeo lo hace el autor desde una perspectiva histórico-sociológica. Por eso la censura muda de piel de acuerdo a los intereses de los gobernantes de turno que la han inventado mediante constituciones palaciegas como aparatos paralelos que vigilen la conducta de sus gobernados.


Coetzee inicia sus reflexiones sobre un tema actual que más que debatido ha sido excomulgado por los moralizadores del establecimiento, la pornografía. Sobre este tema se ocupa en dos sendos ensayos “El amante de Lady Chatterley: el estigma de lo pornográfico” y “Los años de la pornografía: Catharine Mackinnon”. En el primero, el investigador hace un recorrido a través del erotismo, D. H. Lawrence quien hizo una despiadada crítica de la sociedad de su tiempo con la novela El amante de lady Chatterley, que provocó un tremendo escándalo, llevada en numerosas ocasiones al cine. Cuando su marido queda incapacitado en la I Guerra Mundial, Lady Chatterley empieza un cálido romance con el jardinero. En sus relaciones sexuales la sodomiza y le enseña un lenguaje “vulgar”. Esto escandaliza a los guardianes de la moral, no fueron sólo las urgentes y minuciosas descripciones eróticas, sino sobre todo la transgresión de los tabúes sociales. Lo peor no era precisamente que Lady Chatterly le fuera infiel a su marido entre los matorrales, sino que el objeto de sus pulsiones sexuales era un obrero de su casa de campo: “Si supiese que el obrero se había acostado con ella y le hablaba con aquel acento plebeyo, (…) la detestaría”.

Este modelo literario que toma Coetzee para hablarnos acerca de aquello que es tomado por erotismo o pornografía. La novela de D. H. Lawrence, no podemos calificarla de pornográfica, es apenas una novela erótica que abre el pensamiento inglés y universal con el rompimiento de los tabúes sexuales que predominaban y predominan en algunas sociedades lo erótico y lo pornográfico. Lo dice así el ensayista:
El juicio y absolución de El amante de Lady Chatterley se considera a menudo un acontecimiento: una liberación pública de fuerza sexual contenida que marcó el comienzo de la nueva y luminosa década de 1960.
En el segundo ensayo, Coetzee se centra en mostrarnos el debate que genera la pornografía en cuanto que enfatiza los errores que cometen ciertos movimientos feministas, al hablar de sus reivindicaciones, desde el punto de vista meramente político y olvidan los matices que implica la sexualidad, por eso el ensayo se centra en los trabajos teóricos y falencias por su visión sesgada, de la dirigente feminista norteamericana Catharine Mackinnon (2).
El análisis feminista prioriza los tabúes viéndolos como dispositivos estructurales que sostienen la cultura (creada por los hombres), dichos tabúes pierden el control sobre la gente, y la cultura de dominación que respaldan resulta socavado. Ello explica por qué hay que invertir gran cantidad de recursos en mantener viva la idea de lo que es un tabú. Por tanto, el analista observa a través de las expresiones populares de las últimas décadas de qué manera el sexo es cada vez más explícito:
Los intereses y deseos de los seres humanos son muchas veces más complejos, enrevesados, inescrutables y opacos para sus sujetos de lo que ella parece admitir; la oposición que elabora entre intereses masculinos y femeninos está simplificada hasta el extremo de la caricatura. Sin embargo, resulta difícil no quedar impresionado o incluso resultar arrastrado por el brío, el empuje y la energía a veces temeraria de su ataque.
El autor nos recuerda que hay dos negocios de la industria moderna, el uno se encarga de señalar el tabú a través del signo (el anuncio publicitario), el otro da (el cine pornográfico). Coetzee sugiere un estudio más amplio alrededor del discurso feminista esto es, un análisis sobre la reivindicación de los derechos de las mujeres más allá del examen meramente político.

En los ensayos: “Osip Mandelstam y la Oda a Stalin”, al igual que “Cesura y Polémica: Solzhenitsin”, el sudafricano se dedica a indagar en el papel de los censores de la era stalinista a partir de dos celebridades de la literatura y otras figuras de la estética rusa. De paso nos muestra cuán nocivo fue la creación de esa suerte de para-Estado llamada Unión Nacional de Escritores, encargada de vigilar las plumas que no loaban al dictador como le ocurrió al menos genuflexo de los escritores rusos: Aleksandr Solzhenitsyn. Luego de haber pertenecido a la Unión Nacional de Escritores Soviéticos, es expulsado de ella hacia 1969 debido a sus constantes ataques a la burocracia que empezaba a consumirla, más odiosa según él que la propia burocracia del partido. Al recibir el premio Nobel en 1970 se negó a ir a recogerlo si no se le garantizaba el regreso a la URSS. En el caso de Mandelstam, es perseguido por el dictador por haber osado escribir un epigrama en el que retrata su figura con versos como estos:

Forja decretos como herraduras;
decretos y decretos:
a este le da en los huevos,
a ese en la frente,
A aquel entre los ojos.
Siempre que tiene una víctima,
se regocija como un georgiano
de pecho recio masticando una frambuesa.


Desde la época de los zares en Rusia se han creado organismos para-Estatales que dan cuenta de la actividad de los pensadores y artistas rusos, por tal motivo Nicolas I, creó la Tercera Sección para hacer seguimiento casi paranoico a sus opositores. Stalin empleó el mismo organismo, pero esta vez lo llamó Unión Nacional de Escritores Rusos dedicados a perseguir a quienes no le rindieran culto a su personalidad. En el caso de Mandelstam, Stalin, a través de la Unión, obligó al poeta a escribir tres odas laudatorias. Su esposa, Nadiezhada Mandelstam, ve el sometimiento ante Stalin de esta manera: “Se les cortó la lengua y se les obligó a glorificar al tirano con el muñón que les quedaba”.

En el texto “Zbigniew Herbert y la figura del Censor”, explora más el papel de estados satélites del stalinismo, en este caso Polonia, donde era prohibido leer figuras emblemáticas como Czeslaw Milosz, premio Nobel en 1980, y de quien no se podía hacer mención sin la aprobación previa y específica del ministerio; en los medios de comunicación populares (radio, televisión, prensa) tenían que ser totales. Zbigniew Herbert tenía 24 años cuando los comunistas tomaron el poder en Polonia. El partido esperaba que los escritores fueran, según la frase de Stalin, “ingenieros del alma humana”, Herber abandonó la Unión de Escritores y se replegó en el silencio, como lo hicieron muchos escritores polacos y demás artistas de países epígonos del stalinismo. Sobre la poética de Zbigniew reflexiona así Coetzee:
Comienzo con un poema que tiene todo el aspecto de ser una declaración antisoviética envuelta en una alegoría para engañar al lerdo censor. La situación dramática de “ A Marco Aurelio”, es común Herbert. Quien habla, representante de un orden moribundo que espera la invasión de los bárbaros (“terror terror oscuro y continuo/ contra el frágil país humano”) se dirige a Marco Aurelio: “Dame la mano a través de la oscuridad”, dice. El poema, pues, trata de la solidaridad, y evoca específicamente la solidaridad entre compañeros que se enfrentan a la extinción.


Erasmo: locura y rivalidad

Como nos lo sugiere el título de este ensayo, lo que pretende Coetzee es mostrarnos la forma en la que, a partir de El elogio de la estupidez –obra de erasmo–, (como en verdad debe traducirse su título por estar más cerca del latín y de su contenido y no Elogio de la locura), viene a ser una visión crítica de las ambiciones del hombre por fuera de los los bandos. Para la época de Erasmo, la disidencia luterana y el papado.Dice Erasmo: “Resulta extraño ver como dos facciones se provocan mutuamente como si estuvieran en connivencia”.

En estos debates, Erasmo nunca tomó partido pues consideraba que no siempre era cuestión de hacerse a un aliado, muchas veces se trataba de elegir un enemigo. “Rey de los anfibios”, lo llamó Lutero. El elogio de la estupidez –apunta Coetzee– esboza la posibilidad de una posición del crítico del ambito de la rivalidad política que no sólo sea imparcial entre los rivales, sino que también esté, por su propia definición, completamente fuera del escenario de la confrontación: una no posición.

Erasmo muestra su mayor lucidez al exponer la dinámica de la rivalidad, en esta confrontación la estupidez termina por constiturse en la mayor astucia y habilidad al eludir los violentos imperativos de la misma. En la época actual la explicación más clara sobre este tipo de rivalidad ha sido la planteada por René Girard. Coetzee no pretende convertir a Erasmo en el marco del proyecto de Girard –o en un Foucault– y aún menos en incluir por la fuerza a estos, junto a Lacan, en una supuesta escuela de Erasmo. Dice Coetzee:
Al interpretar a Erasmo a ‘la luz’ de las teorías de nuestra época, simplemente “aspiro a hacer visibles, razgos del Elogio de la estupidez que talvez hayan quedado ensombrecidos hasta el presente.
Nos recuerda Coetzee que en la década de los sesenta se lanzó un ataque contra los sectores dominantes de la psiquiatría en nombre de la locura y los derechos de la misma. Quien más teorizó sobre el particular fue Michel Foucault quien sitúa su crítica del manicomio en un contexto histórico y filosofico. La denuncia del pensador francés consiste en poner de manifiesto la razón a la locura en la que sustenta una posición meramente política. Coetzee dice:

Una oposición de rivales situados en el mismo plano, uno de los cuales ha silenciado y reprimido al otro. Derrida, desde el estudio del lenguaje y Lacan desde el despojo del sujeto, un sujeto que se supone que sabe pero que está enajenado, para ello recurre a los poetas; desde allí argumenta que no es necesario que este sepa lo que está haciendo y con ello nos recuerda a Freud quien siempre rechazó la interpretación del arte.
Explanación

Luego de la lectura de este estupendo libro, entendemos que la verdadera crítica sigue vigente, no es el caso de Colombia en donde parece que ha muerto y su lugar lo ocupa la pasarela. En Coetzee los temas que aborda, es una reflexión seria y argumentativa de una prosa en la que sale a flote sus dotes de escritor. Es el resultado de un largo estudio sobre el tema, a quien por demás lo tocó de cerca el objeto de estudio de este libro en su propio país. Los ensayos tienen un hilo conductor que genera una atmosfera que los liga de alguna manera, es lo suficientemente argumentado, como observábamos al principio de estas notas, deja ver la erudición de Coetzee con una acentuación propia de su estilo en la articulación de su pensamiento, a pesar de tener una unidad independiente, nos deja un aroma de lo que desarrollará más adelante, de un pensador incisivo, con el suficiente sustento teórico para abordar el contenido de este libro, desde distintos ángulos que preocupan al hombre de hoy.

El analista le propone al lector que mire con cuidado el caso del apartheid y los casossubir. André Brink (1935), quien escribe tanto en afrikáans como en inglés. Durante la década de 1960 él y Breyten Breytenbach figuras claves en el movimiento literario en idioma afrikáans conocido como Die Sestigers. Estos escritores se caracterizaban en usar el afrikaans como lenguaje para hablar contra el apartheid, y además para traer a la literatura en afrikaans la influencia de las literaturas inglesa y francesa contemporánea. Lo importante de Coetzee es que no se queda en el solo hecho de denunciar, pone el dedo en la llaga de los organismos y teóricos de la censura como el caso de Geoffrey Cronjé, un sociólogo reaccionario que entre 1945 y 1948, sienta las bases ideológicas de lo que sería la segregación racial.

El autor sienta una posición respecto a la censura fuera del tejido de la política. Incurre más en el rol del interventor que en los procedimientos de censura. En sus reflexiones sugiere una distancia (‘Erasmiana’) en cuanto a no querer tomar partido en contra de la censura, lo que realmente lo ocupa es ahondar en un tema de por sí complejo, pero visto de una manera desapasionada, como corresponde a un analista de su talante. No le interesa hacer juegos morales o blasfemos como el caso de Salman Rushdie.

Para Coetzee la función del censor es descubrir “lo comprometido”, lo no permitido en política. Por tanto, el censor se erige como una amenaza para el hostigado (el artista) a quien se le impide su libertad creativa. Por tal motivo, el novelista nos recuerda que los estados dictatoriales son los más paranoicos: cada ciudadano es para el otro un espía o un saboteador. Sobre la situación de esta encrucijada de los Estados paranoicos, observa como el reciente premio Nobel Mario Vargas Llosa, ve con desdén o soberbia esta situación, dice Vargas Llosa: “La insumisión congénita de la literatura es mucho más amplia de lo que creen quienes la consideran un simple instrumento para oponerse a gobiernos y estructuras sociales dominantes: [ataca por igual a todo] significa dogma y exclusivismo lógico en la interpretación de la vida, es decir, tanto a las ortodoxias como a las heterodoxias ideológicas. Dicho de otro modo, es una contradicción viviente, sistémica e inevitable de todo lo que existe”, sobre esta desfachatez conceptual, mal intencionada, responde Coetzee:
La maniobra ejecutada en este texto por Vargas Llosa – a saber, desplazar su propia oposición a un terreno lógico situado a un nivel por encima de la batalla política a ras de suelo- supone que el escritor ocupa una posición que simultáneamente se mantiene fuera de la política, rivaliza con la política y domina la política. Por su soberbia, esta pretensión resulta considerablemente marlowiana; por más que sea de manera involuntaria, sugiere que el riesgo que corre el escritor como héroe es el riesgo de la megalomanía.
En estos densos ensayos, a propósito de los cambios ocurridos en Sudáfrica en 1990 con la aparición del internet y otras formas de comunicación, se produce un colapso en los sistemas de censura de la Unión Soviética y de los países de Europa oriental (acontecimientos que han dado un giro imprevisto en los últimos años). Coetzee señala que se ha ido disipando el beneplácito liberal sobre la libertad de expresión que había sido el encargado de ligar a los intelectuales occidentales. En la década de los ochenta, el juicio que prevalecía era el de restringir en lo posible el concepto de libertad. Por tanto la censura oficial se había desacreditado, ya no era vista como el puntal de un aparato poderoso, sino todo lo contrario fue mostrando una inmensa debilidad. Si algunas manifestaciones de la libre expresión resultaban desafortunadas, pues eso era parte del costo que suponía la libertad.

Por otra parte, en el plano individual, lo más peligroso es la autocensura. Dice Coetzee:
Una vez la censura se ha establecido como régimen de escritura y lectura, cabe esperar de los escritores que o bien se regulen a sí mismos o bien, rechazando las reglas se coloquen fuera de la ley, muchos de ellos deciden guardar silencio o escribir para el escritorio, es decir, bajo la censura.

Coetzee cita a Danilo Kiš (1935-1939). De madre montenegrina y padre judío, en su infancia vio el horror de la muerte y la guerra en su estancia junto a su familia en la ciudad de Novi Sad, donde se produjo la masacre de judíos y serbios a manos de fascistas húngaros, durante la Segunda Guerra Mundial. En 1944 su padre fue asesinado en Auschwitz. Gracias a la Cruz Roja, en 1947 es repatriado a Montenegro y más tarde a Belgrado. Posteriormente viaja a París, dónde publica su primer libro que incluye La Buhardilla y Salmo 44, en 1962. Más adelante aparecen obras como Poetika (1975), Una tumba para Boris Davidovich (1976), piedra de escándalo en la ex-Yugoslavia y La enciclopedia de los muertos (1983). En 1979 se traslada definitivamente a Francia, ejerciendo la docencia en la Universidad de Lille.

Danilo Kiš tradujo además autores como Baudelaire, Verlaine, Anna Ajmatova o Aleksandr Blok. Con su muerte, el 15 de octubre de 1989, se cortó súbitamente uno de los viajes literarios más importantes jamás hechos por algún escritor en la segunda mitad del siglo XX.

La consistencia, la destilación y el nivel de la argumentación piden un lector avisado con el fluir de los pensadores de las últimas décadas, llámese Derrida, Foucault, Girard, por nombrar apenas algunos de los que enriquecen el pensamiento del Nobel sudafricano, de quien por igual sobresale su perspicaz forma de visitar la obra de sus ‘colegas’ escritores, como puede verse en su libro Mecanismos internos.
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1 Sobresalen entre aquellos autores Nobel abrigados por la poesía nombres como Derek Walcott (Santa Lucía, 1992), Seamus Heaney (Irlanda, 1995), Wislawa Szymborska (Polonía, 1996), y más recientemente Herta Muller (Rumanía 2009).
2 Catharine Mackinnon (1946) es académica y abogada. Ha ejercido, junto a Andrea Dworkin, una muy cuestionada campaña contra la pornografía –‘Anti-porn feminism’–. Para Mackinnon, ésta viola los derechos civiles de la mujer y la lleva a ser víctima de violencia sexual y violación. “El coito heterosexual es una forma de dominación masculina que debe ser totalmente reformulado de manera que no resulte perjudicial para las mujeres”. Otra perla. Robin Morgan, feminista, escritora y poeta estadounidense, pontifica así: “La pornografía es la teoría, la violación es la práctica”.

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