<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282</id><updated>2012-01-31T14:20:10.767-08:00</updated><category term='Sociología'/><category term='Historia'/><category term='Extranjera'/><category term='Literatura'/><category term='FILOSOFÍA'/><title type='text'>Periódico de Libros</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>27</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-1391411446572347723</id><published>2012-01-20T18:02:00.000-08:00</published><updated>2012-01-20T19:41:08.947-08:00</updated><title type='text'>Las mariguanadas de Vallejo</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;Por Mario Torres Duarte&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-43FasDsSa_E/TxodHJ4yQII/AAAAAAAAA9E/hEIJoBblDCQ/s1600/vallejo.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="143" src="http://3.bp.blogspot.com/-43FasDsSa_E/TxodHJ4yQII/AAAAAAAAA9E/hEIJoBblDCQ/s200/vallejo.jpg" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Fernando Vallejo renuncia a la nacionalidad colombiana porque el país lo ha tratado mal, muy mal. Está en su derecho, pero como lo hace público, no sin antes armar -con la complacencia de los medios de comunicación, claro- cipote escándalo, pues da pie para que cada quien opine sobre su decisión.&lt;br /&gt;No dudo en que este es un país de cafres como dijera alguna vez el maestro Darío Echandía. E incluso, esa opinión es muy liviana para lo que somos. Eso de no dar papaya, eso de aprovechar todo papayazo, es de veras aberrante. Y aberrante son las masacres, o los compatriotas que desaparecen a otros compatriotas, o el desplazamiento que le ha tocado a cientos de miles de colombianos, o las actuaciones de los paracos que quieren pasar de agache a punta de perdón y olvido, o los atentados de la guerilla, o las actuaciones de los políticos. Y  aberrante es esa indiferencia social de presidentes que ocultan la realidad a punta de estadística. Hasta ganas dan de huir.&lt;br /&gt;Ahora, no se que pudiera pensar de Vallejo en caso de que se hubiera vuelto digamos que noruego, porque los argumentos sobre la mexicanidad del escritor me producen escozor. Y es que el escritor le da palo a Colombia para quedarse en el país que asesinó a Pancho Villa o que acogió a Trostky para luego matarlo a punta de 29 hachazos soviéticos sin ninguna protesta, al igual que aquí.&lt;br /&gt;Un país con varios de los carteles de la droga más fuertes del mundo como el de Tijuana, al igual que aquí. Un país más grande que el nuestro, pero con una corrupción no menos grande generada por ese que no es partido revolucionario como el PRI, al igual que aquí.&lt;br /&gt;Un país que permitió que el fundador de Los Legionarios de Cristo violara a decenas de niños sin que pasara nada, al igual que aquí.&lt;br /&gt;¿Y que tal su policía corrupta? ¿Y sus múltiples elecciones viciadas?  Al igual que aquí.&lt;br /&gt;Un país de masacres y asesinatos de estado, al igual que aquí.&lt;br /&gt;Un país que produce el mayor número de telenovelas indignas del mundo, presentadas a toda la familia en horarios estelares y exportadas a países como el nuestro para darle argumentos a muchachitas pobres o arribistas que aceptan sin más un decente trabajo de prepagos, al igual que aquí.&lt;br /&gt;Un país pendejo que se dejó quitar miles de kilómetros cuadrados de los gringos, al igual que aquí.&lt;br /&gt;En lo que sí que no es igual que aquí, es que ellos son mexicanos a lo mero macho y nosotros ni siquiera sabemos que es eso de ser colombiano.&lt;br /&gt;Y podemos seguir en ese pluricultural país de México con sus defectos, al igual que aquí; o con sus cualidades, que las tiene y son trascendentales, al igual que aquí.&lt;br /&gt;Pero no importa, pienso en como Colombia maltrató al exitoso Vallejo.&lt;br /&gt;Pienso en ese 55 o 60% de colombianos a los que los dueños del país han tenido sumidos en la pobreza absoluta, esos mismos colombianos fracasados y analfabetos a quienes el estado no ha dado la oportunidad de una vida mejor, esos colombianos de verdad que no han sido hijos de ministros como el escritor, ni hijos de senadores como el escritor, ni han tenido hermanos alcaldes como el escritor, ni ganan premios internacionales como el escritor, ni han tenido la oportunidad de estudiar dos carreras universitarias en colegios burgueses, como el escritor; esos a los que no se les ve la cara porque no la tienen; esos compatriotas que ni siquiera son  dueños de los pocos metros cuadrados de su casucha de lata.&lt;br /&gt;Pienso en lo maltratado de Vallejo y pienso en esos colombianos que no han tenido la oportunidad de renunciar a una nacionalidad impuesta, porque ni siquiera saben que la tienen.&lt;br /&gt;Pienso en el desarrapado de Vallejo tratando de dormir –por que se le dio la gana– sobre la helada carrera séptima de Bogotá, y pienso en esos miles de colombianos (porque no se les da la gana) que duermen sobre calles menos famosas al lado de sus perros pues son sus hermanos, sin tenerle que restregar su familiaridad al animal cada vez que abren la boca.&lt;br /&gt;Pienso en Vallejo que habla y escribe y se le escucha y se le lee, y pienso en esos millones de colombianos que hablan porque no saben escribir, y a los que no se les escucha, aunque se les escribe en unas estadísticas de Planeación Nacional para sacarlos de la pobreza a punta de Excel.&lt;br /&gt;Pienso en lo desgraciado de Vallejo que escribe sobre lo que se le da la gana cuando se le da la gana y lo publica en donde se le da la gana; y pienso en esos millones de colombianos que salen –porque no se les da la gana– en  los medios de comunicación, cuando otra desgracia diferente a su desgraciada vida los pone en primera plana a punta de derrumbes o inundaciones.&lt;br /&gt;En fin, pienso en Vallejo y me da lástima lo mal que le han tratado en Colombia, y pienso en la pobre Colombia que nunca valoró al genio de Vallejo. Y pienso en los millones de colombianos para los que Méjico es un puteadero donde Verónica es la última adquisición colombo-norteña que canta rancheras aprendidas en alguna whysquería de la Caracas de Bogotá o de la Mafafa de Barranca.&lt;br /&gt;Eso le pasa por fumársela verde a la mexicana. Si se la hubiera fumado fresca a la colombiana, hubiera tenido la mejor traba del mundo según Ringo Starr y estaría escribiéndose una novela del putas en vez de estar mariquiando con algo que nunca ha sido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-1391411446572347723?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/1391411446572347723/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2012/01/las-mariguanadas-de-vallejo.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/1391411446572347723'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/1391411446572347723'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2012/01/las-mariguanadas-de-vallejo.html' title='Las mariguanadas de Vallejo'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-43FasDsSa_E/TxodHJ4yQII/AAAAAAAAA9E/hEIJoBblDCQ/s72-c/vallejo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-5367314600810180962</id><published>2012-01-20T13:07:00.000-08:00</published><updated>2012-01-20T13:20:54.977-08:00</updated><title type='text'>Parió la luna</title><content type='html'>&lt;span style="font-size: large;"&gt;Por Julio Mario Alvear&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La canción de la luna&lt;br /&gt;Juan Carlos Garay&lt;br /&gt;Editorial Icono&lt;br /&gt;Bogotá, 2011&lt;br /&gt;178 Páginas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-bzCOdgFpKs4/TxnXeOso8WI/AAAAAAAAA88/q_udq8VveYE/s1600/La-cancion-de-la-luna.-jcg.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="200" src="http://2.bp.blogspot.com/-bzCOdgFpKs4/TxnXeOso8WI/AAAAAAAAA88/q_udq8VveYE/s200/La-cancion-de-la-luna.-jcg.jpg" width="130" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;La luna siempre ha sido motivo de diversos cantos en el decir poético universal. En la novela La canción de la luna de Juan Carlos Garay, no podemos decir que la habita una luna casta y virginal, aunque en Garay sigue siendo una luna romántica, no obstante estar pisoteada por el hombre de ahora, desde Neil Armstrong hasta Vicentico Valdés.&lt;br /&gt;La luna que habita su novela persigue en ella fines científicos, en alguna parte de su historia, en las travesías del monje Leopoldo Caruso, en un campamento de poetas, se sucede &amp;nbsp;un ritual de ofrenda a la luna, el protagonista sostiene este diálogo con el poeta salvadoreño Aristides Pineda, especie de heterónimo de poesía rimbombante al que Garay acude para subrayar su gusto por lo astronómico como génesis de la trama aquí propuesta, no por nada el propio autor tuvo la posibilidad de realizar, tiempo antes de la redacción de esta novela, un diplomado en Astronomía, fruto de su reciente residencia en la Argentina:&lt;br /&gt;&lt;blockquote class="tr_bq"&gt;“Verá ud, nos preocupa lo que pueda pasarle a la luna. Hace unos años, cuando unos ingenieros de Winsconsin analizaron las muestras de rocas que recogió el Apolo 17, descubrieron que contienen burbujas de un gas llamado helio-3. Entonces fue cuando supimos que la luna no solo refleja la luz del sol sino que también atrae el gas del viento solar. La tierra no lo tiene porque la atmósfera le bloquea el paso, pero en cambio ese satélite allá arriba es como un imán. Y resulta que el helio-3 es una fuente de energía tan poderosa que supera cualquier hidrocarburo que ud me pueda mencionar &amp;nbsp;en este momento. Con sólo excavar cuatrocientos metros cuadrados de suelo lunar, a una profundidad de tres metros, se tendría suficiente energía para darle un año de electricidad a todo Frisco. Es un hecho irreversible, amigo mío, la minería lunar viene en camino”.&lt;/blockquote&gt;En el espacio de San Francisco por el que se mueven los pocos personajes que pueblan el universo de La canción de la luna, pierde ese tono y tal vez como lo propusiera Kant, refiriéndose al hombre en el universo, la luna ya no es la cosa en sí, es decir apenas para ser cantada, sino es la cosa para sí, &amp;nbsp;hace parte de ese arsenal de la minería lunar de la que con acierto poetiza Garay. En su saga lanza una suerte de hipótesis en el sentido en que uno de los anhelos de los poetas es escribir un poema a la luna desde la luna y para eso aparece un personaje en la historia el poeta-astronauta Neal Teagarden, ya en el suelo lunar dice: “La poesía debe ir más allá de las palabras”. “La poesía debe incluir también el acto”. Toda su vida fue una preparación para el acto poético de índole cósmica que estaba a punto de cometer”. Qué será de los poetas sin esa luna misterio, esa luna que cuando se vuelva propiedad privada de los imperios ya ni siquiera aretes se le podrán dibujar.&lt;br /&gt;Leopoldo Caruso (el monje protagonista), descubre que no encuentra &amp;nbsp;el pináculo de la iluminación porque se apodera de él aquel embrujo llamado blues. Un coleccionista de música rescata y restaura la guitarra que le perteneció a la leyenda del blues Charley Patton. Ambos personajes están por juntarse en pleno centro de San Francisco, donde vivirán episodios insólitos como el encuentro con una cofradía de poetas, de donde se desprende el diálogo arriba mencionado, que busca evitar la explotación industrial del helio, combustible que yace bajo la superficie de la luna. Novela que la trasunta poesía y ciencia, poesía y astronomía.&lt;br /&gt;Sus dos novelas, La nostalgia del melómano y La canción de la luna, las abrigan discadas de sonidos que se convierten en bandas sonoras. Desde luego esto no es nuevo en un género tan abierto como es la novela, en ella cabe todo, y de eso dan razón &amp;nbsp;novelistas como Julio Cortázar en algunos de sus cuentos como “El Perseguidor”, pero especialmente en su novela Rayuela o Boris Vian quien fuera trompetista de jazz, miembro de la cofradía de patafísicos; en la novela firmada por unos de sus más sanguinolentos heterónimos, Escupiré sobre vuestra tumba, en la cual discurre el jazz de los años 30 y 40, como Dizzy Gillespie o el saxofonista León “Chuck” Berry junto a Wiliam Christhoper Handy compositor y músico de blues. A propósito de Vian vale la pena llamar la atención sobre otro de los aspectos más notorios en la narrativa de Garay, y que suele ser frecuente en la obra del escritor francés, se trata de la antropomorfización como ‘fantasía’ recurrente, por cuanto el staff de personajes incluyen la imagen peremne de lo animal, acaso lugar común en cualquier postal que se relacione con la luna, el lobo que aulla desde una carta del tarot, la noche replegada entre gatos furibundos que husmean entre callejas y techos con la redonda y brillante dama como testigo. Las discadas de La canción de la luna &amp;nbsp;conducen a Jimmy Rushing y Charley Patton al viaje lastimero del blues. &amp;nbsp;Jimmy Rushing en el año 1938, empieza el viaje &amp;nbsp;de una saga cuyos protagonistas se embeben con la luna: El Monje caruso deserta una noche de luna llena pero lo atrapa un lobo feroz, milagrosamente se zafa del hambriento animal y termina en compañía de un camionero (Rondamon) quien le cuenta las razones de su oficio y lo que transporta 24.000 fresas diarias. El Monje Caruso en su periplo resulta en una tienda de discos y allí se narra la historia de la famosa guitarra que conserva la nana de Charlie Patton y que se convierte en ícono para los músicos de San Francisco.&lt;br /&gt;En este suceder en la vida del Monje se desenvuelve una historia de amor entre el docente-monje y una joven estudiante (Arcoíris Angélica) en escenas un tanto eróticas, con cierto sabor a chantaje por el asunto de las notas, que hilvanan un merodeo carnal que sacan la historia de ese puritanismo de dogmas religiosos propios de un monje poco convencido de hallar el nirvana o cualquier otra forma de pureza.&lt;br /&gt;La historia atrae en cuanto a la arquitectura de su composición y la especulación científica, pero se excede en cierto lirismo hueco y a veces ingenuo tras el cual sigue prevaleciendo el pretexto principal de esta segunda novela de Garay, el hablar de lo sabido, el hacer periodismo cultural distrazado de cruzada narrativa, el traer a colación toda suerte de musicos y anecdotas para tomar como propias sus historias en pos de escribir una novela plagada de sincretismos. Por allí, se asume, como se desprende de una locución radial más o menos reciente, la intención primera de llegar al examen superficial de lo oriental en medio del letargo kitsch del jazz, todo bien disfrazado tras una bruma poética que esconda los defectos generales de La cancion de la luna.&lt;br /&gt;Por lo demás, más allá del parapeto y los breves ensayos sapienciales, hay que retroceder para leerla como se debe, detras de tanta gesta mística y de tanto jam, la novela resulta un singular divertimento que significa una suerte de breve continuación de su novela como primerizo, y de la cual ha tomado, como se verá, un par de elementos a los que dará continuidad en este nuevo libro, otra puerta para que el melomano Garay nos informe más sobre sus afectos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-5367314600810180962?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/5367314600810180962/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2012/01/pario-la-luna.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5367314600810180962'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5367314600810180962'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2012/01/pario-la-luna.html' title='Parió la luna'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-bzCOdgFpKs4/TxnXeOso8WI/AAAAAAAAA88/q_udq8VveYE/s72-c/La-cancion-de-la-luna.-jcg.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-7212189661138719171</id><published>2011-12-12T10:30:00.000-08:00</published><updated>2012-01-17T17:44:57.164-08:00</updated><title type='text'>Tokio en azul</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Cambria, serif; font-size: large;"&gt;&lt;b&gt;Por Carlos Enrique Pachón&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Cambria, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Cambria, serif;"&gt;After dark&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Cambria, serif;"&gt;Haruki Murakami&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Cambria, serif;"&gt;Tusquets, Andanzas&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Cambria, serif;"&gt;Barcelona, 2008&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Cambria, serif;"&gt;323 páginas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Cambria, serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-6XwiurEv3XQ/TuZH9BkJbmI/AAAAAAAAA00/FB4TUSP343o/s1600/after_dark.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="200" src="http://4.bp.blogspot.com/-6XwiurEv3XQ/TuZH9BkJbmI/AAAAAAAAA00/FB4TUSP343o/s200/after_dark.jpg" width="132" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Cuando se trata de imágenes nocturnas de las metrópolis contemporáneas, las luces de neón, las fluorescencias, los avisos electrónicos y luminosos son los primeros referentes, más si se trata de una ciudad de contrastes, sofisticada pero imprevisible como lo es aquel Tokio que Haruki Murakami dibuja desde la instantánea de las noches de música e insomnio, cualquiera sea la razón metafísica que permite el encuentro de los disimiles personajes que el autor japonés, amante del jazz y amigo de un tono cinematográfico de contrastes a ratos surreales o enigmáticos, ha querido mostrar en esta novela.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;After Dark &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;empieza de esta forma. Con un lenguaje de kinetoscopio, el autor nos muestra, desde las alturas, el perfil de una gran ciudad, Tokio. Y para ampliar el impacto de la toma aérea, extiende el enfoque de su “cámara” y nos dice que “la ciudad parece un gigantesco ser vivo. O el conjunto de una multitud de corpúsculos entrelazados. Innumerables vasos sanguíneos se extienden hasta el último rincón de ese cuerpo imposible de definir, transportan la sangre, renuevan sin descanso las células”. Dicho de esta manera, la ciudad es el réptil gigantesco que siempre ha azotado las calles y que sugiere una poética de espacios, aquí somatizada por el vaho de la noche y la soledad compartida de transeúntes que recorren el tiempo del relato, sorteando sus recuerdos y sus propias miserias humanas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;La narración continúa en &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;Dennys&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;, cinco minutos para las doce de la noche. Mari Asai, está dentro de la cafetería e intenta leer un libro. Al fondo se escucha &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;Go&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;away little girl &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;de Percy Faith. Todo es anodino, común y cotidiano. El autor lo describe así, y enfatiza en la particularidad de estos lugares en hacer sentir a sus clientes como seres anónimos y reemplazables. Un joven entra al lugar y repara en ella, se acerca y entabla una conversación. Al principio Mari es esquiva, no desea mantener el diálogo, pero poco a poco van teniendo puntos de discusión. Él conoce a la hermana de Mari, Eri. Sobre ella girará la conversación. A partir de esta escena, igualmente intrascendente, se van a originar los siguientes escenarios de la novela, reafirmando que no hay casualidades. El joven se llama Takahashi y ensaya en la noche con un grupo de jazz. Una banda sonora particular va cubriendo la lectura, dando a esa estática nocturna un aire tanto más citadino en la medida que el lector encuentra esos sonidos tan ajenos y sin embargo personales que encarna el jazz, como ese &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;&lt;a href="http://tinysong.com/yALj"&gt;Five spot after dark&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;, en la versión de Curtis Fuller, que el joven tararea seguido de esta distante desconocida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: left;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-ysWv10JWTpM/TuZH-J30ewI/AAAAAAAAA08/KIlmy-oBVSc/s1600/after_dark_large.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://1.bp.blogspot.com/-ysWv10JWTpM/TuZH-J30ewI/AAAAAAAAA08/KIlmy-oBVSc/s320/after_dark_large.jpg" width="207" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;Murakami da inicio a cada episodio de manera un tanto cinematográfica, según ha sido una de sus costumbres, un lenguaje que va de lo visual a una especie de metafísica independiente y a menudo caprichosa dentro de la forma narrativa y la puesta en escena de los hechos, un escritor de guiones (como lo exige decir Guillermo Arriaga) que ha sabido ver en la realidad el lado espectral de la existencia. Describe los espacios, la manera en que están dispuestas las cosas y las personas. Se detiene de forma obsesiva en la ropa que cada personaje usa, en el caso de Mari dice que lleva puesta “sudadera gris con capucha, pantalones vaqueros, zapatillas deportivas de color amarillo desteñidas tras múltiples lavados”. Así lo hace con todos los personajes. En apariencia, el narrador no agrega detalles, es neutro, no se atreve a opinar, como si un velo trasluz no le permitiera tocar las cosas, pero hay &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;algo &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;latente en ese lago de aguas tranquilas. A medida que describe y narra se siente que un suceso escandaloso va a ocurrir, y en la medida que Mari sigue contactándose con otras personas, uno siente ese staccato musical anunciándose desde la calma progresiva de un relato bañado por la realidad de una ciudad que parece dormir detrás de ellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;Mari sigue allí, detenida, en aquella cafetería parca y común&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;son las doce y veinticinco de la noche, al fondo del relato se escucha &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;More &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;de Martin Denny. Más tarde, Kaoru, amiga de Takahasi, aparece en escena. Trabaja en un &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;love-hotel &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;llamado extrañamente Alphaville, al igual que el filme de François Truffaut. Una prostituta ha sido brutalmente golpeada y nadie, aparte de Mari, podría entenderle en aquel chino mandarín lleno de lágrimas y sangre cubriendo la habitación donde minutos antes un hombre la había cogido con ella pese a un repentino inconveniente. El hombre que ha agredido a la mujer ha sido identificado por las cámaras del &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;Alphaville, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;su nombre es Shirakawa y trabaja en la noche en &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;Veritech, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;como ingeniero de sistemas. Mientras trabaja escucha una cantata de Scarlatti interpretada por Brian Asawa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;Al tiempo que todo esto ocurre y capitulado de forma pasiva pero expectante, Murakami describe una situación desde el paneo parcial y a ratos onírico de un lente que espía otro espacio, fuera de la acción principal descrita en el libro. Eri Asai, hermana mayor de Mari, duerme en su habitación, desde hace dos meses. Un día anunció que su trabajo de modelo no le permitía dormir bien y que iba a hacerlo hasta descansar a satisfacción. Pero esta decisión se ha extendido demasiado. Parece dormir tranquilamente, no obstante también quiere despertar, la conciencia exige, por momentos despertar. Mientras duerme, sin mover siquiera los parpados, el televisor apagado refleja otra habitación similar, en donde un hombre sin rostro –una luz brillante en su cara-, sentado en una silla giratoria mira a Eri a través del televisor. En ocasiones, ella aparece en la habitación que se refleja en el televisor, y despierta sin saber de sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-aV0_cMBRyA4/TuZH-oyUwjI/AAAAAAAAA1E/BJRaoZKu5Hg/s1600/haruki-murakami-trabalibros.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em; text-align: left;"&gt;&lt;img border="0" height="200" src="http://1.bp.blogspot.com/-aV0_cMBRyA4/TuZH-oyUwjI/AAAAAAAAA1E/BJRaoZKu5Hg/s200/haruki-murakami-trabalibros.jpg" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;Como novela, &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;After dark &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;es, por igual, una salutación de la nocturnidad y de la melomanía siempre latente de Murakami. Transcurrida entre las 5 a.m. y las 6 y 52 a.m., justo cuando la ciudad despierta para recibir el otoño nipón, la narración se muestra, desde sus intervalos descriptivos y sus diálogos o situaciones específicas, en una suerte de “tiempo paralelo” que más tarde se concreta en un arrebato parecido a esos &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt;tutti&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Cambria, serif;"&gt; musicales que ponen en situación los instrumentos de una orquesta, entregados a la luz de la noche. La luminosidad de Tokio se ve de imprevisto interrumpida cuando la oscuridad empieza a desvanecerse, justo antes de la luz del día, luego de la calma del jazz y el aliento helado de la madrugada que reconoce los rostros de sus habitantes soñolientos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-7212189661138719171?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/7212189661138719171/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2011/12/tokio-en-azul.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/7212189661138719171'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/7212189661138719171'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2011/12/tokio-en-azul.html' title='Tokio en azul'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-6XwiurEv3XQ/TuZH9BkJbmI/AAAAAAAAA00/FB4TUSP343o/s72-c/after_dark.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-5755692487013419659</id><published>2011-12-02T11:11:00.000-08:00</published><updated>2012-01-17T08:15:20.977-08:00</updated><title type='text'>Entre la memoria y la imaginación</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #999999; font-size: large;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #999999; font-size: large;"&gt;&lt;i&gt;La presente reseña crítica sobre la reedición de esta novela de Fabio Martínez hace parte del próximo número del Periódico Lecturas Críticas a ser publicado en enero de 2012.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;b&gt;Por Omar Ortiz&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Un habitante del&amp;nbsp;séptimo cielo&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Fabio Martínez&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Univalle - Vericuetos&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cali, 20111&lt;/div&gt;168 páginas&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-cdtEHwCcqSY/TtkiOVDcMKI/AAAAAAAAA0Q/XyDzELRTAQE/s1600/habitante+del.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="200" src="http://3.bp.blogspot.com/-cdtEHwCcqSY/TtkiOVDcMKI/AAAAAAAAA0Q/XyDzELRTAQE/s200/habitante+del.jpg" width="141" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El día que recibí “Un habitante del Séptimo Cielo”, la novela que Fabio Martínez presentó originalmente en abril de 1988 en la ciudad de Bogotá con palabras del poeta Juan Manuel Roca y con el sello de “Ulrika, Editores”, salía de casa con la prisa que ocasionan las diligencias bancarias, y con el libro en la mano me allegué a cumplir con la interminable fila con que los clientes de las entidades financieras en este país debemos asumir los servicios que a precio de oro prestan los dueños de la plata. Y casi por reflejo comencé a hojear el libro que acababa de editar la Universidad del Valle y Vericuetos en edición bilingüe castellano y francés con traducción de Yves Moñino. Hojear y empezar su lectura fueron una misma cosa y casi lamenté que hubiera llegado mi turno frente al cajero que me miraba entre la conmiseración y el reproche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque “Un habitante del Séptimo Cielo” es una novela que agarra. Una vez iniciamos el tránsito por las primeras páginas de “Verano” el primer capítulo de la novela, a los que siguen, “Otoño”, “Infierno” y “Primavera”, las cuatro estaciones particulares del narrador que pueden ser climáticas o paradas del metro, no queremos detenernos hasta no agotar las peripecias que alguna vez también quisimos experimentar en ese París de la Utopía al que habíamos accedido por las zancadas de Miller más tarde vueltas latinoamericanas en los recorridos de Julio Cortázar.  Pero no se equivoquen no es la melancolía de la nostalgia la que nos obliga a tomar una y otra vez el metro parisino acompañando las alegrías y las angustias de los jóvenes protagonistas que reivindican lo libertario, si bien desde los extremos de la rumba, el embale y la baba como acertadamente lo señala Carlos Patiño, es una actitud vital que subyace en la derrota de todos y cada uno de los residentes latinoamericanos de esas fechas deslumbrantes de irresponsabilidad y agite, lo que reivindica en los lectores, de mi generación por lo menos, la posibilidad de confrontar una cultura y un espacio que pensábamos sinónimo de triunfo del Arte, de lo humano, sobre el tartufismo imperante, que por lo demás sigue reinando. Ese sueño de alcanzar el reconocimiento desde la propia capital del mundo artístico, reconocida así en esas fechas, sin pagar tributo a las mezquindades propias de nuestra parroquia, donde su metrópoli, Bogotá, no pasaba de ser la ciudad ignorante y gris que describe García Márquez en Cien Años de Soledad.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más el precio tuvimos que pagarlo con o sin la experiencia parisina, ya que hay dos cosas que no perdona el canibalismo criollo, el talento y la inteligencia. Entonces encontrar la recreación de un tiempo en que nos burlábamos de lo formal, haciendo mofa de todos los íconos que fortalecían lo que no queríamos ser y en lo que inevitablemente nos convertimos es regocijante, pese a la descarnada mirada que señala nuestra proverbial cobardía. La risa, el humor, la ironía, como máscaras del drama cotidiano. No hay pues como no ser solidario con Román Velásquez, con Beethoven y Ataulfo, integrantes de “Los Son Tin Son Van” que anduvieron una y otra vez el recorrido Odeón-Montparnasse, Montparnase-Odeón a punta de maracas, clarinete y guitarra, pensando que afinaban igual a Eddie Palmieri y su orquesta “La Perfecta”. Antes de entonar: “Todo se derrumbó/dentro de mí,/dentro de mí…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otra parte la novela nos entrega elementos narrativos que inauguran una dinámica propia a una generación que irrumpe sin los referentes canónicos que el auge del Boom había marcado como determinantes en la forma narrativa. Así lo afirma Sonia Truque al comentar la primera edición de la novela, “Un habitante del séptimo cielo, logra codificar de manera propia, un nuevo lenguaje para la literatura colombiana. Haciendo acopio de lecturas muy bien decantadas, el ritmo de la novela recuerda algunos textos de la literatura norteamericana: Salinger, Bukovsky, Miller, que si bien es cierto han encontrado eco en algunos escritores latinoamericanos como Echenique, Rubén Fonseca, en Fabio Martínez logra una dirección nueva entre la desesperanza y el humor, producto de esa vocación sacerdotal por la literatura que lo acompaña siempre”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comentario certero que podemos complementar con unas palabras de su traductor Yves Moñino, escritas para la edición de marzo de 2011, “Debemos al poeta argentino Roberto Juarroz esta gota de luz : «la realidad para ser necesita la imaginación». A nuestra breve e incompleta historia del París imaginado por los escritores y poetas, la relación de las aventuras de Román Velásquez trae una vena picaresca, que desde el Lazarillo de Tormes escenifica antihéroes de condición marginal, quienes ejercen con humor su desenvoltura en sus encuentros con medios sociales muy diversos. Martínez renueva el género al integrarle el legado de los escritores y poetas que asocian lo sublime y lo sórdido: ecos de la alegría vital de Vallès, del spleen de Baudelaire y hasta los de la sed de triunfar de Rastignac resuenan en la exclamación de uno de los compinches de la gallada de la novela, cuyo juego sobre la palabra parís, resume la ciudad soñada del autor: «¡Aquí París o te reventás!».&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Siempre abandonaremos el Séptimo Cielo tarareando la música invencible de la guaracha y el guaguancó. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-5755692487013419659?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/5755692487013419659/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2011/12/entre-la-memoria-y-la-imaginacion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5755692487013419659'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5755692487013419659'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2011/12/entre-la-memoria-y-la-imaginacion.html' title='Entre la memoria y la imaginación'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-cdtEHwCcqSY/TtkiOVDcMKI/AAAAAAAAA0Q/XyDzELRTAQE/s72-c/habitante+del.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-4980309366149058202</id><published>2011-12-02T08:37:00.000-08:00</published><updated>2011-12-02T08:51:51.456-08:00</updated><title type='text'>La invención de la soledad</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;b&gt;Por Cristian Soler&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jimmy Corrigan,&lt;br /&gt;the smartest kid on earth&lt;br /&gt;Chris Ware&lt;br /&gt;Colección Tierra firme&lt;br /&gt;NY, 2003,&lt;br /&gt;Pantheon&lt;br /&gt;380 páginas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-2Ae4ZG0kKkI/Ttj-RaayUpI/AAAAAAAAAzA/7EQ6XCGfaFo/s1600/jimmy_corrigan_the_smartest_kid_on_earth.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="200" src="http://4.bp.blogspot.com/-2Ae4ZG0kKkI/Ttj-RaayUpI/AAAAAAAAAzA/7EQ6XCGfaFo/s200/jimmy_corrigan_the_smartest_kid_on_earth.jpg" width="148" /&gt;&lt;/a&gt;Si bien obras como Watchmen de Alan Moore, que fue catalogada por la revista Time como una de las 100 mejores novelas escritas en inglés después de 1923, o Maus de Art Spiegelman, que ganó en 1992 un premio Pullitzer, han llamado la atención de un público más amplio que aquel que es asiduo lector de cómics, este género aún es bastante ignorado por gente que ve en él sólo un producto de la cultura popular, un producto que puede ser entretenido pero que carece de un contenido profundo. A esta célebre lista se le sumó en el año 2000 el cómic (o novela gráfica, como algunos prefieren llamarlo para darle más estatus a este género) Jimmy Corrigan, the Smartest Kid on Earth de Chris Ware, el cual, como la mayoría de las obras de este género, comenzó a publicarse de manera seriada en una revista hasta que años más tarde fue compilado en un libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jimmy Corrigan es la historia de un hombre de más de treinta años, tímido, solitario y cuyo único contacto con otras personas son las llamadas diarias que hace a su mamá que vive en un ancianato y las pocas palabras que logra cruzar con Peggy, una empleada de la empresa donde él trabaja y con la cual, pese a que ella le gusta, sólo puede sostener una relación estrictamente laboral. Para escapar de su vida monótona y aburrida, Jimmy Corrigan vive una serie de aventuras perdiéndose en los laberintos de su gran imaginación, así, en algunas ocasiones él se transforma en un robot, en otras, se encuentra con un superhéroe que él admira desde su infancia, Súper-man.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su rutina se ve interrumpida, sin embargo, cuando en vísperas del día de Acción de Gracias recibe una carta de su padre, al que nunca ha conocido, informándole que desea verlo en un pueblo de Michigan llamado Waukosha. A partir de ese instante la historia nos muestra el encuentro entre padre e hijo y esas barreras infranqueables que se producen entre los dos. La historia de Jimmy Corrigan se convierte entonces en un reflejo de la condición humana, muestra el aislamiento propio del hombre y como en un juego de espejos nos señala este mismo hecho a través de varios personajes, hasta conducirnos cien años atrás cuando, en medio de la Exposición Mundial de Chicago de 1893, el abuelo de Jimmy Corrigan también es abandonado por su padre.En la “fe de erratas” que Ware coloca una vez se acaba la historia de Jimmy Corrigan escribe lo siguiente: “Comencé a escribir esta historia en 1993 como una caricatura semanal para New City, un diario de Chicago bastante tolerante y comprensivo. Estaba planeada como un ejercicio de improvisación, que no tomaría más de un verano”. Si bien es cierto que la historia se demoró en escribir más de lo que él había calculado y que, aún cuando no lo había planeado, ésta dio el salto de las páginas de un periódico a las de un libro, ese carácter de improvisación se mantiene en todo momento y se refleja en las técnicas narrativas que emplea. Con las fantasías de Jimmy Corrigan y la historia que se mueve en todo momento entre la temporalidad del protagonista y las de los otros personajes, se produce una ruptura de la linealidad narrativa. Sumado a esto, está también el empleo de una técnica narrativa rara vez usada en el cómic: el stream of consciousness, el cual refleja el transcurrir de la conciencia y que en Jimmy Corrigan se presenta mediante el empleo de dibujos y palabras. Así, este libro aparentemente fácil de leer, se convierte en un acto de lectura complejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para estudiosos del cómic como Will Eisner o Scott McCloud el artista ideal de cómic es aquel que no sólo se ocupa de escribir una historia sino que también la dibuja, esto hace que su obra adquiera un carácter más personal y un verdadero valor artístico. En un medio en el que se trabaja con los tiempos y en los que los plazos de entrega son muy cortos, es necesario contratar en la mayoría de los casos a personas que realicen estas tareas de forma separada, mientras unos se encargan de escribir la historia otros la van dibujan y otros se encargan de ponerles color y agregar las letras de los diálogos. En el caso de Jimmy Corrigan, es Chris Ware quien lleva a cabo todas estas tareas, haciendo que su libro adquiera así un verdadero carácter unitario. Sin necesidad de emplear palabras, Ware pone de presente desde un principio esa constante en su historia: la soledad. Para ello, coloca como primera imagen el dibujo de una tierra diminuta en un universo inmenso. También emplea recursos como hojas muertas o pájaros para señalar ese paso irremediable del tiempo. La manera como son dibujados los personajes de Jimmy Corrigan puede recordar la sencillez de dibujantes clásicos de caricaturas como Charles Schulz o Winsor McCay, pero hay también un cuidado especial por los trasfondos donde suceden las historias. Cuando nos encontramos en 1893, presenciando al Chicago de esa época, Ware se dedica a revivir la iconografía de ese momento mediante imágenes que parecen extraídas de fotografías, pero que al mismo tiempo parecen extraídas de un sueño que nunca tuvo lugar. De igual manera, las calles de Waukosha y del Chicago de fines del siglo XX en las que se mueve Jimmy Corrigan, retratan fielmente ese paisaje monótono de los pueblos y los suburbios norteamericanos, ese aislamiento que se hace patente en cada una de sus construcciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-u-TehjMUTRU/Ttj-k-sW1FI/AAAAAAAAAzI/HwC1xABp8Uo/s1600/Jimmy-Corrigan-The-Smartest-Kid-on-Earth-0375714545-L3.jpg"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/-u-TehjMUTRU/Ttj-k-sW1FI/AAAAAAAAAzI/HwC1xABp8Uo/s320/Jimmy-Corrigan-The-Smartest-Kid-on-Earth-0375714545-L3.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jimmy Corrigan, the Smartest Kid on Earth es también un libro consiente de sí mismo, esto se hace patente en el cuidado que hay en cada detalle de la carátula y en el hecho de que se incluya en la contra-portada una guía de instrucciones que “facilitan” su lectura. Mediante esa ironía que le es tan peculiar, Ware se burla de esas distinciones clásicas que se dan entre literatura y otros géneros populares como la ciencia ficción y el cómic, también realza el hecho de que una historia que se comenzó a publicar en periódicos sea presentada como un libro. Para ello, se vale de herramientas como resúmenes, láminas coleccionables y figuras para recortar, que aparentemente buscan ubicar y entretener al lector, pero que en realidad son deconstrucciones de la historia que abren nuevas ramas de lectura e interpretación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el año 2001 Chris Ware ganó gracias a Jimmy Corrigan el premio que el periódico británico The Guardian entrega cada año al mejor nuevo talento literario, así esta obra se convirtió en la primera novela gráfica en ser galardonada con éste. Este hecho es el reconocimiento del valor literario de esta historia, hace evidente que más allá del formato en que se presente es una obra de una gran calidad narrativa, que toca fibras íntimas de la naturaleza humana y que, como todo buen cómic, también es entretenida. Por ello, Jimmy Corrigan nos invita a replantear, o incluso eliminar, esas distinciones tradicionales que se hacen en las academias; aunque se encuentra en medio del cómic y la literatura, no pertenece a ninguna de las dos, por otra parte, el término “novela gráfica”, si bien suena mejor, quizás tampoco le hace suficiente justicia. Lo mejor quizás sería llamar a este libro como lo que es: arte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-4980309366149058202?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/4980309366149058202/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2011/12/la-invencion-de-la-soledad.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/4980309366149058202'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/4980309366149058202'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2011/12/la-invencion-de-la-soledad.html' title='La invención de la soledad'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-2Ae4ZG0kKkI/Ttj-RaayUpI/AAAAAAAAAzA/7EQ6XCGfaFo/s72-c/jimmy_corrigan_the_smartest_kid_on_earth.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-1512680813217734723</id><published>2011-06-15T19:31:00.000-07:00</published><updated>2011-06-16T10:19:17.696-07:00</updated><title type='text'>La nostalgia de la tortura</title><content type='html'>&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(51, 51, 51); font-family: Georgia, 'Times New Roman', Times, serif; line-height: 16px; "&gt;&lt;div style="display: inline !important; "&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(51, 51, 51); font-family: Georgia, 'Times New Roman', Times, serif; line-height: 16px; "&gt;Por R.H Moreno-Durán*&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(51, 51, 51); font-family: Georgia, 'Times New Roman', Times, serif; line-height: 16px; "&gt;&lt;div style="font-size: medium; font-weight: bold; "&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(51, 51, 51); font-family: Georgia, 'Times New Roman', Times, serif; line-height: 16px; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-size: medium; font-weight: bold; "&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(51, 51, 51); font-family: Georgia, 'Times New Roman', Times, serif; line-height: 16px; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El jardín de los suplicios&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(51, 51, 51); font-family: Georgia, 'Times New Roman', Times, serif; line-height: 16px; "&gt;Octave Mirbeau&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 16px; "&gt;Editorial Impedimenta&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 16px; "&gt;España, 2010&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 16px; "&gt;230 páginas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 11px; line-height: 16px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/-0lTt12Te5uA/TflsazP1AvI/AAAAAAAAAyM/LFrjb6TFzz8/s200/arton1379.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 132px; height: 200px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5618641217810399986" /&gt;&lt;p style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; line-height: 20px; "&gt;En el último año del siglo, Octave Mirbeau ofrece uno de los textos más extravagantes y perversos que haya producido el naturalismo en su tendencia decadentista. El horror, más que lo feo o lo satánico, es la materia prima de &lt;i&gt;El jardín de los suplicios&lt;/i&gt;, la novela que, a través de una mezcla de agonía y placer, traza un vínculo dialéctico entre los intereses del verdugo y los de la víctima. Una aguda introspección sobre los mecanismos psicológicos y morales que, para sorpresa de almas pías, esconde la condición humana.&lt;/p&gt;&lt;p style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; line-height: 20px; "&gt;El hombre que en el puerto de Marsella se embarca en el&lt;i&gt;Eagholien&lt;/i&gt; rumbo a Ceilán, nunca se imaginó lo que su suerte de cautivo le iba a revelar sobre sí mismo en esas regiones que él llama "lo desconocido de las embriologías fabulosas''. Todo su mundo, hasta ahora, en el presente del relato, ha funcionado en torno a interpretaciones galantes que extiende incluso a su visión sobre la naturaleza. Para él, un cocotero no es lo que afirman los naturalistas: sencillamente es un árbol que da &lt;i&gt;coccottes&lt;/i&gt;. "No me gustan los árboles más que con arreglo a esta clasificación parisiense'', dice este competidor mundano de Linneo.&lt;/p&gt;&lt;p style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; line-height: 20px; "&gt;Miss Clara, una rubia inglesa, lo seduce durante la travesía, y el científico cree haber encontrado por fin el amor. Se habla durante el viaje de técnicas de antropofagia y se explica por qué razón los negros no son comestibles y cómo en algunos casos son incluso venenosos. Clara y el naturalista se hacen amantes y ella lo convence para que se instalen en sus propiedades de Cantón. La mayor diversión, en medio del marasmo erótico en que Clara lo sume, es dar de comer a los prisioneros chinos. Y con el inenarrable horror de un rito colectivo que alimenta a los reclusos con toda clase de inmundicias y que, en realidad, alimenta los instintos pervertidos de quienes hacen la ofrenda, el narrador descubre parte de la naturaleza humana más recóndita de su amada: "¿Es natural que busques la voluptuosidad en la podredumbre y vengas aquí a exaltar tus deseos con horribles espectáculos de dolor y muerte? ¿No es, por el contrario, una perversión de esta naturaleza, cuyo culto proclamas, para excusar, quizá, lo que hay de criminal y monstruoso en tus sensualidades?'' La larga pregunta del naturalista obtiene sólo una lacónica pero contundente respuesta de Clara: "La podredumbre es la eterna resurrección de la vida...''&lt;/p&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/-bUeKxyc4Y4U/Tfo6lIroW0I/AAAAAAAAAyo/LrHFtePU4j4/s200/_arte01_e252b942.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 164px; height: 200px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5618867894758169410" /&gt;&lt;p style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; line-height: 20px; "&gt;Se abre a continuación espacio para evocar la más impresionante antología de torturas chinas, como el &lt;i&gt;suplicio de la caricia&lt;/i&gt; a que fue condenado un hombre que violó a su madre y luego le abrió el vientre de una cuchillada. El suplicio consiste en una minuciosa y delicada masturbación a que una mujer somete durante cuatro horas a un hombre, hasta que éste expira tras lanzar por el miembro un chorro de sangre que empapa el rostro de la diligente acariciadora. Y en medio de otras torturas sin nombre se abre paso, en el centro del enorme presidio, el Jardín de los Suplicios, cuya característica más notable es la del "exquisito atractivo de hermanar los suplicios con... la horticultura, la sangre y la flora''. El jardín ha sido cantado, entre otros, por Robert de Montesquieu, el personaje en el que se inspiró Huysmans para crear al Des Esseintes de &lt;i&gt;Al revés&lt;/i&gt;, no por casualidad un refinado sujeto que dedica ingentes esfuerzos y dinero para conformar el más exquisito de los invernaderos. También Proust se apoyó en la personalidad atípica de Montesquieu para conformar a su Barón de Charlus, con lo cual se fija una filiación decadentista por vías de la ficción.&lt;/p&gt;&lt;p style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; line-height: 20px; "&gt;Lección de alta horticultura es la que ofrece el narrador al describir cada una de las especies del orbe botánico que recorre en compañía de su amada, y donde se dan cita todas las sugestiones estéticas, odorantes y eróticas que pueda alguien imaginar, algo que habría hecho las delicias de Des Esseintes y su devoción por el carácter siniestro de la voluptuosidad y la belleza. "Por un refinamiento diabólico, enredábanse a los fustos de aquellas columnas de suplicio calistegias pubescentes, ipomeas de Dauria, lofospermos, coliquintidas, clemátides y astragenos... Escondidos entre las hojas de esas plantas, entonaban los pájaros canciones de amor.'' Y en medio de semejante edén, florecen las confesiones del verdugo: a un condenado, le quitó la piel dejándosela sujeta a los hombros por dos eficaces ojales y luego lo obligó a andar. El día anterior, convirtió a un hombre en una mujer gracias a una ingeniosa cirugía. El verdugo se lamenta de que otras culturas carentes de refinamiento e imaginación hayan afeado el arte de la muerte. La decadencia de la tortura es impresionante, y a su juicio la culpa la tienen Occidente y el progreso, pues ambos han hecho que la muerte sea ``colectiva, administrativa y burocrática''. La muerte, ejercida con arte por el verdugo, es una lección de refinamiento y sensibilidad: se trata de ``extraer la máxima cantidad de dolor con prodigiosos procedimientos que comprimen a esa carne contra el fondo de sus tinieblas y de sus misterios...'' Y tal arte sólo sobrevive en el ámbito del Jardín, donde el verdugo describe con orgullo su invento más original -el suplicio de la rata- y el significado sexualmente ávido de las flores. &lt;/p&gt;&lt;p style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; line-height: 20px; "&gt;Obesionada por la muerte y la podredumbre, Clara se funde en una escatología sin límites y el narrador, su amante, siente asco y temor e incluso desea matarla, aunque se contiene, pues sabe que así daría satisfacción a lo que la mujer más ansía. En cualquier caso, la vida del narrador ha cambiado por completo y su propia dedicación como naturalista le ha revelado el aspecto más sombrío de la realidad: no la siniestra realidad de flores y plantas carnívoras y obscenas, que él por su profesión conoce, sino la monstruosa botánica del alma humana, con sus ramificaciones e inflorescencias, mucho más tenebrosas que las que décadas atrás dio a conocer Baudelaire, el pontífice máximo de las liturgias decadentistas.&lt;/p&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/-V4vIU909EDg/Tfo6scw07oI/AAAAAAAAAyw/OtWzOpIlAiM/s200/MirbeauTortureGarden01.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 128px; height: 200px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5618868020407758466" /&gt;&lt;p style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; line-height: 20px; "&gt;&lt;i&gt;El jardín de los suplicios&lt;/i&gt; no es más que la prosaica amplificación de lo que con "lujo, calma y voluptuosidad'' reveló el autor de &lt;i&gt;Las flores del mal&lt;/i&gt;: el lado menos atrayente, aunque profundamente perturbador, de la condición humana. Al socaire de la fealdad y de hábitos poco excusados, el artista persevera en la búsqueda de una belleza inmortal, a partir, precisamente, de los límites de la podredumbre y la muerte. En una sociedad tan hipócrita y mezquina como la burguesa, sólo el artista es capaz de comprender la tristeza del verdugo, cuyo oficio ha sido despojado de la admiración y grandeza que antaño despertaba su trabajo de orfebre sobre la carne y sensibilidad humanas. Extraer dolor con el máximo de los refinamientos era algo tan importante como hallar la clave que permite el acceso al infinito desván de la voluptuosidad y el goce. Es el otro sentido de la palabra pasión, donde muerte y transfiguración se funden. Lo mismo ha sucedido con la vida: so pretexto de bucear en la fealdad, las sensaciones han revelado espacios psicológicos inéditos y han multiplicado hasta el infinito las posibilidades de la belleza y la imaginación. Y ahí radica, paradójicamente, el drama de la estética decadentista: al vislumbrar orbes insólitos en el alma humana zanjan la posibilidad de ir más allá del brillo efímero de sensaciones que nunca se repiten. Su virtud es la del relámpago y su única gloria la de un recuerdo sin alternativas ni futuro. Como el suplicio masturbatorio de la novela de Mirbeau, el arte decadentista es un solipsismo del cual es preciso huir para poder compartir la aventura múltiple de la vida y el arte. ¿Huir? No es preciso viajar hasta la China para ``gozar a mi amigo en el jardín''. La verdadera fuga se hace siempre hacia el fondo de uno mismo y por eso, a nombre de una nueva definición del exotismo -la del viaje interior, frente al nomadismo de los grandes aventureros del siglo que muere-, el personaje de Mirbeau enfila sus proas hacia el insondable oceano que fascinó a Lautrémont: las aguas procelosas de nuestra condición, voluble y cruel. No es pues la geografía ni las antípodas lo que le interesa, pues sabe muy bien que "llegar a un punto cualquiera es morir''. Por eso, un año después de la publicación de &lt;i&gt;El jardín de los suplicios&lt;/i&gt;, Mirbeau pliega sus velas y se encierra entre las páginas nada saludables de &lt;i&gt;Le journal d'une femme de chambre&lt;/i&gt; donde el intimismo se convierte en el ámbito ideal para ventilar las compulsiones más oscuras de una sensualidad que no varía con el siglo que este libro inaugura. Bisagra elocuente, el autor de &lt;i&gt;Los asuntos son los asuntos&lt;/i&gt;, apoyándose en lo que la crítica llamó "anarquismo moral y estético'' al referirse a su obra, cierra el siglo XIX con las torturas de su jardín e inaugura el XX con las salaces confidencias de quien mejor conoce la intimidad burguesa: la criada que sirve pero también es objeto de la tórrida devoción de su señor.&lt;/p&gt;&lt;p style="color: rgb(51, 51, 51); font-size: 13px; line-height: 20px; "&gt;________________&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 20px;"&gt;*El presente texto fue escrito para nuestro medio por el escritor colombiano R. H. Moreno-Durán (&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: arial, sans-serif; line-height: 15px; font-size: small; "&gt;1945 -  2005)&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(51, 51, 51); line-height: 20px; font-size: small; "&gt; y se publicó &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(51, 51, 51); line-height: 20px; font-size: small; "&gt;en primera instancia &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(51, 51, 51); line-height: 20px; font-size: small; "&gt;en2001 por la ya desaparecida &lt;i&gt;Revista Artificios,&lt;/i&gt; órgano de difusión literaria del que nace el proyecto Periódico de Libros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-1512680813217734723?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/1512680813217734723/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2011/06/la-nostalgia-de-la-tortura.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/1512680813217734723'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/1512680813217734723'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2011/06/la-nostalgia-de-la-tortura.html' title='La nostalgia de la tortura'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-0lTt12Te5uA/TflsazP1AvI/AAAAAAAAAyM/LFrjb6TFzz8/s72-c/arton1379.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-5895930779827994303</id><published>2011-05-17T08:53:00.000-07:00</published><updated>2011-05-17T09:37:05.788-07:00</updated><title type='text'>La censura como para-Estado</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;Por Celedonio Orjuela Duarte&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;div&gt;Sobre la censura&lt;/div&gt;&lt;div&gt;J.M. Coetzee&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Debate - Mondadori&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Bogota, 2011&lt;/div&gt;&lt;div&gt;352 páginas&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/-S1uCKzETa5M/TdKapz386tI/AAAAAAAAAw8/PuQ2KlXwCFE/s200/coetzee.php" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 130px; height: 200px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5607714529119890130" /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En los últimos años, la academia sueca ha dado prioridad a pensadores que, unos desde sus trincheras académicas y otros desde el exilio, han venido denunciando, a través de sus novelas, ensayos y en algunos contados casos desde la poesía (1), el malestar que ocultaron los países regidos por el stalinismo. Algunos de ellos militantes de izquierda, indagaron en su momento en el fondo  de los regímenes totalitarios develando la persecución al pensamiento y a la crítica endógena y exógena –permítasenos esta expresión que viene de los economistas–  que conlleva el malestar de la censura. Esta reinterpretación de los Estados después del colapso de la revolución rusa puso al descubierto la presión a la que los artistas y pensadores se vieron sometidos. Para los académicos suecos, ha sido una constante en los últimos años reconocer este tipo de creadores. Una ley escrita en los anales del Nobel recomienda que los premios deben ser entregados exclusivamente en atención al mérito del galardonado, olvidando detalles como el de su país de procedencia. Lo aclara el filántropo sueco en su ya famoso testamento:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;blockquote style="text-align: justify;"&gt;Es mi expreso deseo que, al otorgar los premios, no se tenga en consideración la nacionalidad de los candidatos, sino que sean los más merecedores los que reciban el premio, sean escandinavos o no.&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En esta línea de galardonados se encuentra el sudafricano John Maxwel Coetzee, premio Nobel 2003, quien, aparte de ser un prestigioso novelista, es uno de los más rigurosos ensayistas y críticos en la actualidad. De ello dan cuenta sus libros Costas extrañas, Doblando el cabo, Mecanismos internos, Contra la censura, ensayos sobre la pasión de silenciar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los ensayos reunidos en este último libro constituyen una tentativa de comprender el silenciamiento y censura a los cuales es proclive cualquier forma de poder. El sondeo lo hace el autor desde una perspectiva histórico-sociológica. Por eso la censura muda de piel de acuerdo a los intereses de los gobernantes de turno que la han inventado mediante constituciones palaciegas como aparatos paralelos que vigilen la conducta de sus gobernados.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/-zFBDlJRJoeA/TdKavI5Ye5I/AAAAAAAAAxE/-lj7q4GwAu0/s200/Alexandr_Solzhenitsin.jpg" style="text-align: justify;float: left; margin-top: 0px; margin-right: 10px; margin-bottom: 10px; margin-left: 0px; cursor: pointer; width: 147px; height: 200px; " border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5607714620662381458" /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Coetzee inicia sus reflexiones sobre un tema actual que más que debatido ha sido excomulgado por los moralizadores del establecimiento, la pornografía. Sobre este tema se ocupa en dos sendos ensayos “El amante de Lady Chatterley: el estigma de lo pornográfico” y “Los años de la pornografía: Catharine  Mackinnon”. En el primero, el investigador hace un recorrido a  través del erotismo, D. H. Lawrence quien hizo una despiadada crítica de la sociedad de su tiempo con la novela El amante de lady Chatterley, que provocó un tremendo escándalo, llevada en numerosas ocasiones al cine. Cuando su marido queda incapacitado en la I Guerra Mundial, Lady Chatterley empieza un cálido romance con el jardinero. En sus relaciones sexuales la sodomiza y le enseña un lenguaje “vulgar”. Esto escandaliza a los guardianes de la moral, no fueron sólo las urgentes y minuciosas descripciones eróticas, sino sobre todo la transgresión de los tabúes sociales. Lo peor no era precisamente que Lady Chatterly le fuera infiel a su marido entre los matorrales, sino que el objeto de sus pulsiones sexuales era un obrero de su casa de campo: “Si supiese que el obrero se había acostado con ella y le hablaba con aquel acento plebeyo, (…) la detestaría”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Este modelo literario que toma Coetzee para hablarnos acerca de aquello que es tomado por erotismo o pornografía. La novela de D. H. Lawrence, no podemos calificarla de pornográfica, es apenas una novela erótica que abre el pensamiento inglés y universal con el rompimiento de los tabúes sexuales  que predominaban y predominan en algunas sociedades  lo erótico y lo pornográfico. Lo dice así el ensayista: &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;blockquote style="text-align: justify;"&gt;El juicio y absolución de El amante de Lady Chatterley se considera a menudo un acontecimiento: una liberación pública de fuerza sexual contenida que marcó el comienzo de la nueva y luminosa década de 1960.&lt;/blockquote&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el segundo ensayo, Coetzee se centra en mostrarnos el debate que genera la pornografía en cuanto que enfatiza los errores que cometen ciertos movimientos feministas, al hablar de sus reivindicaciones, desde el punto de vista meramente político y olvidan los matices que implica la sexualidad, por eso el ensayo se centra en los trabajos teóricos y falencias por su visión sesgada, de la dirigente feminista norteamericana Catharine Mackinnon (2).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El análisis feminista prioriza los tabúes viéndolos como dispositivos estructurales que sostienen la cultura  (creada por los hombres), dichos tabúes pierden el control  sobre la gente, y la cultura de dominación que respaldan resulta socavado. Ello explica por qué hay que invertir gran cantidad de recursos en mantener viva la idea de lo que es un tabú. Por tanto, el analista observa a través de  las expresiones populares de las últimas décadas de qué manera el sexo es cada vez más explícito:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;blockquote style="text-align: justify;"&gt;Los intereses y deseos de los seres humanos son muchas veces más complejos, enrevesados, inescrutables y opacos para sus sujetos de lo que ella parece admitir; la oposición que elabora entre intereses masculinos y femeninos está simplificada hasta el extremo de la caricatura. Sin embargo, resulta difícil no quedar impresionado o incluso resultar arrastrado por el brío, el empuje y la energía a veces temeraria de su ataque.&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El autor nos recuerda que hay dos negocios de la industria moderna, el uno se encarga de señalar el tabú a través del signo (el anuncio publicitario), el otro da (el cine pornográfico). Coetzee sugiere un estudio más amplio alrededor del discurso feminista esto es, un análisis sobre la reivindicación de los derechos de las mujeres más allá del examen meramente político. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En los ensayos: “Osip Mandelstam y la Oda a Stalin”, al igual que “Cesura y Polémica: Solzhenitsin”, el sudafricano se dedica a indagar en el papel de los censores de la era stalinista a partir de dos celebridades de la literatura  y otras figuras de la estética rusa. De paso nos muestra cuán nocivo fue la creación de esa suerte de para-Estado llamada Unión Nacional de Escritores, encargada de vigilar las plumas que no loaban al dictador como le ocurrió al menos genuflexo de los escritores rusos: Aleksandr Solzhenitsyn. Luego de haber pertenecido a la Unión Nacional de Escritores Soviéticos, es expulsado de ella hacia 1969 debido a sus constantes ataques a la burocracia que empezaba a consumirla, más odiosa según él que la propia burocracia del partido. Al recibir el premio Nobel en 1970 se negó a ir a recogerlo si no se le garantizaba el regreso a la URSS. En el caso de Mandelstam, es perseguido por el dictador por haber osado escribir un epigrama en el que retrata su figura con versos como estos: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Forja decretos como herraduras; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;decretos y decretos: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;a este le da en los huevos, &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;a ese en la frente,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A aquel entre los ojos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Siempre que tiene una víctima, &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;se regocija como un georgiano &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;de pecho recio masticando una frambuesa.  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde la época de los zares en Rusia se han creado organismos para-Estatales que dan cuenta de la actividad de los pensadores y artistas rusos, por tal motivo Nicolas I, creó la Tercera Sección para hacer seguimiento casi paranoico a sus opositores. Stalin empleó el mismo organismo, pero esta vez lo llamó Unión Nacional de Escritores Rusos dedicados a perseguir a quienes no le rindieran culto a su personalidad. En el caso de Mandelstam, Stalin, a través de la Unión, obligó al poeta a escribir tres odas laudatorias. Su esposa, Nadiezhada Mandelstam, ve el sometimiento ante Stalin de esta manera: “Se les cortó la lengua y se les obligó a glorificar al tirano con el muñón que les quedaba”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el texto “Zbigniew Herbert y la figura del Censor”, explora más el papel de estados satélites del stalinismo, en este caso Polonia, donde era prohibido leer figuras emblemáticas como Czeslaw Milosz, premio Nobel en 1980, y de quien no se podía hacer mención sin la aprobación previa y específica del ministerio; en los medios de comunicación populares (radio, televisión, prensa) tenían que ser totales. Zbigniew Herbert tenía 24 años cuando los comunistas tomaron el poder en Polonia. El partido esperaba que los escritores fueran, según la frase de Stalin, “ingenieros del alma humana”, Herber abandonó la Unión de Escritores y se replegó en el silencio, como lo hicieron muchos escritores  polacos y demás artistas de países epígonos del stalinismo. Sobre la poética de Zbigniew reflexiona así Coetzee: &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Comienzo con un poema que tiene todo el aspecto de ser una declaración antisoviética envuelta en una alegoría para engañar al lerdo censor. La situación  dramática de “ A Marco Aurelio”, es común Herbert. Quien habla, representante de un orden moribundo que espera la invasión de los bárbaros (“terror terror oscuro y continuo/ contra el frágil país humano”) se dirige a Marco Aurelio: “Dame la mano a través de la oscuridad”, dice. El poema, pues, trata de la solidaridad, y evoca específicamente la solidaridad entre compañeros que se enfrentan a la extinción.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;Erasmo: locura y rivalidad&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como nos lo sugiere el título de este ensayo, lo que pretende Coetzee es mostrarnos la forma en la que, a partir de El elogio de la estupidez –obra de erasmo–, (como en verdad debe traducirse su título por estar más cerca del latín y de su contenido y no Elogio de la locura), viene a ser una visión crítica de las ambiciones del hombre por fuera de los los bandos. Para la época de Erasmo, la disidencia luterana y el papado.Dice Erasmo: “Resulta extraño ver como dos facciones se provocan mutuamente como si estuvieran en connivencia”. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En estos debates, Erasmo nunca tomó partido pues consideraba que no siempre era cuestión de hacerse a un aliado, muchas veces se trataba de elegir un enemigo. “Rey de los anfibios”, lo llamó Lutero. El elogio de la estupidez –apunta Coetzee– esboza la posibilidad de una posición del crítico del ambito de la rivalidad política que no sólo sea imparcial entre los rivales, sino que también esté, por su propia definición, completamente fuera del escenario de la confrontación: una no posición. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Erasmo muestra su mayor lucidez al exponer la dinámica de la rivalidad, en esta confrontación la estupidez termina por constiturse en la mayor astucia y habilidad al eludir los violentos imperativos de la misma. En la época actual la explicación más clara sobre este tipo de rivalidad ha sido la planteada por René Girard. Coetzee no pretende convertir a Erasmo en el marco del proyecto de Girard –o en un Foucault– y aún menos en incluir por la fuerza a estos, junto a Lacan, en una supuesta escuela de Erasmo. Dice Coetzee:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;blockquote style="text-align: justify;"&gt;Al interpretar a Erasmo a ‘la luz’ de las teorías de nuestra época, simplemente “aspiro a hacer visibles, razgos del Elogio de la estupidez que talvez hayan quedado ensombrecidos hasta el presente.&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nos recuerda Coetzee que en la década de los sesenta se lanzó un ataque contra los sectores dominantes de la psiquiatría en nombre de la locura y los derechos de la misma. Quien más teorizó sobre el particular fue Michel Foucault quien sitúa su crítica del manicomio en un contexto histórico y filosofico. La denuncia del pensador francés consiste en poner de manifiesto la razón a la locura en la que sustenta una posición meramente política. Coetzee dice: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una oposición de rivales situados en el mismo plano, uno de los cuales ha silenciado y reprimido al otro. Derrida, desde el estudio del lenguaje y Lacan desde el despojo del sujeto, un sujeto que se supone que sabe pero que está enajenado, para ello recurre a los poetas;  desde allí argumenta que no es necesario que este sepa lo que está haciendo y con ello nos recuerda a Freud quien siempre rechazó la interpretación del arte.&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;Explanación&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Luego de la lectura de este estupendo libro, entendemos que la verdadera crítica sigue vigente, no es el caso de Colombia en donde parece que ha  muerto y su lugar lo ocupa la pasarela. En Coetzee los temas que aborda, es  una reflexión seria y argumentativa de una prosa en la que sale a flote sus dotes de escritor. Es el resultado de un largo estudio sobre el tema, a quien por demás lo tocó de cerca el objeto de estudio de este libro en su propio país. Los ensayos tienen un hilo conductor que genera una atmosfera que los liga de alguna manera,  es lo suficientemente argumentado, como observábamos al principio de estas notas,  deja ver la erudición de Coetzee con una acentuación propia de su estilo en la articulación de su pensamiento, a pesar de tener una unidad independiente, nos deja un aroma de lo que desarrollará más adelante, de un pensador incisivo, con el suficiente sustento teórico para abordar el contenido de este libro, desde distintos ángulos que preocupan al hombre de hoy. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El analista le propone al lector  que mire con cuidado el caso del apartheid y los casossubir. André Brink (1935), quien escribe  tanto en afrikáans como en  inglés. Durante la década de 1960 él y Breyten Breytenbach figuras claves en el movimiento literario en idioma afrikáans conocido como Die Sestigers. Estos escritores se caracterizaban en usar el afrikaans como lenguaje para hablar contra el apartheid, y además para traer a la literatura en afrikaans la influencia de las literaturas inglesa y francesa contemporánea. Lo importante de Coetzee es que no se queda en el solo hecho de denunciar, pone el dedo en la llaga de los organismos y teóricos de la censura como el caso de Geoffrey Cronjé, un sociólogo reaccionario que entre 1945 y 1948, sienta las bases ideológicas de lo que sería la segregación racial.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El autor sienta una posición  respecto a la censura fuera del tejido de la política. Incurre más en el rol del interventor que en los procedimientos de censura. En sus reflexiones sugiere una distancia (‘Erasmiana’) en cuanto a no querer tomar partido en contra de la censura, lo que realmente lo ocupa es ahondar en un tema de por sí complejo, pero visto de una manera desapasionada, como corresponde a un analista de su talante. No le interesa hacer juegos morales o blasfemos como el caso de Salman Rushdie. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para Coetzee la función del censor es descubrir “lo comprometido”, lo no permitido en política. Por tanto, el censor se erige como una amenaza para el hostigado (el artista) a quien se le impide su libertad creativa. Por tal motivo, el novelista nos recuerda que los estados dictatoriales son los más paranoicos: cada ciudadano es para el otro un espía o un saboteador. Sobre la situación de esta encrucijada de los Estados paranoicos, observa como el reciente premio Nobel Mario Vargas Llosa, ve con desdén o soberbia esta situación, dice Vargas Llosa: “La insumisión congénita de la literatura es mucho más amplia de lo que creen quienes la consideran un simple instrumento para oponerse a gobiernos y estructuras sociales dominantes: [ataca por igual a todo] significa dogma y exclusivismo lógico en la interpretación de la vida, es decir, tanto a las ortodoxias como a las heterodoxias ideológicas. Dicho de otro modo, es una contradicción viviente, sistémica e inevitable de todo lo que existe”, sobre esta desfachatez conceptual, mal intencionada, responde Coetzee:  &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;blockquote style="text-align: justify;"&gt;La maniobra ejecutada en este texto por Vargas Llosa – a saber, desplazar su propia oposición a un terreno lógico situado a un nivel por encima de la batalla política a ras de suelo- supone que el escritor ocupa una posición que simultáneamente se mantiene fuera de la política, rivaliza con la política y domina la política. Por su soberbia, esta pretensión resulta considerablemente marlowiana; por más que sea de manera  involuntaria, sugiere que el riesgo que corre el escritor como héroe es el riesgo de la megalomanía.&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En estos densos ensayos, a propósito de los cambios ocurridos en Sudáfrica en 1990 con la aparición del internet y otras formas de comunicación, se produce un colapso  en los  sistemas de censura de la Unión Soviética y de los países de Europa oriental (acontecimientos que han dado un giro imprevisto en los últimos años). Coetzee señala que se ha ido disipando el beneplácito liberal sobre la libertad de expresión que había sido el encargado de ligar a los intelectuales occidentales. En la década de los ochenta, el juicio que prevalecía era el de restringir en lo posible el concepto de libertad. Por tanto la censura oficial se había desacreditado, ya no era vista como el  puntal de un aparato poderoso, sino todo lo contrario fue mostrando una inmensa debilidad. Si algunas manifestaciones de la libre expresión resultaban desafortunadas, pues eso era parte del costo que suponía la libertad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por otra parte, en el plano individual, lo más peligroso es la autocensura. Dice Coetzee: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una vez la censura se ha establecido como régimen de escritura y lectura, cabe esperar de los escritores que o bien se regulen a sí mismos o bien, rechazando las reglas se coloquen fuera de la ley, muchos de ellos deciden guardar silencio o escribir para el escritorio, es decir, bajo la censura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Coetzee cita a Danilo Kiš (1935-1939). De madre montenegrina y padre judío, en su infancia vio el horror de la muerte y la guerra en su estancia junto a su familia en la ciudad de Novi Sad, donde se produjo la masacre de judíos y serbios a manos de fascistas húngaros, durante la Segunda Guerra Mundial. En 1944 su padre fue asesinado en Auschwitz. Gracias a la Cruz Roja, en 1947 es repatriado a Montenegro y más tarde a Belgrado. Posteriormente viaja a París, dónde publica su primer libro que incluye La Buhardilla y Salmo 44, en 1962. Más adelante aparecen obras como Poetika (1975), Una tumba para Boris Davidovich (1976), piedra de escándalo en la ex-Yugoslavia y La enciclopedia de los muertos (1983). En 1979 se traslada definitivamente a Francia, ejerciendo la docencia en la Universidad de Lille. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Danilo Kiš tradujo además autores como Baudelaire, Verlaine, Anna Ajmatova o Aleksandr Blok. Con su muerte, el 15 de octubre de 1989, se cortó súbitamente uno de los viajes literarios más importantes jamás hechos por algún escritor en la segunda mitad del siglo XX. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La consistencia, la destilación y el nivel de la argumentación piden un lector avisado con el fluir de los pensadores de las últimas décadas, llámese Derrida, Foucault, Girard, por nombrar apenas algunos de los que enriquecen el pensamiento del Nobel sudafricano, de quien por igual sobresale su perspicaz forma de visitar la obra de sus ‘colegas’ escritores, como puede verse en su libro Mecanismos internos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;___________________&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;1 &lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Sobresalen entre aquellos autores Nobel abrigados por la poesía nombres como Derek &lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Walcott (Santa Lucía, 1992), Seamus Heaney (Irlanda, 1995), Wislawa Szymborska &lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;(Polonía, 1996), y más recientemente Herta Muller (Rumanía 2009).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;2 &lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Catharine Mackinnon (1946) es académica y abogada. Ha ejercido, junto a Andrea Dworkin, &lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;una muy cuestionada campaña contra la pornografía –‘Anti-porn feminism’–. Para &lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Mackinnon, ésta viola los derechos civiles de la mujer y la lleva a ser víctima de violencia &lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;sexual y violación. “El coito heterosexual es una forma de dominación masculina que debe &lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;ser totalmente reformulado de manera que no resulte perjudicial para las mujeres”. Otra &lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;perla. Robin Morgan,  feminista, escritora y poeta estadounidense, pontifica así: “La &lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;pornografía es la teoría, la violación es la práctica”.&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-5895930779827994303?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/5895930779827994303/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2011/05/la-censura-como-para-estado.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5895930779827994303'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5895930779827994303'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2011/05/la-censura-como-para-estado.html' title='La censura como para-Estado'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-S1uCKzETa5M/TdKapz386tI/AAAAAAAAAw8/PuQ2KlXwCFE/s72-c/coetzee.php' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-8360053711689997963</id><published>2011-04-13T13:28:00.001-07:00</published><updated>2011-04-13T16:17:35.511-07:00</updated><title type='text'>Memorias desde el desasosiego</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;Por William Beltrán*&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;Libro del desasosiego&lt;img src="http://www.blogger.com/img/blank.gif" alt="Color del texto" border="0" class="gl_color_fg" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Fernando Pessoa&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Trád. Perfecto E. Cuadrado&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Acantilado,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Marzo 2007.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;608 págs.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/-IK1G6pQ1BjA/TaYMepRi7bI/AAAAAAAAAws/_FCgj97JTNU/s200/desa2.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 126px; height: 200px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5595173307669474738" /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Este breviario de Fernando Pessoa (Lisboa 1888-1935) fue iniciado, según crónicas, en 1914. La primera traducción al castellano estuvo a cargo de Ángel Crespo (Seix-Barral, 1982).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La presente edición de Acantilado -en cambio-, tiene una traducción de Perfecto E. Cuadrado que se basa en la edición portuguesa de Assírio &amp;amp; Alvim, 2006, dirigida por Richard Zenith. Zenith habla de un soñador y un libro de sueños, pero el soñador Pessoa que recorre éstas páginas puede no ser un sólo Pessoa o podría serlo de forma mutilada, fragmentaria y subsidiaria. Pues como es sabido su obra heterónima expresa de manera inusitada y no de manera unívoca, un constante devaneo y una pugna fébril de un “yo” múltiple o diferido presente en una animosidad de la controversia entre los diversos escritos firmados en primera persona y las variopintas voces de Alberto Caeiro, Ricardo Reis* y Alvaro Campos (principales heterónimos) o C. Pacheco. Tal digresión, adopta junto a estos "alter egos" seudónimos que podían, o bien ser francamente antagónicos; o bien, fragmentos de su propia personalidad. Así sucede particularmente en los casos de Antonio Mora (adjunto filósofo), el Barón de Teive y  Bernardo Soares (ayudante de tenedor de libros en la ciudad de Lisboa). No hay pues, como argumento, un sólo Pessoa, sino que en él toman fuerza cuando menos seis o siete voces heterónimas o semi-heterónimas respecto a las cuáles escribió:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;blockquote&gt;“No sé quien soy, qué alma tengo… no sé con qué sinceridad hablo, mi eterna atención sobre mí perpetuamente apunta traiciones de alma a un carácter que tal vez no tenga …construí dentro de mí varios personajes distintos entre sí y de mí…simplemente hay que leerlos como están, que es por cierto como hay que leer”.&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/-B2QFPWKLiio/TaYPLoPZGeI/AAAAAAAAAw0/OzbxfUbrQGY/s200/Pessoa.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 114px; height: 200px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5595176279509375458" /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es en este contexto que conviene llamar a Fernando Pessoa "crítico". La multiplicidad heterónima es perspectiva de su labor como escritor. Su preocupación estética hace emerger esa ambigüedad del entendimiento de la propia actividad, frente a la poiesis (entendida como creación en el sentido griego). Adoptada además bajo la forma ritual de la máscara. Esta actitud construye, crea y desarrolla una vivencia múltiple o simultánea de su voz poética, ya no sólo en el propio poema/obra autónomo, sino mediante otras "poéticas" singulares que son voces dispares o diferidas de la fuente de la que provienen. Esto es sui generis y constituye una de las características más complejas de su obra literaria.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sabemos -paradójicamente- por sus escritos, que el valor que da a la consciencia es el menor posible en favor de la sensación. El desdoblamiento de sus heterónimos es, aunque con cierta autonomía, un acto consciente por escuchar [para decirlo con mis palabras]: "a ese ángel bufón que se [le] esconde cada noche bajo las cobijas". Por eso manifiesta: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;blockquote&gt;[… "cuando hablo con sinceridad no sé con qué sinceridad hablo. Soy diversamente otro que un yo que no sé si existe ([ò] si es de otros"], un ejemplo lancinante de la ambigüedad del "yo" que ya Göethe precognizó en Faustus cuando dijo "hay latiendo dos almas en mi pecho".&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En cuanto a la obra Libro del desasosiego se aclara en el apéndice que pudo no ser escrito incluso por Bernardo Soares, sino por Vicente Guedes. Pudo -así mismo- titularse de otra forma: En la floresta de la enajenación; y también son pertinentes las notas que aclaran que, en cuanto a su orden parece ser que Pessoa no dejó claridad sobre la concatenación. Formalmente, el libro es entonces, en su estructura, una interpretación. La recopilación de los fragmentos fue organizada por Zenith de acuerdo a un cierto orden temático más o menos arbitrario, que él mismo reconoce debe ser leído como cada lector quiera.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Soares podría ser divergente en la convergencia, esa es una de las posibilidades que la escritura aforística ofrece, una posibilidad que riñe con lo sistemático. Más importante que la fragmentación del hilo argumentativo/narrativo, puede ser la posibilidad que se abre a que la contradicción sea (como en este libro) una forma del pensamiento y un discurrir del sentimiento en constante devaneo y polémos. El escritor es firme y su obsesión impele que la lucha se establezca no para un afuera, sino en la propia obra de manera inmanente, de forma que cercene una pretendida unidad. La capacidad estructural rinde pleitesía a una urgencia inapelable del ejercicio de escribir. (No es gratuito por ejemplo que, Gracián, Montaigne, Lope, Schopenhauer, Nietzsche, Twain o Wilde fuesen "urgidos" y escribieran "urgentemente"). Aunque alguien pueda dudar de la urgencia de Cioran -por ejemplo-. El aforismo puede ser una treta de la "urgencia" y de un pensar tan "curioso" como epistolar. Un ejercicio a sólas (vbrg. un diario kafkiano) y una operación a distancia /entfern Tätigkeit.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahora bien, no quiero referirme tanto al contenido filosófico-poético del libro, porque el carácter oscuro, desesperanzado; el desasosiego de las alusiones, afirmaciones y disquisiciones de Bernardo Soares, son en mi opinión: sentencia subjetiva y esa sentencia compete y compromete al lector. La experimenta según sus relaciones con su hybris. Una lectura crítica no tiene sentido como ungüento o hurgador de heridas, esto es tarea de un ávido lector…Lo que puede hacer como pre-texto, es hablar de con-texto. Y, a mi parecer, este &lt;i&gt;Libro del desasosiego&lt;/i&gt; es uno de los libros más despiadados que se pueden concebir. Y esto lo hace peculiar. Despiadado, ¿en qué sentido?, no como puede pensarse: /la noche fría…/cuando somos tan lugubres, tan lugubres..., sino -más bien- despiadado antes de lo desgarrado, de lo tedioso en credo y contingencia. Bernardo Soares -por ejemplo- nace como personaje de forma ciertamente antinatural (literariamente hablando). ¿Qué tiene de peculiar esta desgarradura frente a otras en la historia de la literatura? Aún en la psicológica profundidad de Doestoievski, en el pesimismo de Ruskin o Ibsen, en la contundencia aleve de Zaratustra, o el frío de los vericuetos de Hesse, la densidad de Musil, en los ángeles caídos Rilkeanos; la oscura noche de Novalis, Pavese y Camus, de Benn o Celan. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La voz literaria participa de la integralidad del placer y desplacer humanos; quien escribe así, concibe por ejemplo en un solo personaje todo el dolor descarnado, y a pesar de eso con su voz íntegra. Esto es moderno. Al fin de cuentas es el autor/omnisciente. La perversidad de Pessoa consiste en personalizar el sueño y ponerle un nombre diferido en el origen y sentarse a conversar con él. Pero otorgándole radicalmente la posibilidad de hacerse dueño de su dolor, su tedio y su onirísmo negativo, con la única concupiscencia del desplacer delegada psicológicamente a su personalidad psicológica diferida de sí mismo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esto es lo despiadado, romper lo integral del autor en la contradicción del placer/desplacer ya fungido como sólo desplacer original. Así, desde el autor no hay antagonista, sino movimiento al interior del devaneo. Y esto es psicológicamente perverso. Y al mismo tiempo ruptura de lo moderno. Pues se presiente así como crisis del autor como sujeto integral. Pessoa es antimoderno, pero Bernardo es de varias maneras romántico y de varias formas clásico. ¿Cómo puede ser tal contradicción, cómo se puede entonces afirmar un Pessoa antimoderno? Otorgar al “querer” (en términos heideggerianos) sólo reducto negativo es ya antimetafísico*, por eso el pesimismo de Soares (en el caso de que lo sea) es un pesimismo sui generis en la historia de la literatura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahora bien, una aproximación de género al Libro del desasosiego -en cambio- brinda otras posibilidades. Bernardo Soares además de precognizar la literatura existencialista; cosa por otra parte obvia, manifiesta el sueño no cumplido, el anquilosamiento y el tedio como franca escisión del sujeto moderno. Es decir: un primer prisma crítico al acercarse en contexto, ofrece el escenario de la crisis de la época moderna*, o la decadencia de la que trató Spengler. Por eso es interesante preguntarse si este libro es aun una obra metafísica. En [27] se lee:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;blockquote&gt;…Tengo en estos momentos tantos pensamientos fundamentales, tantas cosas verdaderamente metafísicas que decir, que me cansó de pronto, y decido no seguir escribiendo, no seguir pensando, sino dejar que la fiebre de decir me dé sueño y yo haga carrantoñas con los ojos cerrados, como un gato, a todo cuánto podría haber dicho…&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el prefacio hay una frase que llama la atención, dice Pessoa refiriéndose al personaje: "aquel sufrimiento que nace de la "indiferencia" fruto de haber sufrido mucho". ¿No es esa indiferencia la que puede coexistir en el sujeto alienado de un Gregorio Samsa kafkiano? (no en vano son obras prácticamente contemporáneas). O en un posterior Mersault, o un Roquentin. ¿Se trata ya de lo urbano alienante en los últimos albores de la modernidad? Un segundo aspecto fundamental que encuentro para acercarse a éste libro, es aproximarse al análisis de si se trata de un ejercicio del pesimismo, que desborde sus sentencias y la función del desplacer sea tan exacerbada que no deje otro arrojo que "el no arrojo por la existencia". Sobre esto, el propio personaje es esclarecedor:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;…Y asi contempladores por igual de las montañas y de las estatuas disfrutando los días como libros, soñandolo todo sobre todo para transformarlo en nuestra íntima sustancia, haremos también descripciones y análisis que, una vez hechos, pasarán a ser cosas ajenas de las que podamos disfrutar como si vinieran con la tarde... No es este el concepto de los pesimistas, como el de Vigny para quien la vida es una cadena donde él trenzaba paja para distraerse. Ser pesimista es tomar cada cosa como algo trágico, y esta actitud es una exageración y una incomodidad…[…] Considero la vida como una venta donde tengo que esperar hasta que llegue la diligencia del abismo.&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A pesar de que la aseveración está en apariencia sustraída del pesimismo, hay en el trasfondo de estas páginas disquisiciones que pugnan entre el vitalismo y el pesimismo; entre el romanticismo y el clasicismo. Pero el hecho de que éstas aparezcan por doquier y no sean privativamente asunto de filosofía o de psicología, nos libera de una manera que aunque descarnada, al menos sustrae de la razón. En lo poético hacen que el Libro del desasosiego no sea desasosiego ajeno, “¿Razonar mi tristeza, para qué si el raciocinio es un esfuerzo? Y quién está triste no puede esforzarse”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Así la tesis de que este libro sea existencialista, en fórmula de "alienación urbana" se dispersa, se diluye en pozos más profundos y horadados. Formalmente -es mi impresión- la prosa poética (por otra parte sentida), es en algunas partes afectada, pero de todas las maneras: eficiente. Y eficiente quiere aquí decir: "lograda". Las cerca de seiscientas páginas discurren al fin por un "mismo" sentimiento: el desasosiego, que puede que no agote la paciencia del lector. Las fórmulas incoherentes de relación, las fragmentarias cuitas, los modos, las soledades, los tedios enarbolan momentos libidinosos formidables. Y así, poder pasar por la eficacia de un punto, a momentos tan diversos en aforismos subsiguientes como:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;[88]…Tengo frío de más. Estoy tan frío en mi abandono. Vete oh viento, a buscar a mi Madre. Llévame Noche arriba a la casa que no conocí…Vuelve a darme, Oh silencio inmenso, mi alma y mi cuna y la canción con que me dormía…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;[89] La única actitud digna de un hombre superior es persistir tenazmente en una actividad que se reconoce inútil[…]..&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En fin, podría yo persistir en abarcar el trabajo inabarcable del poeta portugués. Podría ser reticente a lo que representa Bernardo Soares como sujeto histórico, oponerme a la actitud del ayudante de tenedor en pro del nihilismo. Podría oponer por ejemplo desde el fragor de una mesa del vitalismo: viandas y copas exquisitas a la mesa de otro señor y otra actitud poética. Pero ya he hablado del carácter extremo que Pessoa nos propone como reto. Sea cual fuere el efecto que comporte en el lector, el viaje es garantía de abismo, de "remezón", de extrañamiento. Y también su responsabilidad canalizarlo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se trata -sin duda- de un libro indispensable y probablemente imponderable. Y aunque Bernardo lo llamé -su cobardía- (cobardía que juzgará el lector). Es harto extensa, prolífica y rica en amalgamas, para no ser cobardía sin más. Quizás seamos, como él dice, “barcos que pasan en la noche, sin saludarse ni conocerse”, pero una literatura como ésta nos hace viajar a un tiempo. Eros y Tánatos tan juntos, a un mismo tiempo. Los invito entonces a viajar a Lisboa, allí vive un hombre curioso que “…cena siempre poco y fuma tabaco de hebra, fijándose siempre en los presentes, como interesándose por ellos sin querer concretarles las facciones…". Puede que otro rostro le resulte hoy familiar. Puede que “confunda con otros rostros su rostro/ y /fragmente entre pieles, su propia piel vencida”. Le dicen Bernardo Soares y afirman que es tenedor de libros (ayudante), autor del Libro del desasosiego.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;____________&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;*La presente nota alrededor de la obra de Fernando Pessoa apareció originalmente en 2009 en el periódico Lecturas Críticas No. 6/7. La  publicamos aquí luego de la lamentable desaparición de su autor, nuestro querido colega y amigo William Beltrán, fallecido en Bogotá el pasado 11 de abril de 2011.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-8360053711689997963?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/8360053711689997963/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2011/04/memorias-desde-el-desasosiego_13.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/8360053711689997963'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/8360053711689997963'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2011/04/memorias-desde-el-desasosiego_13.html' title='Memorias desde el desasosiego'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-IK1G6pQ1BjA/TaYMepRi7bI/AAAAAAAAAws/_FCgj97JTNU/s72-c/desa2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-9150914639423843880</id><published>2011-02-15T08:09:00.001-08:00</published><updated>2011-06-16T12:42:31.507-07:00</updated><title type='text'>Un poeta y soldado de nariz enorme</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Diana Marcela Arias&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cyrano&lt;/div&gt;Taï – Marc Le Thanh&lt;br /&gt;Rebecca Dautremer&lt;br /&gt;Edelvives&lt;br /&gt;Barcelona, 2007&lt;br /&gt;$55.000&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5573949537917141266" src="http://4.bp.blogspot.com/-GyfvHaY4IHc/TVqlkpuBARI/AAAAAAAAAuk/XB5oX1xhmdU/s200/cyranoa.jpg" style="cursor: hand; cursor: pointer; float: left; height: 200px; margin: 0 10px 10px 0; width: 126px;" /&gt;Cyrano de Bergerac es el nombre que adopta hacia 1638, el escritor francés Hercule Savinien y que más tarde utiliza el también escritor francés Edmond Rostand, como titulo para una obra de teatro en cinco actos que recrea algunos episodios de la vida del poeta y soldado de nariz enorme; gracias a este drama, el personaje se popularizó convirtiéndose de esta manera en un lugar muy visitado por la literatura, el cine y la opera. Enamorado de su prima Roxana, Cyrano no encuentra manera de expresar su afecto más que a través de Christian, un torpe soldado y orador, sin embargo, la muerte trae en su haber la verdad a la joven doncella.&lt;br /&gt;En esta versión editada por Edelvives, el escritor Taï – Marc Le Thanh ofrece una narración ambientada en Japón, tan llena de ironía como la versión original, que junto a las ilustraciones de Rebecca Dautremer alcanza un gran nivel como álbum ilustrado. Trazos muy finos y una continua exploración por la escala de rojos y azules caracterizan las ilustraciones de este libro; representan también una constante en el trabajo de esta ilustradora, como se puede ver en otros de sus álbumes, entre ellos &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Enamorados&lt;/span&gt; y &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Princesas olvidadas o desconocidas.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-9150914639423843880?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/9150914639423843880/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2011/02/un-poeta-y-soldado-de-nariz-enorme.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/9150914639423843880'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/9150914639423843880'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2011/02/un-poeta-y-soldado-de-nariz-enorme.html' title='Un poeta y soldado de nariz enorme'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-GyfvHaY4IHc/TVqlkpuBARI/AAAAAAAAAuk/XB5oX1xhmdU/s72-c/cyranoa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-4564648555280415969</id><published>2010-10-31T08:29:00.001-07:00</published><updated>2010-11-02T13:15:36.251-07:00</updated><title type='text'>Pequeños lectores para una gran biblioteca</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large; "&gt;&lt;div style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: 800;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Por Carlos Andrés Almeyda&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 14px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 14px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 14px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 10px; "&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2Ucu6qZ2I/AAAAAAAAApQ/V5Jg4LmzBok/s400/IMG.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 180px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5534242738459535202" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;(Del libro Anaconda. Claudia Rueda)&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; "&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; "&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; "&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;a nueva vida que ha venido cobrando en Colombia la publicación de libros para público infantil y juvenil –pues se editan con más frecuencia y bajo una cuidadosa y completa investigación editorial– tiene que ver precisamente con el paso que ha dado de parecer un subgénero de la literatura a ocupar el lugar que le corresponde junto al libro comercial, el de las grandes masas, el libro para público adulto.&lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;span id="more-38" style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2lUCaQCvI/AAAAAAAAAp4/ocv9noMLe3A/s200/9789588662091.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 122px; height: 200px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5534261280771148530" /&gt;El cambio tiene que ver, por ejemplo, con iniciativas como la que hace ya diez años liderara un grupo de intelectuales españoles al firmar un «Manifiesto contra la invisibilización de la literatura infantil y juvenil», por el cual se reivindicaba el lugar de estos ante los prejuicios que le mantenían en un lugar adyacente, falto de la seriedad y el rigor que al parecer tienen otra clase de temas: &lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;«El tratamiento que se les da crea una barrera artificial entre lo que se escribe para niños y jóvenes y lo que se escribe para adultos, cuando las dos formas de escritura son Literatura. (…) Sigue vivo el prejuicio de que la literatura infantil y juvenil requiere menos dedicación, esfuerzo, rigor y profundidad que la literatura para adultos. En un momento en el que la lectura convive con otras formas de comunicación, a menudo superficiales y rutinarias, cuando no embrutecedoras, consideramos fundamental que los analistas culturales y la sociedad en general cobren conciencia de su importancia y le presten la atención que merece». &lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2Mpufx-MI/AAAAAAAAAoA/XGf7GZL5Y28/s200/saltarines.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 199px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5534234165592062146" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;Ello, naturalmente, ha cambiado. Sobretodo por que, dada la inminente necesidad de incrementar los índices de lectura en el país, el lugar más idóneo para promover esta clase de iniciativas no podría ser otro que la escuela, lugar en el que antaño muchos jóvenes empezaran a distanciarse de la lectura al verla como un requerimiento escolar y no como una manera viable y entretenida de acceder al mundo en su proceso de reconocimiento y aprendizaje.&lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TNBdKOZHA7I/AAAAAAAAAso/MDRLoZQAVjw/s200/a+la+una.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 125px; height: 200px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5535026372281828274" /&gt;Como parte de esas dinámicas de fortalecimiento de la lectura y, en especial, del libro infantil y juvenil, vienen dándose en el país diversas iniciativas pedagógicas que incluyen, además, la aparición de colecciones y toda suerte de campañas de orden educativo, planes lectores (caso del Plan Lector que la editorial Random House Mondadori viene desarrollando bajo el cuidado de María del Sol Peralta) y festivales ahora dedicados exclusivamente a este sector del mercado editorial, como el &lt;a href="http://www.facebook.com/group.php?gid=17902448140"&gt;Festival del Libro Infantil y Juvenil&lt;/a&gt; que este año llega a su cuarta versión (del 23 de octubre al 1 de noviembre) bajo la batuta de la Cámara Colombiana del Libro. Así mismo, Mondadori presentó en la pasada Feria Internacional del Libro una completa colección infantil y juvenil –“primeros lectores”, “lectores en marcha”, “lectores en vuelo” y “grandes lectores”– y cuya primera entrega consta de trece títulos escritos e ilustrados por profesionales e investigadores del ramo.&lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2j8mSeLPI/AAAAAAAAApw/DFVkTdpfH0M/s200/biblioteca.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 140px; height: 200px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5534259778573708530" /&gt;Estos libros, que hacen parte de otra colección mayor denominada &lt;em style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; "&gt;La biblioteca&lt;/em&gt;, demuestran que, en palabras de su directora editorial, María Fernanda Paz Castillo, «si bien es cierto que la producción editorial de libros para niños y jóvenes viene de un largo periodo de inactividad o de poca actividad, lo que hoy vemos no puede sino esperanzarnos: nuestros autores e ilustradores ya maduros nos demuestran cómo han crecido, cómo el largo camino que han recorrido los ha influenciado y nos devuelven trabajos que nos dejan boquiabiertos; y los más jóvenes, aquellos que recién comienzan, nos permiten vislumbrar que llegarán lejos».&lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;Bajo el cuidado de su directora de arte, la diseñadora Camila Cesarino, y el trabajo de autores e ilustradores como: &lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;/p&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;/p&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;Olga Cuéllar (Saltarines),&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Diego Francisco Sánchez-Dipacho (Dos pajaritos),&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Claudia Rueda (Anaconda),&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Jairo Buitrago y Rafael Yockten (Jimmy, el más grande),&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Jairo Ojeda y Cynthia Bustillos (A la una la laguna),&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Irene Vasco (La gran barca),&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Maité Dautant (Lo misterioso, lo sorpresivo, lo insólito y para de contar…),&lt;/li&gt;&lt;li&gt;John Naranjo (Juegos visuales),&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Francisco Leal Quevedo y Juana Medina (Faltan 77 días),&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Jairo Aníbal Nino y José Rosero (Caballopando),&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Clarisa Ruiz, Nathalie Leger-Cresson y Pedro Ruíz (La voz del Jaguar),&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Francisco Montaña y Daniel Rabanal (La muda)&lt;/li&gt;&lt;li&gt;y Gonzalo España (Memorias de un caballo de la Independencia),&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;la colección recoge toda clase de géneros, entre poesía, narrativa breve, cuento, novela, en una apuesta que bien ha de acercar al público infantil y juvenil al principal propósito de estos primeros trece títulos, permitir que el libro sea objeto de búsqueda e interacción, como uno de sus más entrañables ejemplos, &lt;em style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; "&gt;Anaconda&lt;/em&gt;, el libro ilustrado de Claudia Rueda, la historia de Amarillo y Naranja, dos ratoncitos que atraviesan el río a través de un puente bastante peculiar, un libro-álbum que se abre como un acordeón y donde «lo menos peligroso es la anaconda», como podrá verse al ir llendo de una a otra tapa del libro.&lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 15px; margin-left: 0px; font: normal normal normal 14px/normal Arial, Helvetica, sans-serif; color: rgb(51, 51, 51); text-align: left; font-family: 'Times New Roman'; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-4564648555280415969?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/4564648555280415969/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2010/10/pequenos-lectores-para-una-gran.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/4564648555280415969'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/4564648555280415969'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2010/10/pequenos-lectores-para-una-gran.html' title='Pequeños lectores para una gran biblioteca'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2Ucu6qZ2I/AAAAAAAAApQ/V5Jg4LmzBok/s72-c/IMG.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-2169692110221191451</id><published>2009-11-21T08:19:00.000-08:00</published><updated>2009-11-21T08:22:00.848-08:00</updated><title type='text'>Hiroshima mon amour</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;Enola Gay&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="EN-US" style="mso-ansi-language:EN-US"&gt;Gordon Thomas, Max Morgan-Witts&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="EN-US" style="mso-ansi-language:EN-US"&gt;Ediciones B&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt;Barcelona 2005&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="mso-ansi-language:ES-CO"&gt;520 Páginas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold; line-height: 32px; "&gt;Por Sophia Vázquez Ramón&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 32px;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SwgTTBqYJqI/AAAAAAAAAkE/LpwQ3t3SHog/s200/Enola_Gay_-_Gordon_Thomas.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 132px; height: 200px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5406592570242901666" /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="mso-ansi-language:ES-CO"&gt;Esc&lt;span lang="ES-CO" style="mso-ansi-language:ES-CO"&gt;rita “por el autor de Mossad y las torturas mentales de la CIA”&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;-siempre este tipo de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;best-sellers&lt;/i&gt; parece necesitar de pomposas leyendas comerciales-, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Enola gay&lt;/i&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;vuelve al fatídico día del seis de agosto de 1945 -&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language: ES"&gt;ocho y quince minutos de la mañana-&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language: ES-CO"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="mso-ansi-language:ES-CO"&gt;en Hiroshima, para dibujar una novela ‘histórica’ que a veces no sabemos si celebra la osadía de unos o conmemora el insuceso de otros. El pretexto, un rastreo alrededor de la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="mso-ansi-language:ES-CO"&gt;aeronave que arrojó la bomba atómica y toda suerte de pormenores ‘caseros’, fotografías, algunos archivos, grabaciones y algo de melodrama típicamente estadounidense. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="mso-ansi-language:ES-CO"&gt;Gordon Thomas, junto a&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt; Max Morgan-Witts,&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="mso-ansi-language:ES-CO"&gt; especula sólo para justificar su estilo entre detectivesco y secular. Algo así como intrigar desde una posición &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;políticamente correcta &lt;/i&gt;sin atreverse a fabricar más que una &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt;nouvelle&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES-CO"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="mso-ansi-language:ES-CO"&gt;para el cinematógrafo, como suele pasar tan a menudo en este submundo de la literatura de masas. &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;Publicada originalmente en 1997, esta novela vuelve sobre la “ruina desde el aire”, como reza su edición inglesa, para mostrarnos a un periodista-novelista-activista que presume indagar en algunos asuntos más o menos reveladores de este vuelo, delineando un antes y un después en forma capitular: crónica, novela y “trepidante relato” (¿?) para mostrar&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt; “cómo fue concebida y desarrollada el arma más mortífera hasta entonces conocida” y “cuáles fueron los motivos para lanzarla sobre Japón y no sobre Alemania, tal y como en un principio se había pensado”.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="mso-ansi-language:ES-CO"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt;Quizá no el primer texto sobre el particular, sólo vale entender su empresa como lo que es, una investigación que devino en novela para &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;dummies&lt;/i&gt;, mezclado con algo de beligerancia comercial. Me explico, Gordon teje su intriga a través de los sucesos por los cuales este lanzamiento “estuvo a punto de no producirse”. Dicen, por ello, evitar juicios personales y se escudan en documentos de gobierno –reproducidos junto a varias fotografías que abarcan el centro de esta edición española- para entrar de lleno en esa nueva moda de los escritores norteamericanos: Agenciarse algo de respeto mordiendo la mano que les da de comer. Otro vástago de aquel Michel Moore tantas veces mentado por estos prados inhóspitos del tercer mundo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt;Enola Gay&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;da un recuento pormenorizado del programa nuclear emprendido por Estados Unidos bajo el nombre de "proyecto Manhattan", que culminó en el lanzamiento de la bomba, capítulo lleno de guiños cinematográficos que a veces no quieren más que llevarnos a las lagrimas, como en un caso concreto de alienación tipo &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;mass-media. &lt;/i&gt;Pero sobre todo, y dado que se hace necesaria una introducción lo bastante lastimera y convincente, los autores (o más bien el “autor” dado que Max Morgan-Witts aparece apenas como un chivo expiatorio) han querido hurgar en los rincones más inaccesibles del Enola Gay&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CO" style="mso-ansi-language:ES-CO"&gt;: aquel derruido “Manhattan Project” en el que se basa buena parte del libro; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language: ES"&gt;el día a día de los científicos que diseñaron la bomba y los avatares personales su tripulación –he aquí el melodrama-, todo como soporte del desarrollo cronológico hasta la llamada hora cero. Y luego, el inmenso hongo devastando la ciudad nipona como cierre a la segunda guerra mundial.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt;La edición en lengua española de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Ruin from the air&lt;/i&gt; conmemora los sesenta años del acontecimiento. Gordon Thomas se ha dado un buen lugar dentro de esta literatura a la que la crítica llama, no sin algo de desconfianza, &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Best-sellers&lt;/i&gt;. ¿De qué se trata entonces? Una novela como las demás, intriga tipo CSI, algo de Ian Fleming, documentos y más documentos, juegos metahistóricos comunes y –desde luego- el pretexto de siempre, el mundo de la infamia y el olvido vertido en otro librito para las masas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:200%"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-2169692110221191451?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/2169692110221191451/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2009/11/hiroshima-mon-amour.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/2169692110221191451'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/2169692110221191451'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2009/11/hiroshima-mon-amour.html' title='Hiroshima mon amour'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SwgTTBqYJqI/AAAAAAAAAkE/LpwQ3t3SHog/s72-c/Enola_Gay_-_Gordon_Thomas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-407182418216063451</id><published>2009-06-23T20:25:00.000-07:00</published><updated>2009-06-23T20:34:34.906-07:00</updated><title type='text'>El odio a lo inútil</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;div&gt;Por Sophia Vázquez Ramón&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;La hierba roja&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;Boris Vian&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;Tusquets&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;España, 2007&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;___________&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;La espuma de los días&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;Boris Vian&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;Editorial Bruguera&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;España, 1978&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;253 páginas&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;L’Écume des jours&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SkGdSWiT6tI/AAAAAAAAAiM/3mQhQeKSVYg/s200/progres.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 152px; height: 200px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5350730770905557714" /&gt;&lt;div&gt;“En realidad, sólo existen dos cosas importantes: el amor, en todas sus formas, con mujeres hermosas, y la música de Nueva Orleans o de Duke Ellington. Todo lo demás debería desaparecer porque lo demás &lt;/div&gt;&lt;div&gt;es feo.” Así declara, a modo de exordio, un Boris Vian suspendido en la memoria de dos ciudades para él desconocidas, Memphis y Davenport, y desde las &lt;/div&gt;&lt;div&gt;que ha escrito La espuma de los días, un esplendido paisaje de afectos, gastronomía y música en el que ya los excesos simbólicos son materia patafísica1, puesto que lo inverosímil, lo irreal o lo sobrenatural, campean en los mismos terrenos de la ficción en que lo posible se puede o no dar de forma narrativa y consecuente. Desde su trabajo como escritor, Vian tiene a bien desdoblarse como autor, de la mano de un escritor de novela negra –Vernon Sullivan– que le da censura pero bastante permisividad editorial y literaria, junto a un ortónimo algo vanguardista a quien la crítica no vio en sus verdaderas dimensiones sino de manera algo tardía; distintos el uno del otro por una especie de sobrefiguración de lo grotesco y la caricatura, Vian hizo en su obra personal una apuesta un tanto más psicológica en la medida que se hizo del lenguaje para jugar a afincar mecánicas absurdas en las que el camino de su postura patafísica &lt;/div&gt;&lt;div&gt;hiciera posible que empresas suyas como alguna que, siendo ingeniero, plasmara desde la ciencia de Alfred Jarry y según la cual las autopistas sufrían una algo infantil transformación sin que los coches experimentaran los percances propios que la gravedad y el sentido común demandaban. Primera novela  ‘autentica’ de Vian, según él mismo refiere, L’écume des jours (1945-1947) trata la historia de un bailarín joven y rico, enfrentado a un amor lastimosamente sesgado por la enfermedad. Entre tanto, el lenguaje hace que lo sublime se esconda lúdicamente tras el simbolismo que emana de ese vademécum de extrañas situaciones y platos servidos de la manera automática y poco alimenticia que tendría una cocina surrealista. Se trata, de esta manera, de dos historias de amor llevadas casi paralelamente: la fatídica relación entre Colin y Chloé –esta última estrechamente emparentada con un tema de jazz de Ellington– junto a la aburrida relación de Chick y Alise, enmarcada por la manía literaria alrededor de un tal Jean-Sol Partre, entre otras cosas, igual de ‘inflamable’ que aquel existencialista a quien de seguro refiere. La espuma de los días entró a concurso en su momento al celebre premio de la Pléiade y su fracaso editorial fue tal que Gallimard se abstuvo de publicarle en adelante, sacándolo por el momento de la escena literaria francesa. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;“Uno de esos raros libros de la juventud de estos tiempos”, según asegura Noël Arnaud en su introducción a las obras completas de Vian, La espuma de los días no fue en su momento un libro &lt;/div&gt;&lt;div&gt;que mereciera consideración aparte de algo de atención prestada por el clan de la patafísica que le secundaba en sus empresas ‘inútiles’. Novela de malos presagios, eleva el patetismo al nivel de las tragedias humanas: padecimiento, belleza resquebrajada, crimen, suicidio, locura. Resuma por su mismo carácter, en contrastes y poesía, un juego verbal y simbólico tras el cual los atisbos inverosímiles de humor o representación fuera del discurso, son el soporte de esa noción de tristeza sabida que recorre las páginas del libro, a sabiendas que nada puede haber aquí sino decepción y pérdida irreparable. Una novela-jazz cuya música de Ellington discurre entre la ironía de los días que corren hasta desvanece, un espejo del blues negro norteamericano también visto en las obras de Sullivan, su contraparte asesina y realista. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;La maquina del tiempo&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SkGdpC2m_wI/AAAAAAAAAiU/MDcaqdVaGZ4/s200/snob.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 130px; height: 200px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5350731160758976258" /&gt;&lt;div&gt;Boris Vian nació en Ville D’Avray, suburbio de París, en 1920. Desde temprana edad comenzó a sufrir problemas de salud: tuvo ataques de reumatismo cardíaco y luego fiebre tifoidea. A los 20 años se inaugura como interprete de jazz norteamericano en una pequeña orquesta conformada junto a sus hermanos. Ingeniero de profesión, Vian cultivó géneros como la novela, el cuento, crónicas y críticas de aspectos sociales, algunas piezas teatrales, óperas y toda clase de composiciones de talante a veces ateo y revolucionario, como aquel famoso Le deserteur, canción que increpa al presidente al resistirse Vian a correr a la Guerra. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cercano a la intelectualidad existencialista de entonces, como puede verse en ese personaje libresco llamado Partre o en el pequeño padrinazgo de Sartre al apoyar sus empresas fallidas, Vian logra también cercanía, en el club Saint-Germain-des-Prés, con grandes músicos del Jazz como Duke Ellington, Miles Davis y Charlie Parker. De allí que La espuma de los días sea, de alguna forma, la comunión atropellada y surrealista de esos afectos musicales y el experimento no solo afectivo-gastronómico que pone en escena una suerte de panoramas oníricos plagados de sustancias inverosímiles y de una fuerza semiótica apenas aplacada por la ambigüedad de los diferentes niveles de la narración. Por allí, puede llegarse a la quizá más ‘íntima’ obra novelística de Boris Vian, aquella que le sintetiza y que pone en entredicho la cuestión patafísica como una suerte de mecanismo de defensa ante los estropicios de una razón siempre convulsionante, aquí una novela cercana a la ciencia ficción y a autores como G. H. Wells que de seguro le dieron la idea de la enorme maquina que el ingeniero Wolf (El lobo) inventa para poder reconstruir su vida desde la ausencia de memoria. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;La hierba roja es, en más de un sentido, la novela autobiográfica por excelencia de Boros Vian. Su protagonista, Leonard, mantiene a lo largo del libro constantes conversaciones sobre educación, religión, trabajo, sexo, muerte. Además revela un autor  más psicoanalítico como el que puede verse en El Arranca-corazones, novela posterior de carácter bastante ambivalente. Por allí, aparece un campo rojizo parecido a la infancia y aparecen personajes emblemáticos que, como La espuma de los días, parecen querer tomar elementos en apariencia divergentes para subrayar el peso surrealista de algo que parece ser parte de un sueño, como un juego mental en el que se busca precisamente huir de toda idea del pasado en pos de un estado virgen y perfecto. Así como en el curso de La espuma de los días, aparecen los diálogos entre personajes que también remitirían a gustos de Vian por autores como Lewis Carroll y que de una u otra forma guardan un secreto mecanismo dialectico dentro del corpus narrativo de Boris Vian. Como es el caso del papel de la animalidad y la inocencia dentro del proceso catártico de Wolf en medio de sus conversaciones retrospectivas:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div&gt;-¿Quién es entonces merecedor de su afecto? –Preguntó Carla&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Ya no lo sé –dijo Wolf-. Había un pájaro, en el rosal enredadera de mi ventana, que me despertaba todas las mañanas dando golpecitos en el cristal con el pico. Había un ratón gris que por las noches se paseaba a mi alrededor y se comía el azúcar que le dejaba en la mesita de noche. Había una gata negra y blanca que no se separaba de mí y que iba a avisar a mis padres si yo me subía a un árbol demasiado alto…&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Sólo animales –contestó Carla&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Es la razón por la que quise hacer feliz al senador –explicó Wolf-. Por el pájaro, el ratón y el gato.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En otro sentido, la aparición de estos personajes que de alguna manera permiten distintos niveles en la lectura, definen algunos aspectos narrativos que crean homogeneidad en tanto no dudan en tomar la palabra, cruzan de una novela a otra –el senador Dupont de La hierba roja es, por ejemplo, el perro Dupont que aparece en La Espuma de los días– o sufren una suerte de metamorfosis en tanto le sirven a Vian para deformar o satirizar algún rol o personaje humano, aquí el papel de la mujer o algunas convenciones sociales y éticas. Por lo demás, siempre esa transformación antropológica descubre posibilidades infinitas en la medida que estos personajes son morfológicamente más susceptibles de valor sígnico:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div&gt;-En realidad -dijo el gato-, el asunto no me interesa demasiado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Te equivocas -dijo el ratón-. Todavía soy joven y, hasta el último momento, he estado bien alimentado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Pero yo también estoy bien alimentado -dijo el gato-, y no tengo ningunas ganas de suicidarme; esa es la razón por la que todo esto me parece anormal.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Es que tú no le has visto -dijo el ratón.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-¿Qué hace? -preguntó el gato.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-No tenía demasiadas ganas de saberlo. Hacía calor y todos sus pelos estaban bien esponjosos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;(…)&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Cuando ha pasado la hora -continuó el ratón- vuelve a la orilla y mira la foto.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-¿No come nunca? -preguntó el gato.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-No -respondió el ratón-. Se está quedando muy débil y yo no puedo soportarlo. Un día cualquiera va a dar un traspié en esa plancha grande...&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-¿Y a ti qué te importa? -preguntó el gato-o ¿Qué pasa?, ¿es desgraciado?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-No es desgraciado -dijo el ratón-, sino que tiene una pena muy grande. Y eso es lo que no puedo soportar. Además, se va a caer al agua, se asoma demasiado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Bueno -dijo el gato-, siendo así, estoy dispuesto a hacerte ese favor, aunque no sé por qué digo «siendo así» cuando no comprendo nada en absoluto.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Eres muy bueno -dijo el ratón.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Mete la cabeza en mi boca -dijo el gato- y espera.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-¿Habré de esperar mucho? -preguntó el ratón.&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La hierba roja, como adelanto de su Journal à rebrousse-poil, muestra a un Vian que dialoga y expone parte de la confusión y crisis existencial de una época, como una suerte de terapia en la que el psicoanálisis se presenta como posibilidad de esa variedad de metafísica patafísica por la cual el mismo sistema que mueve en él el palimpsesto y la intertextualidad, en esta novela y dada su inseguridad y su exaltada humanidad  confieren a la narración el poder de salir de lo artificioso para  convertirle en la más memorable de sus novelas. En La hierba roja hay un recurso de la memoria que espera ser borrado, eliminado, el acantilado y la figura sublime de las montañas gobernadas por una infausta maquinaria de lobotomía. En ella Wolf espera huir, escapar de sí mismo, romper con su estado humano a través del metal siniestro de la maquina en la cual el recuerdo toma el peso de un pesado agotamiento. Los colores del cielo  y el mar se abren junto al azuloso artefacto, mientras la hierba roja en la que Wolf se hecha para descansar lo da diluyendo hasta disfrazarlo dentro de su ‘suelo ensangrentado’, esa búsqueda de ese Wolf-Vian que trata de volver a esas premisas de Jarry, –“Sólo la letra es literatura”– para dar un sentido menos llano a la más personal de sus novelas, quizá la que lo despoja de alguna forma de la chistera patafísica: “Va a ver usted cómo se desata una de las pasiones que han dominado mi existencia: el odio a lo inútil”.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-407182418216063451?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/407182418216063451/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2009/06/el-odio-lo-inutil.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/407182418216063451'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/407182418216063451'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2009/06/el-odio-lo-inutil.html' title='El odio a lo inútil'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SkGdSWiT6tI/AAAAAAAAAiM/3mQhQeKSVYg/s72-c/progres.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-7287627133084648106</id><published>2009-04-25T12:33:00.000-07:00</published><updated>2009-04-25T13:10:50.293-07:00</updated><title type='text'>En la piel de la cárcel</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Por Celedonio Orjuela Duarte&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Soledad Brother&lt;/div&gt;&lt;div&gt;George Jackson&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Monte Avila Editores&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Caracas, 1971&lt;/div&gt;&lt;div&gt;327 páginas&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Apostillas a la libertad negra&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Toda emancipación del alma viene revestida de pequeñas victorias, caso de las luchas de los negros en los Estados Unidos. Las primeras potestades negras fueron motivadas por profundos sentimientos religiosos, de allí que al negro se le catequizara con tal insistencia como si precisamente careciera de alma. Soledad Brother de George Jackson, es un epistolario escrito por un alma emancipada, tal como lo revela Jean Genet en su prólogo: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;blockquote&gt;Desde Richard Wright hasta George Jackson, los negros se han quitado de encima todos los harapos bíblicos y presbiterianos: sus voces son más crudas, más negras, más acusadoras, más implacables, para evitar toda referencia a los cínicos engaños de la institución religiosa.&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El trasegar de la emancipación negra en América puede ser rastreado desde la personalidad de Nat Turner (Jerusalén, Virginia 1800 - 1831), conocido entre los suyos como el profeta. El 4 de julio, día de la independencia, organizó una rebelión debido a una visión, acaso por su profundo carácter religioso. Dicha iluminación le encomendaba la liberación de su pueblo. Turner emprendió su ‘cruzada’ con algunos de sus hermanos, logró reunir a más de 50 hombres, entre esclavos y negros libres. Los rebeldes viajaron de casa en casa liberando esclavos y matando a todos los hombres blancos que encontraban. Para no alertar a nadie de su presencia, utilizaban armas blancas, cuchillos y hachas en lugar de armas de fuego. La rebelión fue vencida en 48 horas, pero Turner logró evitar ser capturado durante meses.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Thomas Ruffin Gray, su abogado de oficio, publicó un folleto titulado “Las confesiones de Nat Turner”. Fue ahorcado el 11 de noviembre de 1831. En 1967 el escritor Wiliam Styron publicó una novela sobre la revuelta, titulada Las confesiones de Nat Turner que obtuvo el premio Pulitzer en 1968. Como ocurre cuando hay levantamientos espontáneos de inconformidad, de inmediato se hecha mano de la Constitución para permear futuras insurgencias, caso de la Carta Norteamericana. El primer Código de Negros, documento que definía a esos hombres “como esclavos de por vida” y les negaba toda posible instrucción, fue editado en Meryland, en 1664. Un siglo más tarde, Thomas Jefferson (1743-1826) tercer presidente de los Estados Unidos, borroneó ese texto al afirmar: “…Todos los hombres han sido creados iguales; su Creador les ha dotado de ciertos derechos inalienables y entre estos derechos están la vida y la libertad”. Esta retórica convenció a Quork Walker, quien reclamó judicialmente su libertad apoyándose en ello, aboliéndose así la esclavitud en Massachusetts.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A lo largo de la primera mitad del siglo XIX, creció el movimiento Abolicionista en Estados Unidos y entró en conflicto con el fuerte apoyo al sistema esclavista por parte de los habitantes blancos sureños que se beneficiaban ampliamente del mismo. Desde 1830, un movimiento religioso encabezado por William Lloyd Garrison declaró que la esclavitud era pecado y exigió a &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;los amos que se arrepintieran e iniciaran un proceso emancipatorio. Este movimiento fue muy controvertido y uno de los factores que originó la Guerra Civil. Aunque fueron pocos los abolicionistas que, como John Brown, defendieron el uso de la fuerza armada para apoyar levantamientos de esclavos, se produjeron revueltas como la de Nueva York, de 1712; la Rebelión Stono en Carolina del Sur, de 1739; una nueva insurrección en Nueva York en 1741; la encabezada por Gabriel Posser en Virginia en 1800; la dirigida por Charles Deslandes en Louisiana en 1811; por George Boxley en Virginia, en 1815 o Denmark Vesey en Carolina del Sur en 1822, así como el motín en el barco español Amistad, en 1839, que llevó a un pronunciamiento&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;de la Corte Suprema de Estados Unidos que declaró ilegal el transporte de amotinados desde África, a través del Atlántico, para su venta como esclavos y que, por lo mismo, no eran legalmente esclavos sino libres.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Soledad Brother&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La década de los 60 y 70 fueron una suerte de síntesis de lo que significó el pensamiento en el siglo XX. En ese lapso de tiempo, se forjan otras miradas estéticas, políticas, económicas, filosóficas, sociológicas, libertarias, etc. que acompañaron el malestar de un siglo que prueba nuevas formas bélicas. Después de la guerra fría, la sed expansionista no se detuvo: mediante invasiones so pretexto de supuestas causas antiterroristas, se propician otras guerras con líderes más insensibles que el mismo Hitler.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El mundo contemporáneo siente un remezón en todos los órdenes de la inteligencia humana, ocurren grandes fenómenos que sacuden el orden establecido por zares, sultanes y engreídos dictadores, se fragua la Revolución Bolchevique de 1917, la guerra civil española del 36, el mayo del 68 francés, y otras fuerzas en el ascenso de masas que no fueron otra cosa que la acumulación&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;del nuevo espíritu del hombre. Esa pertinaz rueda de la historia reciente, fue jalonada por pensadores como Darwin, Marx, Engels, Freud, Althusser, Sartre, Durruti.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SfNtUrM2g3I/AAAAAAAAAh8/9tskQY3obCQ/s200/jackson.JPG" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 152px; height: 200px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5328722986070868850" /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Soledad Brother, de George Jackson, es el producto de ese remezón histórico. Nacido en un “ghetto” de Chicago en 1941, donde pasó su infancia y adolescencia. En 1960 fue condenado, por complicidad en el robo de 70 dólares en una gasolinera, a una pena de prisión de mínimo un año y de un máximo de reclusión perpetua. Transcurrido el primer año, el condenado debía pedir anualmente su libertad a las autoridades penitenciarias, que se  la denegaron sistemáticamente en tanto que la concedieron, en 1963, al autor material del delito. El 13 de enero de 1970, en el curso de una reyerta racial claramente provocada por los guardianes y que tuvo lugar en el patio de la prisión de Soledad, un vigilante desde una torre disparó una ráfaga de ametralladora que dejó tres muertos y varios heridos. Un guardián fue asesinado en una de las galerías, sin pruebas, Jackson fue acusado de su muerte. George Jackson fue muerto a tiros por los guardianes de la cárcel de San Quintín, en el curso de un supuesto intento de fuga.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Soledad Brother está dividido en dos apartados: “Cartas recientes y una autobiografía” y “Cartas 1964- 1970”. Ya el género epistolar para el hombre del siglo XXI es una expresión en desuso debido al Fax y la Internet, pero los libros que aún encontramos hasta principios de los noventa, que emplean este vehículo literario, atrapa como una buena novela o un libro de poemas, por eso dice Jean Genet: Muchos podrían sorprenderse al advertir que la narrativa epistolar es, todavía, capaz de proporcionarnos una forma resueltamente moderna de expresión; aun si sólo yuxtaponemos (una después de otra) cierto número de cartas de George Jackson, obtendremos un impactante poema de amor y de combate.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estas primeras cartas revelan una infancia rebelde, producto de la marginación a la que fuera sometido por cuenta de los blancos, desde la misma educación, impartida por clérigos en los que Jackson no creía:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Disimulaba ante las monjas y los curas; ayudé [Sic] misa solo para tener mejores oportunidades de robar vino en el altar; canté en el coro porque me obligaron. Cuando íbamos de visita a las iglesias católicas para blancos ricos, nos trataban muy bien, alimentándonos, recompensándonos con regalos. Aunque me odiaba, el viejo Padre Brown nunca dejó de ponerme al frente cuando nos exhibía, y eso que yo era el más feo, flaco y ruin del grupo. &lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Todo ese ambiente de tortura cotidiana de la prisión, debido al permanente asedio por parte de una guardia que somete con vejámenes a los cautivos, no es otra cosa que “otro eslabón en la cadena de humillaciones”. La cárcel, lugar de estudio de Jackson, es un universo de permanente aprendizaje; le pide a Robert (su padre) la maquina de escribir, los rollos de cinta, libros y más libros. Horas y horas buscando el futuro del hombre, su premisa era: “captura el tiempo”. Y eso hacía Jackson desde todas las formas del conocimiento, en los libros que Robert podía comprarle o mediante cartas que escribía a editoriales solicitando ejemplares. Se detenía en el análisis del aspecto criminal y comprendía el fracaso de la política carcelaria, sobre todo en la era de Reagan. George Jackson también se sumergía en lecturas que deparaba la época: Marx, Lenin, Trotsky, Engels y Mao. Conoció a guerrilleros negros: George “Big Jake”, Lewis y James Carr., W. L. Nolen, Bill Christmas, Torry Gibson y muchos otros. La idea de Jackson era transformar la mentalidad criminal negra en una mentalidad revolucionaria negra. En tal sentido nace el partido de Las Panteras Negras.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Este epistolario es un río caudaloso en el que los personajes: se dan cita para el crecimiento de una conciencia que no da respiro a un Estado que ha puesto todos los tentáculos en el alma de los desposeídos para que no puedan permear el establecimiento. Jackson, el protagonista de este poema épico, lo va develando, desde el ejercicio del poder y sus funciones en las cárceles de La Soledad y San Quintín y la creencia en líderes como Bunchy Carter, black panther, asesinado en 1968; Eldridge Cleaver, ministro de información de las Panteras, a cargo de las relaciones internacionales, debió dejar el país el mismo año en que Robert Kennedy fue asesinado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde Corea del Norte anunció la formación de una oficina internacional del partido. En Argelia, después de meses de negociaciones, consiguió el status de exiliados políticos para los miembros de su partido que deberían abandonar el país. Ha dicho: “No podemos, no queremos ser racistas negros. En los Estados Unidos, el enemigo de los negros no es el blanco. El enemigo de los blancos no es el negro. El enemigo, para unos y otros, es el capitalismo”. Seguimos descubriendo la historia negra norteamericana desde las mazmorras y las luchas de liberación. En este verlo todo desde la responsabilidad, Jackson no tiene reparos en decir a uno de sus personajes:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;blockquote&gt;Siento que me has fallado. Mamá se que me has fallado. También se que Robert nunca tuvo opiniones propias. Tú has dirigido sus pensamientos desde siempre. Tú eres la que siempre ha conducido las cosas. Lo has convertido en un inútil. Ahora, también de Jon estás haciendo un inútil. Eres una mujer, piensas como una mujer burguesa. Pero este es un mundo de hombres. El mundo actual exige un pensamiento viril. Tu manera de ver el mundo es necesariamente burguesa y femenina. ¿Cómo podríamos, yo Robert, Jon, o cualquiera de los hombres de nuestra clase, cumplir con lo que debemos como hombres si pensamos como mujeres burguesas o dejamos que nuestras mujeres burguesas piensen por nosotros. &lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jackson nunca mostró el más mínimo asomo de debilidad en sus creencias revolucionarias, no desfalleció porque justamente lo llevaron allí, al nervio más alterado del racismo norteamericano, la cárcel. O digámoslo con palabras de Jean Genet, otro exconvicto:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;blockquote&gt;El racismo está esparcido, difundido a través de toda Norteamérica, repulsivo, clandestino, hipócrita y arrogante. Hay un lugar donde podríamos esperar que cesara, pero, al contrario, es justamente en ese lugar donde alcanza su más alto grado de crueldad, intensificándose a cada segundo, devorando cuerpos y almas; es en ese lugar donde el racismo se concentra: las prisiones de los Estados Unidos, la prisión, La Soledad, su corazón: las celdas de Soledad.&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-7287627133084648106?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/7287627133084648106/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2009/04/en-la-piel-de-la-carcel.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/7287627133084648106'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/7287627133084648106'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2009/04/en-la-piel-de-la-carcel.html' title='En la piel de la cárcel'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SfNtUrM2g3I/AAAAAAAAAh8/9tskQY3obCQ/s72-c/jackson.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-5449256516467492875</id><published>2008-11-20T13:47:00.000-08:00</published><updated>2008-11-20T13:51:13.335-08:00</updated><title type='text'>Viaje al mundo de Simón Trinidad</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;Por Celedonio Orjuela Duarte&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;Simón Trinidad&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El hombre de hierro&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Jorge Enrique Botero&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Editorial Debate&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Bogotá, 2008&lt;/div&gt;&lt;div&gt;355 páginas&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SSXbgTDbjMI/AAAAAAAAAeM/K8nd-c0fu24/s320/portadaSIMONnuevajpg.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 223px; height: 320px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270860286823992514" /&gt;&lt;div&gt;El trabajo periodístico de Jorge Enrique Botero, en su nuevo libro Simón Trinidad el hombre de hierro, nos interna por la selva y estrados judiciales con un estilo fluido que oscila entre la crónica y el testimonio directo. Botero como testigo ocular, va &lt;/div&gt;&lt;div&gt;tejiendo una historia a través de Juvenal Ricardo Palmera, más conocido como Simón Trinidad. Protagonista de este testimonio que no deja de ser cautivante. Algunos califican a Ricardo Palmera como delincuente por haber quedado afuera de unas instituciones en las que había dejado de creer, sobre todo cuando vio morir a muchos de sus compañeros de la UP, en una persecución perversa asesinando a más de 4.000 almas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Luego de la mediatización del odio aprendido, acercarse a este libro significa alejarse de toda la barahúnda de especulación que el periodismo ha sabido almacenar, como realidad incontrovertible, en las moribundas librerías. Periodismo sabueso del establecimiento, ese pequeño y a la vez enorme conciliábulo de la CIA y el criollo que en estos lares, desde la ultraderecha, va dictando y anunciando su querella, esto es, su pérfida doctrina, como aquel gnomo de cuyo nombre no quiero acordarme, el diletante de la supuesta filosofía de zurriago, pregonero de milagrerías en la universidades colombianas, encantador de ciertas juventudes autistas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;El libro recoge tres instancias en la vida del guerrillero: su biografía, mediante testimonios de quienes lo conocieron en su época escolar, su entrada a las FARC y el juicio en La Corte del Distrito de Columbia.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Se intima en la vida de este guerrillero vallenato que cambió el mar del Norte de Colombia y la Parranda Vallenata, por las turbias aguas de los ríos de los montes, selvas y páramos. Tuvo su escolaridad en Bogotá en un colegio de origen suizo como corresponde a las familias heráldicas y nobiliarias de este país. Pero Simón volvió a su provincia y en el fragor del trabajo participó en la organización de la UP. Estuvo cerca de la muerte de Jaime Pardo Leal. Poco antes de su ingreso a la guerrilla, Ricardo Palmera le pidió una cita a Jaime Pardo Leal para ponerlo al tanto de la masacre contra la Unión Patriótica en el Cesar. La reunión se efectuaría el 12 de octubre de 1987, pero Pardo Leal nunca llegó. Fue asesinado el domingo 11 cuando regresaba de la Mesa a Bogotá. Esa muerte fue el principio del fin de la Unión Patriótica, era el líder en quien más creía la izquierda de la época, escéptica y abstencionista, pero fue acercando esa franja al terreno democrático por su valor ético e ideas claras de unidad; fastidiaron a las fuerzas oscuras, experta en genocidios y no dudaron en asesinarlo y generar la estampida de una multitud que ya lo aclamaba. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Para Simón, su trabajo de banquero y profesor universitario hizo que mantuviera contacto con las gentes. Estuvo cerca de quienes pregonaban las ideas del Nuevo Liberalismo, sepultado por la maquinaria electoral tradicional. A través de importantes conversaciones con testigos de su militacia en la UP como Imelda Daza, hoy sobreviviente en el exilio, nos recuerda el exterminio de un partido a punta de bala que los llevó a la tumba, al monte, mientras que a otros los empujó al destierro: &lt;/div&gt;&lt;div&gt;El partido liberal ganó las elecciones y la violencia estatal, que no se había detenido durante el gobierno de diálogo y paz, tomó nuevos bríos. Esos cuatro años de Virgilio Barco se convirtieron en un mar de sangre. La oligarquía aplicó con mano dura el terrorismo de Estado. El asesinato político, selectivo y masivo, la desaparición forzada  y las amenazas obligaron a miles al desplazamiento interno y al exilio. Lo que se conoce como la Doctrina de la Seguridad Nacional se puso a todo vapor. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;A través de un collage de géneros testimoniales, Palmera puede verse en su justa dimensión, un hombre que viene de la izquierda liberal y que acepta los postulados de las FARC, por entonces jalonada ideológicamente por Jacobo Arenas, guerrillero de férrea formación stalinista de quien recibió sus primeras instrucciones en el campamento de La Caucha. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Convencido de ciertos dogmas propios de un país con tendencias fundamentalistas que entorpecen el libre desarrollo democrático, como aquellas frases lacónicas que desdibujan su inteligencia cuando dice: “Las FARC tienen dos nunca: nunca olvidarán el genocidio de La Unión Patriótica y nunca dejarán las armas”. Lo mismo que su admiración por José Stalin, faro de las causas guerrilleras de este país..                             &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-5449256516467492875?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/5449256516467492875/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2008/11/viaje-al-mundo-de-simn-trinidad.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5449256516467492875'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5449256516467492875'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2008/11/viaje-al-mundo-de-simn-trinidad.html' title='Viaje al mundo de Simón Trinidad'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SSXbgTDbjMI/AAAAAAAAAeM/K8nd-c0fu24/s72-c/portadaSIMONnuevajpg.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-7909904025040235757</id><published>2008-11-19T19:57:00.000-08:00</published><updated>2008-11-19T20:27:21.400-08:00</updated><title type='text'>Bragas, papas fritas y Rock and Roll</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:12.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;Por Carlos Andrés Almeyda Gómez&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:12.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 18px; font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:12.0pt"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:12.0pt"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 11.0pt;mso-ansi-language:ES"&gt;Ceremonias del deseo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:12.0pt"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 11.0pt;mso-ansi-language:ES"&gt;Sandro Romero Rey&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:12.0pt"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 11.0pt;mso-ansi-language:ES"&gt;Premio Nacional de Cuento Ciudad de Bogotá&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:12.0pt"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 11.0pt;mso-ansi-language:ES"&gt;IDCT, 2004&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:12.0pt"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-size: 11.0pt;mso-ansi-language:ES"&gt;Bogotá 197 páginas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:12.0pt"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SSThRSOzthI/AAAAAAAAAd8/rCfc878En8s/s320/ceremoniasdeseo.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 124px; height: 202px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270585150998296082" /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; "&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt;Desde la fotografía que sus editores tuvieron a bien destacar en la portada del libro, el ejercicio local de un pequeño festival Woodstock, se sabe del camino que tomarán los relatos contenidos en &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Ceremonias del deseo&lt;/i&gt;, libro ganador en 2004 del premio nacional de Cuento Ciudad de Bogotá. De alguna manera me es imposible no asociar a su autor, Sandro Romero Rey, con aquel vate de la contracultura caleña, Andrés Caicedo -a quien tanto ha atesorado-, de quien ha sido el compilador de su obra póstuma desde 1980. Luego, aparece esa postura algo ochentera que vindica libros de culto como lo fueron &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Opio en las Nubes&lt;/i&gt; de Chaparro Madiero, o &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Conciertos del desconcierto&lt;/i&gt;, de Manuel Giraldo, este último algo olvidado dentro de la moda rockanrolera en la literatura juvenil, por llamarle de alguna manera. De entrada me encuentro con una serie de cuentos reunidos bajo el nombre &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Pasado(s) de moda &lt;/i&gt;en los cuales el Rock es algo más que un inofensivo &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;LeitMotiv&lt;/i&gt;, un homenaje demasiado emocional -melodramático casi siempre- a los abuelos del Rock y, como era de esperarse, al Caicedo de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Noche sin Fortuna&lt;/i&gt;. Romero Rey toma incluso frases de su tan querido suicida de provincia como aquel despescuezonarizorejamiento –proyecto de nombre para un libro de Andrés Caicedo más o menos reciente que Romero Rey rescató para la Editorial Norma-, en aras de saber si fue primero la gallina o el Rock, transliteración involuntaria de aquel &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Cine o Sardinas&lt;/i&gt; de cabrera Infante, algo así como Si hay cine no hay comida, y en este caso, ‘Si hay concierto ni mierda de pollo’. Vaya perogrullada. El asunto se resuelve con una desbocada ovación a los ídolos, lugares comunes, y a la careta escénica de estos desentendidos fanáticos de Bill Haley, Bo Diddley, Jerry Lee Lewis, Check Berry, Little &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;Richard, etc., etc. Un cuento sobre un músico que jamás llega a presentarse, otro sobre las peripecias médicas de un Iggy Pop perdido por estos lares del trópico y un último relato delirante –entiéndase: delirante hasta el hartazgo- sobre Frank Zappa. La segunda parte del libro lleva por nombre &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Correspondencia(s)&lt;/i&gt; y hecha mano de un par de sucesos, también referentes al Rock, como la visita de David Gilmour, Roger Daltrey o Charly García a Colombia. La tercera parte, &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Labiales y &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span lang="EN-US" style="mso-ansi-language:EN-US"&gt;rave&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="EN-US" style="mso-ansi-language: ES"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span lang="EN-US" style="mso-ansi-language:EN-US"&gt;Parties&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt; es la consumación de la hilaridad creciente que parecía delatar a Romero Rey en su adolescencia tardía. En general, este libro de cuentos es un breve descenso a los avernos. Al fondo, como una cuestión dantesca, esperan Los Rolling Stones, Led Zepellin o los Sex Pistols. Un par de relatos vertiginosos –&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;El triunfo de la (mala) voluntad &lt;/i&gt;y &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Los cuernos de «rinôçérôse»&lt;/i&gt;- a todas luces fruto de una dosis opípara de Cannabis Sativa, nos llevan a un festival imaginario: El Woodstock de Corferias, el recuento onírico de las obsesiones cinematográficas y musicales de un Romero Rey dramaturgo –aunque no veamos por ningún lado un discurso de tal naturaleza en estos cuentos-, fanático de una fila interminable de músicos, algo recurrente en sus citas y su alambicada emoción y fatalmente influenciado por libros como &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Qué viva la música, &lt;/i&gt;ya sabrán de que autor desaparecido a los veinticinco años.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; "&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt;La pérdida de ese salvavidas que proporciona el saber hasta qué punto un cuento se pervierte para convertirse en un viaje de psicotrópicos, o en el ejercicio juvenil que un hombre ya entrado en años creyó de alguna importancia dentro de su libro, sustrae a ratos la lectura de su valor literario. En cuanto a este descenso visto en las tres partes ya comentadas, al final del libro y como adecuado cierre a su selección, una cuarta parte propone un nuevo camino para el lector. Los dos cuentos contenidos en &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Ceremonias del deseo&lt;/i&gt; –título del apartado al igual que de la suma del libro-&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;, Auriculares y ventrículos &lt;/i&gt;y &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La fidelidad,&lt;/i&gt; nos plantean un acercamiento un tanto más sensible y menos fragmentario a las visiones y expectativas de este melómano que ha escrito un compilado de cuentos tan disímil como el presente. Ejercicios psicológicos, más estructurados en su hilo narrativo y, según se ve, más maduros en su estética y gestación. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; "&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt;El primero de estos, &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Auriculares y ventrículos&lt;/i&gt;, trae a colación, como siempre, &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;la música, el teatro y el cine, pero lo hace mediante el sarcasmo para subrayar algunos aspectos inherentes al drama que rige la historia. Una &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;femme fatale&lt;/i&gt;, estudiante de primer año del Teatro Libre de Bogotá, algo putíca y díscola –uno de los lugares comunes, a veces cierto, sobre el carácter disipado de las mujeres dedicadas al teatro- lleva a Mario, cineasta ya cuarentón y&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;algo proclive a los vicios, a perder los estribos en una obsesión amorosa que le deja sumido en la miseria. Como si Romero Rey jugara a revivir algún capítulo especifico, emprende un sondeo por las vacuidades del oficio teatral, revisa la vida de un Mario cocainómano, bebedor de Absenta, fanático de la telefonía celular y, finalmente, estragado por un afecto sin sentido. La ‘putíca y/o actriz’ se enreda con su profesor de actuación, tiene a su vez un novio de cabecera y posee todas las ‘cualidades’ inherentes a este mundillo del cual nuestro Sandro Romero Rey es arte y parte. Luego finalizamos con un cuento ágil y bastante cerebral, un hombre entregado a los afectos imaginarios, las mujeres que se cruzan en su camino en cada una de las líneas del metro. Cabe anotar que aún encontrándose tan ligado a las tablas, Romero Rey supo apartar aquellos asuntos de género que le habría llevado a reproducir alguno de sus ya conocidos ejercicios de dramaturgia, a su favor quedan bastantes argumentos sólo que no hay que hilar demasiado para encontrar el guiño adolescente, la parrafada posmoderna, el precario snob, en fin, el jueguito de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;kamikaze&lt;/i&gt; que a todo ha de atreverse en nombre de sus estrellas de Rock o de las piernas abiertas de una colegiala.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; "&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt;El premio es merecido y la lectura no está de más, el resto, el canon prestado de la contracultura, el vino barato y los alucinógenos. Nada más que un refrito para excusar su necesidad de seguir hablando de lo mismo: bragas, papas fritas y Rock and Roll. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; "&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language:ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-7909904025040235757?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/7909904025040235757/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2008/11/bragas-papas-fritas-y-rock-and-roll.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/7909904025040235757'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/7909904025040235757'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2008/11/bragas-papas-fritas-y-rock-and-roll.html' title='Bragas, papas fritas y Rock and Roll'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SSThRSOzthI/AAAAAAAAAd8/rCfc878En8s/s72-c/ceremoniasdeseo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-353706408597238406</id><published>2008-11-19T10:38:00.000-08:00</published><updated>2008-11-19T10:43:24.541-08:00</updated><title type='text'>Musica imperatrix Mundi</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;Por Sophia Vázquez Ramón&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold;"&gt;El mundo en el oído&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Ramón Andrés&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Editorial Acantilado&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Barcelona, 2008&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;575 páginas&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SSReNzmaaZI/AAAAAAAAAc0/sfyHuWUb468/s320/ACA0161.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 201px; height: 320px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270441055212956050" /&gt;&lt;div&gt;La especial fascinación de Ramón Andrés para con la figura y obra de Johann Sebastian Bach, me recuerda de entrada aquel aforismo del italiano Gesualdo Bufalino por el que sólo a través de la música del mejor de todos los compositores, podría ser posible, al menos contemplable, la idea de dios. Así ha quedado ya sentado en anteriores estudios musicales del autor, como el dedicado a W. A. Mozart y en el que, sin embargo, hace la siguiente aclaración inicial: “quien escribe este libro es un declarado admirador de Bach, por encima de cualquier otro músico”. En este sentido, podría parafrasearse a Bufalino arguyendo con esto, la posibilidad &lt;/div&gt;&lt;div&gt;de la cultura en razón al nacimiento de la música, y viceversa, como bien ha quedado sustentado en este nuevo libro del músico, poeta y ensayista español, nacido en Pamplona en 1955. &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El mundo en el oído es un intenso y bien equilibrado estudio sobre la música como lenguaje anterior en razón a su desprendimiento de la esencia del universo —“lo mismo que el silencio, la música es un fragmento de nuestro origen”—, el ritmo, el sonido de la materia, así como a su desarrollo y lugar dentro de los atavíos del conocimiento, dado que ha sido el vínculo primigenio con la palabra como descubrimiento y la música como inevitable consecuencia de la condición humana, “una realidad musical ligada a una pulsión metafísica”, como da cuenta Ramón Andrés al hablar así mismo de Schopenhauer o  Henry Bergson. Fragmento constitutivo, según queda allí explicado, y ante todo, un placer que, al igual que el lenguaje, procede del instinto y por ende no es otra cosa que materia constitutiva de su fisicidad. En tanto la investigación va esbozando los inicios de la música y su paso a la armonía y la formalización de este “lenguaje articulado”, que lleva al hombre a pensar no sólo en función de su lugar en el universo sino también en sí mismo a pesar y a propósito de los otros, El mundo en el oído explica cómo la materia del lenguaje auditivo pasó pronto a convertirse en espejo y representación de esos ulteriores latidos de la tierra, en la medida que la verbalidad y las divinidades iban exigiendo del hombre su cuota de signos orales como transmutación del alma por medio de la voz, aquí los primeros rapsodas o ‘zurcidores’:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;blockquote&gt;Enlazar los sonidos, hacerlos canto, concatenarlos, fue uno de los primeros sentidos alcanzados por la música, y es sustantivo que, como recuerda Ivan Illich en su extraordinario libro sobre la lectura monástica, uno de los significados de rapsoda o rapsodo (rhapsoidós) fuera el de ‘zurcidor’, por tratarse de alguien que hilvana cosas coherentemente, alguien que une «con costuras los retazos del pasado» y engarza versos y cantos.&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ramón Andrés, en su apuesta por preservar el curso de su estudio y sin detenerse más de lo debido en algunas consideraciones históricas, prolegómenos de las matrices geográficas y temporales que se impone para dar cauce al libro, recalca la idea de la música como cariz de las diversas manifestaciones humanas, la matemática de Pitágoras como fundamento de la ciencia musical, el mundo reducido a términos de armonía, abstraído y cristalizado en notas musicales, “consecuencia de una operación de cuyo resultado se deduce el equilibrio cósmico y, por consiguiente, la sustancia del alma”. Acaso ella misma como una especie de arte filosófica en sí misma según parecen haber encumbrado los griegos al procurarle “un papel rector de la conducta, de pauta del aprendizaje y medio de educación del espíritu y aun del cuerpo”; asiste por ejemplo a la gesta de los instrumentos como prolongaciones borgesianas de la imaginación y la supervivencia humanas, hasta desarrollada la máquina fundamental de su relación con el mundo,  “la música como evolución del habla y, por lo tanto, como refinada manifestación de un instrumento de comunicación”, ya que, como cita al hablar de Herbert Spencer, “el arte de los sonidos no era otra cosa que la suma y el fruto de un elaborado lenguaje que poseía la capacidad de transmitir y reflejar las emociones”.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Entre las distintas fuentes interdisciplinarias que desde luego han de recalar en la música por ser ésta constitutiva e inclusiva de ellas, bien vale  decir con W. H. Auden, en torno a la pregunta que este libro se ha hecho desde un principio, qué es, o en qué consiste la música: “[ella] deriva de una experiencia primaria, de una fuerza que lleva a cerrar un círculo entre el origen del mundo y la culminación del presente de cada uno”. Ante la otra cuestión, parece encontrarse para bien varias pero cercanas respuestas. Por un lado, Hesiodo refiere la más aceptada de las teorías, por cuanto las nueve musas que danzaban hacia la mansión del gran Zeus y de cuya gymnopedia galante habría nacido el término –otros aludían a la música como contracción de Mundi cantus, el canto del mundo-, luego, Mousiké, el arte de las musas, representaba no solamente la “técnica combinatoria de los sonidos que permite construir un espacio acorde con las necesidades espirituales y corporales del hombre”, reunía además, en su vocablo, el equilibrio de las artes concernientes a la naturaleza humana, albergando incluso a la literatura y, como se podrá ver hacia el final de este estudio, siendo ella misma la más acorde a las mareas de su existencia.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-353706408597238406?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/353706408597238406/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2008/11/musica-imperatrix-mundi.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/353706408597238406'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/353706408597238406'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2008/11/musica-imperatrix-mundi.html' title='Musica imperatrix Mundi'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SSReNzmaaZI/AAAAAAAAAc0/sfyHuWUb468/s72-c/ACA0161.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-2452474875748694344</id><published>2008-08-23T10:52:00.001-07:00</published><updated>2008-08-23T10:55:53.742-07:00</updated><title type='text'>Novelas para escapar al tiempo</title><content type='html'>Bomarzo&lt;br /&gt;Manuel Mujica Lainez&lt;br /&gt;De bolsillo&lt;br /&gt;Argentina, 2008&lt;br /&gt;699 páginas&lt;br /&gt;$25.000&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Por Sophia Vázquez Ramón&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SLBPAMcRdrI/AAAAAAAAAUU/dxoJ_fpidSE/s1600-h/BOMARZO.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SLBPAMcRdrI/AAAAAAAAAUU/dxoJ_fpidSE/s320/BOMARZO.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5237773231390291634" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;En más de un sentido, el anacronismo y la metahistoria son a Manuel Mujica Lainez lo que Bomarzo al duque Pier Francesco Orsini, protagonista de esta novela del autor argentino: la herramienta para una alquimia capaz de rescatar y reformular el pasado. El hallazgo sucede en Julio de 1958, cuando el escritor, tras una visita al bosque sagrado de Bomarzo, se da a la tarea de escribir una novela sobre Orsini y su singular colección de esculturas, al parecer secundaria dentro del ideario histórico italiano. Entregado por más de dos años a esta novela de largo aliento, lejana a la tendencia político-social o indigenista y al naciente realismo mágico que marcaba ya la literatura latinoamericana, Mujica Lainez construye su propio bosque, hecho de referentes, de símbolos, de un depurado barroquismo y escrito sobre el siglo XVI pero con el ímpetu de una novela del siglo XX.&lt;br /&gt;En primer lugar, se trata de “una anti-historia del mundo occidental”, como declarara alguna vez Jorge Luis Borges, escrita con el rigor de una novela que no pierde su tiempo al acudir a la crónica pero sin permitirse los desmanes estilísticos de esta. Se trata, por lo demás, de la vida de Pier Francesco Orsini vista a través del catalejo de la invención -las esculturas de Bomarzo-, de la autobiografía y a través de Mujica Lainez, quien le sobrevive casi que de una manera flaubertiana. Por un lado, se acude a la reconstrucción de hechos y situaciones históricas, estan Toulouse-Lautrec, Miguel Ángel, Mussolini, Victoria Sackville-West, Miguel de Cervantes -para entonces apenas un soldado anónimo-, existe a su vez el relato fantástico que termina por dar a la ficción su propio sello de realidad, por el otro, la revelación significa ese complejo diálogo entre escritor y personaje: La vida de Orsini “fue mi propia vida. El duque y yo somos uno… hemos vencido a la muerte”.&lt;br /&gt;Finalmente, se sabe que el duque ha engendrado su jardín etrusco con el fin de granjearse la inmortalidad, luego, tras crearse la dualidad Orsini-Mujica Lainez, los monstruos de piedra de Bomarzo llegan a la narrativa de este autor bonaerense para seguir en tal empresa: una apuesta por la eternidad, más allá de “la vulgaridad repetida e imbécil de lo uniforme”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-2452474875748694344?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/2452474875748694344/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2008/08/novelas-para-escapar-al-tiempo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/2452474875748694344'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/2452474875748694344'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2008/08/novelas-para-escapar-al-tiempo.html' title='Novelas para escapar al tiempo'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/SLBPAMcRdrI/AAAAAAAAAUU/dxoJ_fpidSE/s72-c/BOMARZO.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-2820867361251818909</id><published>2008-08-15T18:18:00.000-07:00</published><updated>2011-06-02T07:38:57.762-07:00</updated><title type='text'>La casa de la oración</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Libro del anhelo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Leonard Cohen&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Lumen&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Barcelona, 2006&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;247 páginas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;$74.000&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Por Carlos Andrés Almeyda Gómez&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;También en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;elespectador.com&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/-UnpzszBt2pA/TeeezpSr5JI/AAAAAAAAAx4/kKLSgJZH7G0/s200/Dibujo.JPG" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 134px; height: 200px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5613630070635357330" /&gt;&lt;span style=""&gt;Una suerte de credo sin religión, fruto del sincretismo que acompañara a Leonard Cohen en su transito por la l&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;iteratura –Cohen es licenciado en &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;Literatura Inglesa de la Universidad McGill de Montreal&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;– y su búsqueda de presuntos estéticos y espirituales, acaso el sufismo, el budismo zen,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y la impronta que confiere en el mundo contemporáneo el paso por la poesía y el &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;rock, este &lt;i style=""&gt;Libro del anhelo&lt;/i&gt; es también una revisión al secretamente turbulento mundo de este músico canadiense y, por lo mismo, es esa especie de &lt;i style=""&gt;pillow book&lt;/i&gt; abandonado en hoteles de paso, cuaderno de anotaciones garabateado en medio de la barahúnda de la ‘soledad asistida’ que significa el mundo moderno.&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/-10zcjtXEdnQ/Teef_9Vtg6I/AAAAAAAAAyA/eggW2rZVMVo/s200/LeonardCohen_Itwasthehat450.jpg" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 166px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5613631381686813602" /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;Desde una crítica soterrada y un contenido lenguaje ya característico en sus canciones, este nuevo libro de poemas -colección de "greatest hits" luego musicalizados junto a Philip Glass- muestra a un Cohen cercado por el misticismo y una infatigable conciencia&lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; de la realidad, casi que la materia misma de toda su obra. &lt;/span&gt;Este &lt;i style=""&gt;Libro del anhelo&lt;/i&gt; recoge algo más de doscientos poemas y anotaciones varias, además de estar ilustrado por el propio poeta. Apuntes como esta implacable sentencia: “la vida es una droga que deja de hacer efecto”, escrita junto a su poema “Trabajo en marcha”:&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;i style=""&gt;Va a enfermar y morirá solo&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;i style=""&gt;Es el personaje principal&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;i style=""&gt;De mi historia titulada&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;i style=""&gt;La casa de la oración.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;/i&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-2820867361251818909?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/2820867361251818909/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2008/08/la-casa-de-la-oracin.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/2820867361251818909'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/2820867361251818909'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2008/08/la-casa-de-la-oracin.html' title='La casa de la oración'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-UnpzszBt2pA/TeeezpSr5JI/AAAAAAAAAx4/kKLSgJZH7G0/s72-c/Dibujo.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-3294348662584639820</id><published>2008-06-29T17:25:00.000-07:00</published><updated>2008-06-29T17:38:47.383-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Extranjera'/><title type='text'>“La belleza es el preludio de la fatalidad"</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Por Sophia Vázquez Ramón* &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La tumba de las luciérnagas&lt;br /&gt;Las algas americanas&lt;br /&gt;Akiyuki Nosaka&lt;br /&gt;El acantilado&lt;br /&gt;Barcelona, 1999&lt;br /&gt;142 páginas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_GqibH2_uyyQ/SGgoZa1kFeI/AAAAAAAAAS8/Znbpk4VUnWg/s1600-h/ACA0018.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5217464585474545122" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_GqibH2_uyyQ/SGgoZa1kFeI/AAAAAAAAAS8/Znbpk4VUnWg/s320/ACA0018.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Acaso cercana a la fatalidad en un sentido griego, la idea que de la caída y la derrota puede encontrarse en los conceptos esbozados desde la novela japonesa cercada por el periodo de posguerra podría justificar el título rilkeano que he dado a esta nota sobre dos novelas de Akiyuki Nosaka (Kamakura, 1930), sobre todo por tratarse de dos textos separados apenas por los insucesos nucleares que marchitaron al Japón tras la segunda guerra mundial. En más de un sentido, la novelística que se vio influenciada por la derrota de Japón y acaso por la renuncia de su Emperador a la divinidad, sacaron de su encierro cultural a buena parte de una narrativa que en algunos casos ratificó su apuesta por una visión nipona del universo, mientras que a otros les llevó a occidentalizarse hasta variar casi por completo los trasuntos mismos de su indagación estética. Autores como Dazai Osamu, Ibuse Masuji y Ooka Shohei se vieron profundamente marcados por la guerra, y otros, profusamente alienados por el periodo posterior, mejor conocido como el periodo de la reeducación. Entre estos dos extremos, las novelas que ha publicado El Acantilado dan dos perspectivas de tales insucesos, aquí desde un relato más o menos autobiográfico (Nosaka fue un huérfano vagabundo que, según se cita en el libro, adquirió sobrada experiencia en la “escuela de las ruinas calcinadas y del mercado negro”) que relata la odisea de un par de hermanos en medio de los bombardeos hasta acaecida la muerte de Setsuko y luego de Seita, su hermano mayor. El libro relata con delicada tristeza, siempre con la precisión y la síntesis que caracteriza a la literatura japonesa, onerosamente resguardada por el poder de una lengua de inmenso poder semiótico, la errancia de dos pequeños alejados de su madre, huyendo en medio de los bombardeos mientras poco a poco el clima de crisis termina por acabar con sus vidas. El bello episodio que demuestra mi tesis apenas sugerida en esta nota, un pasaje sublime que refrenda la fatalidad como un espacio de innegable fuerza existencial, explica el título de esta novela -Hotaru No Haka-, la muerte e improvisado funeral de&lt;br /&gt;la pequeña Setsuko:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El fuego se extinguió a altas horas de la noche y, al no poder orientarse en las tinieblas para recoger los huesos, se acostó junto a la fosa; a su alrededor había una multitud de luciérnagas que Seita ya no intentó atrapar: con ellas, Setsuko no se sentiría tan sola, las luciérnagas la acompañarían.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ya emblemáticas, las luciérnagas encarnan en la cultura japonesa una suerte de bienestar y de buen augurio para la vida rural, incluso se sabe de un mito por el cual las luces de las luciérnagas representaban las almas de los muertos. En la literatura, se tiene noticia de de su aparición en uno de los textos más antiguos de la tradición poética, Man Yoshu, una colección de poesía que data de finales del siglo VIII. Luego, aparecen en Haikus del periodo Edo (1603 - 1867) hasta que, al convertirse en objetos de culto y de fascinación, empiezan a ser cazadas y comercializadas. La segunda novela breve que aquí se incluye, Las algas americanas, atraviesa ya los linderos de la tragedia para tratar otros dilemas de la guerra. Aquí el periodo de la reeducación y la relación de la cultura y el sentir japonés con la ocupación norteamericana. El caso de esta novela, que ya revisa con algo de gracia y de ironía este singular encuentro de dos mundos, recuerda una novela de Kenzaburo Oe, precisamente determinada según esa rara hospitalidad y ese orgullo taimado que escondía buena parte del pueblo japonés al verse trasgredido por una cultura y pareceres distintos. La llegada de la Democracia, la Constitución, junto a las diferencias idiomáticas y culturales que en esta novela llenan de humor aquello que caracteriza a la cultura japonesa, “una sumisión de profundos significados”, a la que, sin embargo, atraen sobre todo la dignidad y el fervor japonés lejos de esos desastrosos modelos de occidente que no dejan otra cosa que remedos de paraísos terrenales.&lt;br /&gt;El libro relata la visita de un matrimonio de pensionistas. En tanto el clima de ‘alienación’ y desconcierto ante el edicto imperial de rendición cobraba entre los japoneses su cuota, la relación con occidente dejaba, junto al desastre y el infierno de los bombardeos y el clima de posguerra, un cierto sabor de ironía, aquí lúdicamente presentada por Nosaka:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Hasta que perdimos la guerra, aunque no nos enseñaban gran cosa, aprendíamos el inglés escrito; después de la derrota, sólo clases de conversación, y el lema era “Come, come, everybody”. Durante el cuarto año de bachillerato, se fundó un club de E.S.S. [English Speaking Society], frecuentado por la élite de la escuela; un Dôjô de judo, ahora convertido en club de lucha libre, me abordaron con un “Wattsumaraizuyû”, ¿Cómo? ¿Tsumara?, tsumara debe ser mañana, ¿me estará preguntando qué haré mañana?; uno de ellos, alumno del curso superior, lanzó una risa burlona: “Si dices What’s matter with you?, no te entenderán en absoluto...&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Llevada al cine de animación por Isao Takahata, La tumba de las luciérnagas resulta en verdad fascinante: crítica de la guerra y descarnado documento literario y fílmico de los estropicios de la humanidad, compone, junto con Las algas americanas, una interesante revisión del antes y el después del ataque nuclear, la belleza nipona, la fatalidad y la patética ironía de un Japón asediado por invasores hambrientos, como bien lo ha demostrado la historia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;   *Sophia Vázquez Ramón&lt;/strong&gt; n&lt;em&gt;ace el 12 de Diciembre de 1972 en Caracas, Venezuela. Periodista, publicista y editora. Actualmente reside en São Paulo Brasil, desde donde colabora en diversos medios alrededor del mundo.&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-3294348662584639820?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/3294348662584639820/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2008/06/la-belleza-es-el-preludio-de-la.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/3294348662584639820'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/3294348662584639820'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2008/06/la-belleza-es-el-preludio-de-la.html' title='“La belleza es el preludio de la fatalidad&quot;'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_GqibH2_uyyQ/SGgoZa1kFeI/AAAAAAAAAS8/Znbpk4VUnWg/s72-c/ACA0018.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-71740422772864946</id><published>2008-01-29T19:36:00.000-08:00</published><updated>2008-01-29T20:10:13.534-08:00</updated><title type='text'>Échale salsita</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;El libro de la salsa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;"&gt;César Miguel Rondón. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Ediciones B. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Bogotá, 2007. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;436 páginas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-family:Garamond;" &gt;Por Juan Manuel Roca&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_GqibH2_uyyQ/R5_xLEcLPaI/AAAAAAAAAMg/7ECqzL-g7BQ/s1600-h/Salsa.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 228px; height: 298px;" src="http://bp0.blogger.com/_GqibH2_uyyQ/R5_xLEcLPaI/AAAAAAAAAMg/7ECqzL-g7BQ/s320/Salsa.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5161108870462651810" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;Se sabe que toda cultura es un cruce de caminos, un fecundo mestizaje. De eso da muy buena cuenta la música antillana, aquella que en lo que tiene que ver con la más grande matriz musical del Caribe, Cuba, sufrió el cercenamiento de su lado indígena, de sus areítos borrados de la historia por un largo genocidio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Eso es algo que no ocurrió de manera tan flagrante con la música popular colombiana, pues si aguzamos bien el oído como esos vagabundos que lo ponen en la carrilera del tren para saber si se acerca, podremos oír en las gaitas indígenas, por citar un solo ejemplo, en las cumbias y en el porro, los acentos de la música indígena en yunta con los ritmos afros y españoles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;En el caso cubano y su adiós al areíto, que según historiadores como Helio Orovio –a quien debemos un buen diccionario de la música cubana- se acompañaba de sonajas, maracas y fotutos, no quedan huellas de esa prehistoria musical, pero sí resulta rastreable la presencia de los influjos africanos que desembocaron en el son, en el danzón y en la salsa, una música que nació como hija exiliada de Cuba y Puerto Rico, especialmente, en la ciudad de Nueva York.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt; Todavía hay quienes no se acomodan al término salsa. Los puristas que se oponen a ese sonido mixto que por momentos se volvió un formato comercial, evocan a Ignacio Piñeiro y su “Suavecito” de 1930, en el que el habanero&lt;br /&gt;cantaba así:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;“El son es lo más sublime&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;para el alma divertir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;Se debiera de morir&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;quien por bueno &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;no lo estime”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;Pero habría que recordarles otra canción del mismo Piñeiro, “Échale salsita”, para no dejar escorar el barco hacia el lado del purismo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;“En Catalina me encontré lo no pensado,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;la voz de aquel que pregonaba así:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  lang="IT" &gt;Échale salsita,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  lang="IT" &gt;Échale salsita, échale salsita”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;Todo esto se agolpa, y muchas cosas más, en este libro del musicólogo, cronista&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;e historiador de la salsa César Miguel Rondón. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;  &lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p class="MsoBodyText" style="margin-bottom: 0.85pt; line-height: 13.3pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;“El libro de la salsa” es un volumen que suena, que evoca, que se lee con ritmo y, en recuerdo de viejas emociones, con la percusión de ese pequeño timbal que en lenguaje corriente llamamos corazón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Arranca esta suerte de crónica musical en el año 50, en el Palladium, en una pista de baile para mil personas que no se llenaba ni en una cuarta parte para bailar, según recuerda Rondón, ritmos como el foxtrot, el tango y el “viejo swing”, es decir, para una lánguida fiesta en un espléndido palacio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;El administrador del Palladium decidió entonces cambiar de música y atraer a los latinos con mayor entusiasmo. Se puso en contacto con Machito, el formidable Machito (Frank Grillo) y sus afrocubanos y con Mario Bauzá, que fue, de nuevo cito a Rondón, quien bautizó el nuevo lugar con el nombre de una composición del grande del tambor, Chano Pozo, quien sería pocos años después asesinado en Harlem en 1948.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt; El nombre del sitio y de la canción escogidos fue “Blen-blen-blen”, una guaracha que antecedió a su popular “Manteca”, ese ritmo que tanto entusiasmara a Charlie Parker.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;Chano Pozo ya había sido celebrado por Dizzie Guillespie y en su nombre se abrió una década rumbera sin precedentes en el nuevo templo de la música que llevaría el nombre gastronómico de salsa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Imaginen un lugar por el que pasan Antonio Machín, ese gran bolerista que aún en España donde murió se considera vivo como el cadáver de “El Cid”, Graciela “la bochinchera”, la explosiva y graciosa hermana de Machito y, entre otras, una voz pequeña pero más que armoniosa, una cadencia que influyó en tantos otros cantantes, desde Vitín Avilés y Felipe Pirela hasta Jimmy Savater y Cheo Feliciano. Lo anunciamos con una fanfarria: el puetoriqueño renovador del bolero, Tito Rodíguez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;El mismo Tito hacia 1963, dato para sabuesos de la salsa y de la música colombiana, grabó la formidable cumbia de Wilson Choperena, “La pollera colorá”. Algo que de no ser por Rondón este reseñador no hubiera sospechado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Una virtud más de “El libro de la salsa”: está escrito con mesura, espiga anécdotas en uno y otro lado, pero no cae en el vicio del dato y de lo meramente cronológico, como sucede con otros libros sobre el género.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Más allá de los tópicos, de los lugares comunes inevitables en una historia musical, Rondón nos arrastra por barrios latinos, que son iguales en su colorido, en su amargura, en esa pobreza que desaparece cuando se inicia el baile, en cualquier país donde la salsa se manifieste. Da lo mismo que sean barrios enclavados en Nueva York o en el Caribe.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Fueron los barrios los que, al unísono con las disqueras que olfatearon el gran filón de una música que desembocó en el boom de la salsa, le dieron a esos ritmos su pasaporte internacional, algo así como el esperanto del ritmo antillano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Son buenos y sin alardes los argumentos que presenta el autor venezolano, basados en hechos y en algunos supuestos que es lo propio de las mitologías populares.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p class="MsoBodyText" style="margin-bottom: 0.85pt; line-height: 13.3pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;El hecho, por ejemplo, de que la ductilidad del son cubano sea lo que permite la alimentación con otros sonidos, desde aires tan distintos como el pop o el boogaloo, aderezados con los sonidos provenientes del jazz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Así, un legendario sexteto, el de Joe Cuba (“Con la punta del pié”, “Quítate de la vía Perico”) implementa el sonido del vibráfono haciendo de su música un momento exquisito con una nueva impronta. Como ocurrió con la aparición en la escena de Ray Barreto, un raro especímen nacido en Nueva York pero “hecho músico en Alemania, mientras cumplía el servicio militar”. ¡Vaya! Ser militar y no perder el oído es una verdadera gracia, una prueba de fuego, habría que agregar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="margin-bottom: 0.85pt; line-height: 13.3pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;Barreto llega a la salsa desde las cabeceras del jazz, como ocurre con nuestro magistral Joe Madrid, de quien bastaría recordar sus arreglos para Mongo Santamaría y para Harlow. Para el primero la “Cumbiamba” y para el segundo su “Cumbia típica”. ¿No lo justificaba ya el hecho de que un gran contrabajista del jazz y del be-bop, Charles Mingus, hubiera fusionado una música de alto rango estético, en algo que llamó “Cumbia-jazz-fusion”?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="margin-bottom: 1.7pt; line-height: 13.3pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;En cualquier capítulo que se abra de “El libro de la salsa”, en esta segunda edición corregida y aumentada e irrigada de una buena iconografía, hay algo de interés para el enamorado de una música que ya vivió sus mejores momentos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;Sí, una música que ya tuvo su esplendor y que solo ocasionalmente se vigoriza. Unos ritmos a los que ayudó de manera evidente el cine, con películas que exaltaron el boom de los setentas. Como ocurrió con “Nuestra cosa latina”, el filme de León Gast, que hizo que a distancia, en los cines de barrio, la gente de las ciudades vocingleras y musicales del continente no lograra acomodarse en las butacas: los movían de ellas las imágenes y el sonido de una pléyade de músicos convocados por “las estrellas de Fania”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="margin-bottom: 1.7pt; line-height: 13.3pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;Esto ocurrió cuando estaba en la cima el fenómeno de la salsa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt; Es una grata historia. Desde Benny Moré, el lajero sin igual que grabó discos con Dámaso Pérez Prado, “un chaparrito con cara de foca” a quien debemos en conjunción con Cachao las delicias del mambo, hasta Jonhnny Pacheco, es una grata historia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Desde Vicentico Valdés hasta el expresivo y trágico Héctor Lavoe, pasando por un centenar de compositores e intérpretes, hay mucha tela por cortar. Mucho ritmo por bailar y por cantar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;La primera edición del libro de César Miguel Rondón de 1979 dejó abiertas las puertas, con algún entusiasmo, al resurgimiento de la salsa, que no se ha dado sino a medias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;p class="MsoBodyText" style="margin-bottom: 1.7pt; line-height: 13.3pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;Ahora se agregan algunos nombres que ya eran un porvenir casi asegurado y algunos otros que aparecieron en la escena. Nos detenemos otra vez en sus elogios a Joe Madrid, por una tendencia a recordar lo bueno que olvidamos en Colombia. Y en Justo Almario, el excelente flautista costeño. Los dos músicos colombianos tocaron con Mongo Santamaría la ya registrada cumbia de Joe, acompañados de tambores llevados de nuestro litoral, en una experiencia musical que Rondón califica (entretanto la oigo en el viejo disco duro del recuerdo), de “alternativa distinta” frente al cerco comercial. Allí cantaba el virtuoso Justo Betancourt.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="margin-bottom: 0.55pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;Como esta reseña no es un disco de “larga duración” me basta con señalar que este es un libro que desborda alegría. Y que reconfortan las señales de buenos músicos colombianos, casi todos en la diáspora ante la malformación musical propuesta por nuestras disqueras. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;Acá figura, entre los grandes, Edy Martínez, el pianista pastuso que ha tocado con otros de los grandes de la salsa y a quien debe mucho de su vigor la orquesta de Ray Barreto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt; También figuran Héctor Martignon y Jairo Varela, el fundador de Niche que ahora resulta grabando una lamentable canción que pide la reelección de un sordo, no sólo a la música (admira a Juanes), sino a los que opinan de modo diferente a su lesa majestad (es sintomática su laberintitis).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt; Se trata de una historia a muchas voces, de un gran capítulo de la creatividad musical del continente publicada por primera vez hace 25 años, donde el resabido estribillo de “quítate tu p’a ponerme yo”,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;ya no resulta tan fácil de expresar, pues no son muchos ni muy notables los posibles relevos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="margin-bottom: 0.55pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;No tanto porque todo tiempo pasado haya sido mejor, como por el hecho de que lo que más se difunde, el espantoso merengue, el desastroso vallenato de hoy, la insabora bachata, la anquilosada nueva trova cubana, que ni es nueva ni es trova y lamentablemente es cubana, contribuyan a callar los mejores momentos actuales de un ritmo al que Chucho y Bebo Valdés, el renovado Irakere con&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;su “misa negra”, Cachao y otro puñado de creadores, no dejan morir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Son los que siguen la estela luminosa del Benny, de Barroso, de Chano Pozo, de Arsenio, de Bauzá, de Portillo, de Jorrín, de Barbarito, de Puntillita, de Pío Leyva, de Arcaño, de Laserie, de Chocolate, de Bola de Nieve, de Chapotín, de Fajardo y de Embale y de las grandes mujeres de la canción, Omara, Isolina, Graciela, Celeste, Celia, María Teresa, tantas otras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="margin-bottom: 0.55pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;Coda: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="margin-bottom: 0.85pt; line-height: 13.3pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;A Bartolomé Maximiliano Moré, que se hizo el muerto hace 42 años, dos meses y cinco días.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="margin-bottom: 0.85pt; line-height: 13.3pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="margin-bottom: 0.85pt; line-height: 13.3pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;"&gt;Juan Manuel Roca&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:130%;"  &gt; &lt;i&gt;es escritor, poeta y periodista. Recientemente publicó su primera&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;novela Esa maldita costumbre de morir bajo el sello Alfaguara.&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="margin-bottom: 0.85pt; line-height: 13.3pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Garamond;font-size:11;"  &gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify;" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-71740422772864946?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/71740422772864946/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2008/01/chale-salsita-el-libro-de-la-salsa.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/71740422772864946'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/71740422772864946'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2008/01/chale-salsita-el-libro-de-la-salsa.html' title='Échale salsita'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_GqibH2_uyyQ/R5_xLEcLPaI/AAAAAAAAAMg/7ECqzL-g7BQ/s72-c/Salsa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-5131457167424363071</id><published>2006-11-15T09:55:00.002-08:00</published><updated>2008-01-20T18:07:37.056-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Historia'/><title type='text'>Colombia: Hegemonía de la supervivencia</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 18pt; text-align: left;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Colombia: Una nación a pesar de si misma&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;David Bushnell&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Planeta editorial&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: left;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;432 páginas &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Por Carlos Andrés Almeyda Gómez&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;En un conocido documento, publicado no tan recientemente en EEU&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;U por la revista &lt;em&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;The Economist&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn1" name="_ednref1"&gt;1&lt;/a&gt; y vertido al español por la revista &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Semana&lt;/span&gt;, un grupo considerable de expertos politólogos e investigadores realizó un análisis del conflicto colombiano a partir de la debacle social inherente a los enfrentamientos armados a lo largo del territorio. Dicho estudio tuvo la propiedad de ser quizá el más fidedigno documento presentado sobre el particular, visto por observadores internacionales&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt; y catalizado por la sobriedad de un estudio que no dejó ningún punto al azar y que además resulto de gran valía para la comprensión del problema por parte de los estamentos nacionales. En uno de sus apartes, los investigadores traen a&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt; colación las palabras de David Bushnell, historiador norteamericano dedicado a la investigación sobre nuestro país, al decir que Colombia es “el menos estudiado y quizás el menos comprendido (por los extranjeros) de los países de América latina”. Dichas palabras hacen parte de la introducción liminar del libro Colombia, una nación a pesar de sí misma (2), estudio realizado por el historiador de Harvard, actualmente profesor emérito de &lt;st1:personname productid="la Universidad" st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt; de California, David Bushnell, quien se dio a la tarea de realizar una historia de Colombia a través de la óptica de un investigador -extranjero a su desarrollo y sus conflictos- que no pretende realizar “una historia completamente objetiva” ya que “si bien la total imparcialidad es deseable en el campo académico, en la practica humana resulta imposible.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Puede incluso preverse la labor historiográfica que s&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;e &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;realiza d&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;e manera externa como una forma un tanto más neutral de tratar todos aquellos iconos que para el investigador local resultan materia inapelable pero&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt; que al ser revisados desde fuera cobran un matiz más real en tanto la historia tratada o develada se presta para una revisión espontánea y locuaz. Bushnell no pierde el tiempo al realizar un trazado retrospectivo cuyo énfasis se encuentra en &lt;st1:personname productid="la Colombia" st="on"&gt;la Colombia&lt;/st1:personname&gt; moderna como territorio ambivale&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;nte y complejo en donde su labor llega a tomar una beligerancia mayor que la de otr&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_GqibH2_uyyQ/R5P6dCx4QxI/AAAAAAAAAK0/DDro4qEGU8k/s1600-h/solo_en_mundo.Israel.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 463px; height: 364px;" src="http://bp1.blogger.com/_GqibH2_uyyQ/R5P6dCx4QxI/AAAAAAAAAK0/DDro4qEGU8k/s320/solo_en_mundo.Israel.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5157741375138579218" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;os trabajos de similar factura que otros compiladores y escritores realizaron con antelación. El principio básico de toda ruptura con el canon de los historiadores colombianos, sucede en la medida que este trabajo cobra matices de ensayo, en tan&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;to la historia no es su pretexto para dirimir sino su objeto fundamental para argumentar. Esto es, encontrar en los recovecos de una historia plagada de galimatías y pugnas políticas, los elementos necesarios para una revisión veraz de esa Colombia –que para la práctica investigativa merece tanto de objetiva enunciación como de partícipe y subjetiva interjección- en cuyo desarrollo como nación puede el lector común develar las taras de una crisis que no cesa de mostrarse en sus diversas manifestaciones. Así las cosas, una elaboración foránea y académica se hace aún más necesaria que los propios documentos que reposan en los archivos de la nación sin llegar a ser consultados abiertamente, y&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;a que de una u otra forma la historia de Colombia no es un tema tan fácilmente equiparable.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Lo primero que viene a consideración es su titulo. Ya sea por que la traducción al español deja cierto aspecto fuera de él, al omitirse una parte que en este caso responde algunas preguntas alrededor de las imprecisiones –o más valdría decir, revisiones superficiales- de la historia anterior a la formación del territorio llamado propiamente como Colombia y que ameritarían un análisis antropológico detallado si no fuera por la condición que tiene su autor como “decano de los colombianistas norteamericanos”. El titulo que se omite reza &lt;span style="font-style: italic;"&gt;The Making of modern Colombia&lt;/span&gt; (La formación de &lt;st1:personname productid="la Colombia" st="on"&gt;la Colombia&lt;/st1:personname&gt; moderna) y explica el porqué de la no profundización en los ítems anteriores al objeto principal del libro. Sin embargo, en su versión española los editores han preferido subtitularlo como De los tiempos precolombinos a nuestros días, cuando en realidad no es mucho lo que este libro llega a decir acerca de las culturas precolombinas en el territorio. El libro hace apenas un leve recorrido por las culturas indígenas así como sobre ciertos episodios de la conquista y &lt;st1:personname productid="la Nueva" st="on"&gt;la Nueva&lt;/st1:personname&gt; granada, enfatizando el rumbo de la investigación en el desarrollo político del país ya hacía mediados del siglo XIX.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;En su libro &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La búsqueda del equilibrio&lt;/span&gt;3 Ana María Falchetti enuncia aquellos problemas que en cierta medida han debilitado la relación de los pueblos indígenas con el sistema occidental que gobierna nuestro país. En la medida que se compila información referente a las culturas indígenas se debe no solo consignar hec&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;hos que den cuenta de ciertas tradiciones etno-culturales, relatos de ritos y leyendas fundacionales y destrezas orfebres o agrícolas, también es necesario profundizar en su contexto como grupo y en sus mitos y sistemas político y religioso. Por un lado, los preceptos cosmogónicos (el mito de creación), los antropogenicos (El surgimiento de su comunidad) están loablemente afianzados en cualquier actividad que comprometa su supervivencia o el sostenimiento de una riqueza que Colombia aún ostenta en nuestros días frente al resto del mundo. David Bushnell se refiere a ciertos sacrificios muiscas y dedica apenas una veintena de páginas a los antecedentes indígenas del país. No está de más enunciar que en el desarrollo del libro el tema indígena está presente en buena parte de los sucesos que han marcado la historia de los países del nuevo mundo, luego de la mutilación cultural por parte de la colonia española. Recogidos a través de los últimos 30 años, los testimonios de las comunidades compilados por antropólogos de todo el mundo, son garante de una supervivencia cultural que en el campo historiográfico resultan de un valor inestimable, ya que dentro de los conflictos y querellas políticas que ha padecido el país el tema indigenista ha quedado en buena medida fuera de discusión, pese a no haber representado durante mucho tiempo un grupo étnico realmente protegido por la constitución, aunque en la actualidad su inexistencia como sociedad esté ya revaluada por su notoria participación en el sistema democrático y en los órganos legislativos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Para el académico, resulta de vit&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;al importancia la exploración histórica alrededor del país como republica conformada tras un proceso independentista y en ello ha invertido buena parte de sus investigaciones, en las que sobresale como epicentro la argumentación sobre la travesía de Simón Bolívar así como el desarrollo político en el país en las tres ultimas décadas, el fenómeno de la violencia y el anterior proceso y consecuente guerra civil llamado el bogotazo, el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán ocurrido el 9 de abril de 1948 en plena carrera séptima de Bogotá. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Para un libro que se traza como “la primera historia de Colombia escrita originalmente en inglés”, resulta valorable la atención que se presta a los diversos ítems de su constitución como territorio y la exposición cronológica que Bushnell teje a la par de ubicaciones espacio-temporales sobre lo que acontece fuera de las fronteras demarcadas por el objeto de la investigación. El autor nos pone al tanto de lo que ocurre en México o en Europa a la vez que sus exposiciones entran en materia, esto es, el clima político en el país desde finales del siglo XVIII. Para David Bushnell, la presentación de algunas características aparentemente menores, como el tamaño de la biblioteca de Antonio Nariño, le colocan en algunos trechos del libro, cerca a anteriores historiadores como es el caso del padre de la historiografía tal y como la conocemos hoy día, Herodoto. Dicho recurso resulta indispensable, ya que Bushnell ha querido captar la atención del publico extranjero, ávido de un acercamiento inteligible con la historia de un país en aras de hacerse a una imagen internacional conciente y documentada.&lt;br /&gt;Para Bushnell, la cuestión ind&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;ependentista en Latinoamérica llama más la atención que otros aspectos anteriores, pionero de esta suerte de trabajos investigativos ha realizado sesudas investigaciones sobre Simón Bolívar o el general Santander empeñado en rastrear una historia que para él no había sido objeto de estudio como sí lo fue en su momento la historia mexicana. “En años recientes, sin embargo, se ha dado un auge de los estudios de historia socioeconómica y cultural, y esto al parecer ha incidido negativamente en el estudio de la época de la independencia, de acuerdo con el criterio algo equivocado de que la emancipación no conllevó hondas transformaciones sino en las relaciones políticas”&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn4" name="_ednref4"&gt;4. &lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Vale la pena hacer precisión en lo referente a la fallida conspiración contra el régimen bolivariano hacia finales de 1828; endurecida dicha dictadura, el clima político parecía caldearse hasta el grado de mostrar un sincretismo político que hasta el presente ha debilitado la imagen de esos extremos políticos que no tienen una silueta reconocible, es decir, el comportamiento político no ha tenido más asidero que las circunstancias cambiantes de una política partidista a medio hacer –se puede leer el aparte sobre las guerras liberales y conservadoras que le significaron al país un importante número de vidas- así como una política penal que aún hoy tiene en su haber la posibilidad del exilio o aún más sorprendente, la noción de pena y olvido como salida posible para una arbitraria desmovilización de los actores del conflicto en nuestro territorio.&lt;br /&gt;El fenómeno de la violencia en C&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;olombia no tiene por estratagema las movilizaciones sociales o la guerra civil en su más compleja forma, como posibilidades democráticas. Los levantamientos han sido controlados pese a no haber existido en el país una idea unilateral ni una conciencia civil radical o sostenida a ultranza a la hora de provocar esos cambios sociales de rigor. Puede por ende, verse el problema que la resolución de conflictos tiene en un Pals como Colombia, ora su diversidad cultural y política por la cual muchos lugares y territorios del país figuran como una suerte de pequeña polis, que actúa a la sazón de su incomunicación terrestre –rutas demasiado prolongadas por tierra, carreteras con problemas técnicos, inseguridad vial-, situación que desde la constitución del estado, matizaba el sismo existente entre las poblaciones rurales y las urbanas, así como entre diversos órganos de control político cuyas divergencias el país sigue afrontando hasta la actualidad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;" align="justify"&gt;Puede que para Bushnell, el centro de un problema en avalancha tenga su centro en la segregación socio-política de los territorios de &lt;st1:personname productid="la Nueva Granada" st="on"&gt;la Nueva Granada&lt;/st1:personname&gt;, así como en la republica de Colombia que repitió tal fenómeno a expensas de una política social y cultural inexistente, si bien otros problemas de índole jerárquico seguían sin resolverse.&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;" align="justify"&gt;El proceso constitutivo de una nación como tal, corresponde a la época de 1832, momento en el cual se instituye la primera constitución de &lt;st1:personname productid="la Nueva Granada" st="on"&gt;la Nueva Granada&lt;/st1:personname&gt;, un documento “similar a la constitución de &lt;st1:personname productid="la Gran Colombia" st="on"&gt;la Gran Colombia&lt;/st1:personname&gt;” en cuya normatividad la democracia quedaba supeditada a una tesis más bien republicana. Los índices de empobrecimiento, la segregación y las mutilaciones culturales, fisuras sociales irreversibles, darían cierto poder las clases sociales emergentes que dictaminaban el rumbo de los poderes gubernamentales. Sin embargo, Bushnell hace notar hasta que grado aquellas prioridades administrativas –adaptadas en su gobierno por el general Santander- llevaron al traste un conflicto de intereses que iría creciendo conforme los escollos del gobierno. Así mismo, vale la pena resaltar un fenómeno que la historia reciente del país ha dado en llamar desmemoria política y por el cual siempre hemos elegido nuestros gobernantes aún pasando por alto anteriores faltas o hechos por los que se supiese de su ineficiencia en el poder. Asumir un país a través de la amnesia es para la democracia, síntoma de desequilibrio y agravante para la ejecución de un sistema de gobierno que permita salir avante de la debacle social que la historia ha consignado fielmente como común denominador de nuestros procesos políticos.&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;" align="justify"&gt;Bushnell acomete en la tarea de realizar en Colombia, una nación a pesar de sí misma, más que una toma de pulso a los paradigmas de nuestra formación cultural o social, una revisión medida del devenir político sin tomar partido de manera determinista o excluyente, nombra los hechos, anota ciertos aspectos paralelos y enuncia con tono particular ciertas anomalías históricas que puedan presentársele en el curso de su trabajo de compilación y posterior análisis.&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;" align="justify"&gt;Para Bushnell la situación colombiana frente al resto del mundo sufre un grado de incomunicabilidad bastante crónico, ya que Colombia no ha sido políticamente equipárale a otros países de nuestra cercana geografía, bien sea el caso de los procesos democráticos en otros países o la falta, según dictamina el profesor, de dictaduras militares o serios movimientos populistas que le colocasen en el ojo del huracán y la opinión publica.&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;" align="justify"&gt;No está de más enunciar que en efecto Colombia sí ha padecido de enfrentamientos de gran envergadura y de conflictos sociales que sin embargo ni responden al común denominador de otros problemas sociales en el continente. &lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="EN-US" style="font-family:Georgia;"&gt;“Colombia does not fit the stereotypes and “models” conventionally used to discuss Latin America: almost no military dictatorships, a weak political left, and the lack of a serious “populist” movement”. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;No obstante, resulta falaz hacer este tipo de afirmaciones justamente en el momento en que el país lleva sufriendo de un enfrentamiento armado sin tregua y padeciendo así mismo del flagelo del narcotráfico por el cual sería difícil no darnos a conocer en el resto del mundo. En la medida que el catedrático Bushnell aclara el porqué de la poca información preexistente en el camp&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;o histórico sobre el país salta a la vista el hecho de tener al fin resuelta tal paradoja. En el ultimo tercio de siglo, una cantidad nada desestimable de investigadores, antropólogos, organismos internacionales se han dado a la tarea de refrescarnos la memoria así como autores nacionales que han hecho importantes aportes al trazado de nuestra historia, como es el caso de Indalecio Lievano Aguirre, escritor colombiano que Bushnell califica constantemente como un autor “revisionista”. Vale la pena volver a lo que atañe a la época colonial, mencionando que Bushnell acusa a Lievano y su libro Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia, de mostrar “una provocativa pero poco documentada documentación” acerca de lo que concierne a la población indígena, cuando en realidad es poco lo que Bushnell hizo en su investigación por ellos. Nombra, sin embargo, a Juan Friede como un estudioso que sí da su lugar a los indígenas en su estudio "Los indígenas bajo la dominación española" (1974).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_GqibH2_uyyQ/R5P6xCx4QyI/AAAAAAAAAK8/7BesXeCDksQ/s1600-h/William.Blake.disidente+iluminado.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 591px; height: 440px;" src="http://bp1.blogger.com/_GqibH2_uyyQ/R5P6xCx4QyI/AAAAAAAAAK8/7BesXeCDksQ/s320/William.Blake.disidente+iluminado.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5157741718735962914" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;The Making of Modern&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt; Colom&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;bia&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; está dividida en once grandes capítulos. Apenas un número menor de páginas son dedicadas aquí a la relación en la conquista entre los pobladores nativos del territorio y los españoles, aunque se menciona con cierto detalle la devastación ecológica y el saqueo de las riquezas minerales existentes en &lt;st1:personname productid="la América" st="on"&gt;la América&lt;/st1:personname&gt; indígena.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Tras la mascarada de la independencia surge en la historia de nuestro país un confuso proceso legislativo que parece sintetizar todas las falencias gubernamentales, políticas y sociales de la actualidad. La historia de la democracia en nuestro país tiene un singular nacimiento, si bien su proceso de conformación legislativa pasó por variadas y complejos reordenamientos. La constitución planteada en 1821 tiene como documento la propiedad de ser un tratado de normas cuya plena consecución no pudo ser, en la práctica, ejecutado cabalmente. Tal es el caso de la reforma constitucional de 1991, cuyos altruistas propósitos aún llevan como lastimera verdad una no aplicación real, aunque sus más firmes leyes sean hoy día garante de un poder popular que acude a ella para garantizar sus derechos como población civil. Estas constituciones se explican en el libro de manera general, así como la reforma que permitió a la primera mujer ejercer su derecho al voto, en la época de la dictadura del general Rojas Pinilla.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Aquellos alcances democráticos de una constitución pro-civilidad se siguen perdiendo en un sistema de gobierno que ha dado paños de agua tibia a los problemas sociales que hoy día han explotado irremediablemente. Una investigación como la del profesor Bushnell puede servir de sostén para que las inspecciones de la opinión internacional se vean fundadas en argumentos de índole formal, como lo son todas estas anomalías en la construcción de Colombia, como ente propiamente dicho. De ahí que todos estos agravantes en los procesos históricos devengan para nuestra actual “democracia” en un serio galimatías cuyo mayor enredo sigue siendo lo que a las políticas gubernamentales y sociales se refiere. Una población en constante desplazamiento y un estado de derecho cuyo status quo aún sigue repuntando por encima de aquellas figuras sociales que la nueva constitución defiende tan tajantemente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Para el profesor Bushnell, aquellos problemas concentrados en el albur de la independencia y de su más importante preservador, Simón Bolívar. Sin embargo, la pregunta planteada es la de hasta que punto los brotes taimados de rebelión dieron lugar a una bomba de tiempo que aun hoy día no ha evolucionado lo suficiente para hacer explosión. “Los gobiernos estaban en proceso de moderar las originales ambiciones de cambio en una actitud que obedecía al aumento de las tensiones políticas y al hecho de que los recursos materiales con que se esperaba contar eran en realidad mucho menores” (Bushnell. Pág. 103). Algo que se puede sintetizar en la expresión “una falta de habilidad ejecutiva y de interés por preservar el bienestar social”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Para el profesor es objeto de estudio el comportamiento sosegado de las justas civiles en el territorio cuya reacción en masa debió de haber provocado amotinamientos más significativos que los dados en el proceso de nuestra historia y, porqué no, en la actualidad: dictaduras moderadas que en el campo internacional no fueron tan difundidas como otras que en &lt;st1:personname productid="la Latinoamérica" st="on"&gt;la Latinoamérica&lt;/st1:personname&gt; de siglo XX (véase al general Noriega, Fujimori, o en un caso más reciente, al mandatario venezolano, Hugo Chávez) tuvieron una beligerancia más altisonante. Procesos sociales más sonoros (Argentina y su caída económica en el 2000) o resoluciones a tomas ilegales allanadas por gobiernos mucho más osados y contundentes, todo en nombre de la gobernabilidad y el poder de la democracia adquirida. Como muestra se pueden citar casos extremos en la historia colombiana que, sin embargo, no tuvieron la resonancia de otros hechos foráneos a nuestras fronteras. La toma de la embajada dominicana y la quema del palacio de justicia, ambos hechos a manos del ya desmovilizado M-19.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;El comportamiento de la actual Colombia se puede interpretar a través de hechos anteriores, pero de ninguna forma estos procesos sociales mencionados en el libro de Bushnell pueden ser ligados a ciertos eventos actuales a no ser hurgando de manera más especifica en el problema que suscita hoy día el fenómeno de las autodefensas o la disgregación político-militar de los ejércitos ilegales otrora bandera de un nuevo comunismo latinoamericano y hoy día nominados como frentes narcoterroristas con una desvaída posición social.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;El experimento de &lt;st1:personname productid="la Gran Colombia" st="on"&gt;La Gran Colombia&lt;/st1:personname&gt;, la revolución liberal de mediados del siglo XIX y la posterior reacción conservadora, esto es, la violencia bipartidaria que dejara desde entonces en el país un aire de confrontación, lastimosamente viva hasta nuestros días, ya en la figura de la guerrilla y los grupos de autodefensa en choque con el establecimiento y sus fuerzas armadas, la mutilación cultural, el desplazamiento y las innumerables bajas civiles. Los capítulos siete al once se refieren ya al siglo XX –casi la mitad del libro- la política interna y el establishment económico que ha significado la producción de café, el petróleo y otros minerales de importancia en el exterior, la republica liberal (1930-1946), el fenómeno de &lt;st1:personname productid="la Violencia" st="on"&gt;la Violencia&lt;/st1:personname&gt; (1946-1957), el frente nacional (1958-1978), y claro, aquel periodo que Bushnell denomina the Latest Era –en la traducción, la última etapa-(1978 hasta el presente, esto es, 1994).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Bushnell confronta ciertos aspectos políticos por sus consecuencias notorias a mediano plazo como es el caso del frente nacional instituido luego del derrocamiento del general Rojas Pinilla. Quizá estas confrontaciones de las que hace mella el libro en varios apartes, deban ampararse no solo en los libros de historia a los que el autor hace alusión en su extensa bibliografía. Pede además acercarse a disímiles lecturas que en dado momento pueden inclinar la balanza no a favor de una causa determinada sino en pro de su bien intencionada investigación. Para el caso concreto del general Rojas Pinilla, lecturas algo más novelescas aunque no por eso menos relevantes pueden servir de puente para el objetivo central de su estudio, tal es el caso de Los días del miedo(5), novela aparecida en 2001, del autor Antonio Montaña o tantos otros libros de factura local presentados por Intermedio Editores. El autor subraya la capacidad que tienen los colombianos de adaptarse a los disímiles niveles de violencia que ha padecido el país haciendo énfasis en lo que a conflicto armado y trafico de drogas se refiere así como a los desordenes económicos en los cuales coloca especial atención (1975-1990)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Hay en la parte final del libro, la necesidad de acudir a libros externos a la investigación de Bushnell ya que no se profundiza como debiera en iconos de la más reciente historia política del país. Sucesos como la quema del palacio de justicia por parte del M-19 son tratados someramente sin llegar a explicar más que lo superficialmente conocido. Así mismo la desarticulación de dicho movimiento guerrillero queda reducida a cinco tristes líneas que no exponen los pormenores de una negociación tan importante para entender lo que hoy día ocurre con las FARC, el ELN y las autodefensas en los 'procesos de paz' adelantados por el actual presidente de la republica, Álvaro Uribe Vélez y su comisionado de paz, el psiquiatra y escritor caldense Luís Carlos Restrepo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Bushnell alude en las notas bibliograficas a los manuales existentes para su investigación. No obstante, sus fuentes pecan de limitadas y sólo dispone en inglés de textos de educación secundaria y otros libros nada despreciables para un estudio de grandes magnitudes, sólo que su referencia no responde del todo al contenido de un libro cuyas páginas pueden incluso haber triplicado el trabajo entregado. Hace especial énfasis en la cantidad de estudios económicos existentes, razón por la cual quizá su obra no carezca de suficientes datos de este tipo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;No está de más decir que para el lector extranjero la aparición de The Making of Modern Colombia ofrece la oportunidad única de acercarse a los dilemas de una nación aún en construcción. Bushnell no se precipita a especular ni elabora teorías descabelladas o amarillistas sobre el futuro desarrollo de los problemas actuales. Quizá sea también por tener para hoy día una distancia considerable de casi 10 años con los actuales sucesos políticos y sociales. Habría que pedir al profesor Bushnell una continuación adherida a este trabajo, tal y como lo atestiguan sus frecuentes intervenciones en diarios y universidades norteamericanas, solo que en la mayoría de los casos, su trabajo esté vinculado más al periodo posterior a la conquista –en su área investigativa actual- que a la resolución o enunciación de nuestra reciente debacle socio-política. . The Making of Modern Colombia ofrece una interesante síntesis política y un estilo narrativo que posibilita una lectura aligerada, fuera del marco comúnmente equiparable a los trabajos de esta índole. En la actualidad pueden verse otros trabajos que complementan la tarea emprendida por Bushnell en aras de compilar una historia detallada de Colombia. Como es el caso del libro Colombia, una tierra fragmentada, una sociedad dividida de los investigadores Frank Safford y el ex-director de &lt;st1:personname productid="la Universidad" st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt; nacional Marco Palacios (6). gobiernos, aún desde la primera etapa posterior a la independencia. Sus tres cordilleras sirvieron en dado momento de imponentes murallas para lo que a comercio y sistemas de regulación gubernamental se refiere. Quiere decir esto que desde épocas anteriores a lo que hoy divide el territorio, ciertos aspectos demográficos impidieron en buena medida la concentración del país de forma unilateral. Aún Bogotá poco antes del llamado Bogotazo hacía alardes de un sistema europeo que no le correspondía, alejándose sintomáticamente del resto del país. Para tal efecto, los investigadores mencionados, Bushnell, Safford y Palacios, han tenido a bien mencionar el impacto que para el país tuvo la obtención del premio Nóbel de literatura por parte de Gabriel García Márquez (1982). Motivo que rompió en alto grado las barreras circunstanciales entre las costas y el centro del país, acrecentadas además por los movimientos insurgentes que taponan las vías terrestres impidiendo el paso a muchos viajeros, comerciantes e investigadores que muchas veces caen en las manos de las llamadas pescas milagrosas realizadas en las carreteras del país. Macondo, la invención del Nóbel, representa una reestructuración de un país que ha sufrido de falencias en su constitución cultural y que con Cien años de soledad (1967) ha readoptado su carácter de homogeneidad como nación sin perder su heterogeneidad particular. Ese macondo referido rompe los sustratos que limitaban parte de esas culturas que en dado momento se fueron formando como entes independientes, razón por la cual el país tuvo otrora tanta inercia colectiva a la hora de provocar cambios o tan siquiera ponerse al ritmo de otros países latinoamericanos cuyos movimientos populares permitieron un desarrollo social más acelerado. Sin embargo, fuera del contexto de una población más dada a la interacción, ya en el campo formal muchos estamentos y grupos sociales aun esperan que nuestro Nóbel demuestre su beligerancia inmiscuyéndose más en los problemas del país dada su condición de figura prominente.&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn7" name="_ednref7"&gt;7 &lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Muchas monografías originadas desde diversas disciplinas han sido producidas en Colombia en los últimos treinta años. En esta medida, la investigación del profesor Bushnell se suma a todas ellas quizá con el animo de sintetizar un proceso social nada despreciable y una diversidad cultural enorme que le ha deparado tan disímiles y profusos acontecimientos históricos. Interesa sobremanera el tratamiento del catedrático sobre la geografía distintiva del territorio colombiano así como su descripción de los orígenes de los partidos liberal y conservador, la evolución de la economía y la exposición de tablas que permiten realizar una auscultación un poco más detallada del comportamiento económico y social del país en las décadas finales del estudio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Sin embargo, aún habiendo precisado el carácter político del libro –esto es, en la parte de la historia que se enfatiza desde la mitad del libro-, el autor debería incluir más datos de índole cultural, sobre todo por la incidencia que aquellos movimientos culturales han tenido en el desarrollo de la historia colombiana, incluida dentro de un imponente movimiento artístico latinoamericano que ha seguido como fiel testigo el comportamiento de todos y cada uno de los países que componen &lt;st1:personname productid="la América" st="on"&gt;la América&lt;/st1:personname&gt; hispánica y el llamado tercer mundo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;El objeto de una investigación debe proponerse, más que recopilar datos preexistentes, argumentar y disponer de la información para encontrar nuevos rumbos de inspección. Bushnell no comete errores como historiados, en la medida que reúne una detallada bibliografía, envidiable si se ve su procedencia extranjera. Sin embargo, las falencias saltan a la vista en la medida que el tiempo pasa y nuevos trabajos se suman a la biblioteca sobre asuntos nacionales. Indalecio Lievano republicó hace poco su obra adhiriendo quince capítulos en los que allana de cierta forma aquellos terrenos revisados parcialmente y junto a él, quizá gracias a trabajos como el de Bushnell, se ha logrado capturar en la actualidad una enorme cantidad de material sobre el tema.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Habría resultado beneficioso consultar documentos antropológicos para remediar en algo la desinformación cultural que padecen algunos trechos de la investigación. Sin duda, aquellos documentos pueden llegar a reflejar no sólo los rasgos lineales de una sociedad desvaída por sus drásticos cambios culturales sino que podría dar luz sobre aspectos de dimensiones significativas en este tipo de trabajos. En otras palabras, no sólo representar la historia conviene, también es necesario aclarar los móviles de una sociedad determinada en la resolución de sus dilemas, cosa que quizá sí se logra ver en la obra de Lievano Aguirre. Por ejemplo, en lo referente al surgimiento de la izquierda como partido y la aparición de la guerrilla, el autor debió haber examinado con más justicia los procesos sociales que desencadenaron en dicha toma de armas. Investigar por ejemplo libros como La guerrilla por dentro del investigador Arenas o tan siquiera exponer con claridad y sin tantas tablas de valores, la deficiencia gubernamental que ocasionaría la aparición de movimientos al margen de la ley. Lo mismo sucede más adelante con la aparición de las autodefensas, tema que The economist aclaró con más sobriedad y conocimiento de causa. Estos temas devienen en un conflicto en el cual muchos otros factores han de tener incidencia, factores de orden intelectual y legislativo. Deficiencias en las filosofías, conocimiento de causa, particularidades en la población o alienación de ideologías, si de investigar un poco más sociologicamente el problema se tratase y no solo con la linealidad de un historiador que compila y agrupa argumentos sin trazar un marco ulterior para contextualizar al lector extranjero en aras de una mayor comprensión de nuestra compleja situación política y social.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Con el ánimo de representar de alguna forma el camino histórico del país, Bushnell no ha cometido el defecto de especular por fuera de la realidad tratada. Lo que en realidad define su tarea es la minuciosidad con el epicentro de su investigación: la exposición de los vaivenes políticos y sociales, tratados con suma delicadeza y sintetizados con conciencia histórica y un medido conocimiento sobre temas económicos. En diversos medios alrededor del mundo se ha hablado de la capacidad de resistencia de una población civil que pese a la circunstancias se ha mantenido avante ante los estropicios de la violencia y los cambios políticos acaecidos en le país a través de su más reciente historia. Órganos internacionales ye investigadores casuales pueden ver resueltas sus preguntas en la gran cantidad de material disponible sobre historia y situación política en nuestro país, extensa bibliografía de la que hace parte sin duda este libro del profesor Bushnell, trabajo que abanderara todo un proceso posterior de desmitificación para con los espectadores internacionales de nuestra compleja y trastocada realidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn8" name="_ednref8"&gt;1 The Economist. Abril 21 de 2001. Drugs, war and democracy. A survey of Colombia &lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn9" name="_ednref9"&gt;2 Colombia, una nación a pesar de sí misma. Planeta editorial, 1994. 432 páginas. &lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn10" name="_ednref10"&gt;3 Falchetti, Ana M&lt;/a&gt;aría. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La búsqueda del equilibrio&lt;/span&gt;. Academia colombiana de historia. Bogotá, 2003. 268 páginas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn11" name="_ednref11"&gt;4 Simón Bolívar en la literatura histórica norteamericana. Revista Historia Crítica. Facultad de Ciencias sociales. Universidad de Los Andes. David Bushnell &lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn12" name="_ednref12"&gt;5 &lt;span style="font-style: italic;"&gt;L&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;os días del miedo&lt;/span&gt;. Montaña Antonio. Intermedio Editores. &lt;/span&gt;&lt;span  lang="EN-US" style="font-family:Georgia;"&gt;2001.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span  lang="EN-US" style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn13" name="_ednref13"&gt;6 Colombia: Fragmented Land, Divided Society. Frank Safford y Marco Palacios. Oxford University Press. &lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;New York, 2002. 404 páginas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn14" name="_ednref14"&gt;7 Sobre el particular, valga anotar lo que críticos alreded&lt;/a&gt;or del mundo han dicho sobre su poca participación en la resolución de los conflictos que aquejan el territorio colombiano. Tal es el caso de Susan Sontag, escritora norteamericana que le instó recientemente en Bogotá a colocarse de parte del pueblo colombiano en vista que otros intelectuales extranjeros ya lo habían hecho, José Saramago, por ejemplo. Otro ejemplo de crítica lo hizo hace un par de años atrás el periodista norteamericano Jhon Lee Anderson en su articulo "The power of García Márquez", publicado en la revista &lt;span style="font-style: italic;"&gt;The New yorker &lt;/span&gt;en abril de 2001.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref1" name="_edn1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref2" name="_edn2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref3" name="_edn3"&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref4" name="_edn4"&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref5" name="_edn5"&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref6" name="_edn6"&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref7" name="_edn7"&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref8" name="_edn8"&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref9" name="_edn9"&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref10" name="_edn10"&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref11" name="_edn11"&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref12" name="_edn12"&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref13" name="_edn13"&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;" align="justify"&gt;&lt;a title="" style="" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref14" name="_edn14"&gt;&lt;/a&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-5131457167424363071?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/5131457167424363071/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2006/11/colombia-hegemona-de-la-supervivencia_771.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5131457167424363071'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5131457167424363071'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2006/11/colombia-hegemona-de-la-supervivencia_771.html' title='Colombia: Hegemonía de la supervivencia'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_GqibH2_uyyQ/R5P6dCx4QxI/AAAAAAAAAK0/DDro4qEGU8k/s72-c/solo_en_mundo.Israel.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-6685741015921640394</id><published>2006-11-12T14:10:00.000-08:00</published><updated>2012-01-19T06:44:17.075-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sociología'/><title type='text'>Sociología en Sociedad: Peregrinación en pos de Omega</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong style="font-size: 130%;"&gt;Por Hollman Lozano&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Peregrinación en pos de Omega:&lt;br /&gt;Sociología y sociedad en Colombia&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Gabriel Restrepo&lt;br /&gt;Universidad Nacional de Colombia&lt;br /&gt;Sede Bogota&lt;br /&gt;Noviembre 2002&lt;br /&gt;296 paginas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-0xQovQx6Ni8/TxgsM99S8cI/AAAAAAAAA7E/EUQrbK4zWfc/s1600/portada.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="200" src="http://4.bp.blogspot.com/-0xQovQx6Ni8/TxgsM99S8cI/AAAAAAAAA7E/EUQrbK4zWfc/s200/portada.jpg" width="130" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Acercarse a la obra de Gabriel Restrepo es acercarse a uno de los más complejos sociólogos en Colombia; Restrepo, junto con Orlando Fals Borda y Jaime Jaramillo, es alma y nervio de una de las principales escuelas de Sociología del país, como lo es la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional.&lt;br /&gt;En atención a ello, la mencionada institución ha decidido publicar en justo momento el libro &lt;em&gt;&lt;span style="color: #999999;"&gt;Peregrinación en pos de Omega: Sociología y sociedad en Colombia&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;,  en el cual el autor hace un examen detallado sobre la sociología y su desarrollo en el país. Comenzando por las disquisiciones que, alrededor de la llamada "sociología decimonónica finisecular", realizaron algunos de los hombres que han participado, para bien y para mal, en la historia del país, como es el caso de Florentino Gonzáles, Rafael Núñez, Salvador Camacho Roldan y Miguel Antonio Caro, entre otros, y quienes plantearon desde mediados del siglo XIX la necesidad de implementar la sociología en el territorio, como ciencia capaz de: "remediar el caos mediante una comprensión racional mediante los fundamentos de la nacionalidad", lo que a la postre repercutió en el establecimiento de la enseñanza de la sociología en la Universidad Nacional el 10 de diciembre de 1882, como una suerte de antecedente histórico claramente opuesto a la conservadurización que pocos años después sufriría el país a través de la Constitución de 1886 y el Concordato, cambios que dieron al traste con los esfuerzos de liberalismo, mal llevados al extremo pero no por ello deleznables, los inspirados por la Constitución de 1863.&lt;br /&gt;Queda implícito en el libro del profesor Restrepo, que ello hace parte de las contradicciones propias de la construcción de nación, el que sea durante el periodo de "conservatizacion" del Estado Colombiano cuando se inaugure la primera institución dedicada a la enseñanza profesional de la sociología. Máxime si se tiene en cuenta que de las Ciencias Sociales -si alguna está planteada para servir como tribuna de quienes se sienten compelidos a trabajar por la mejora de las circunstancias de los oprimidos, de sus condiciones de vida y posibilidad- se deriva la sociología. Pero esa intervención no se da en una escala personal o individual, desde la cual el trabajo realizado se haría dispendioso, sino desde una perspectiva de micro-totalidad en la medida en que busca alternativas y soluciones para el núcleo, victimas o padecientes de aquello que determina la necesaria intervención de la sociología, la ciencia que puede abrir unos márgenes de modificación para posibilitar esas alternativas al presente que los determina.&lt;br /&gt;Algunos se preguntarán sobe el porque se realiza la anterior afirmación, si la mayoría de las ciencias sociales, también conocidas como ciencias humanas, pretenden más bien la intervención en una realidad particular con el fin de mejorar los márgenes de posibilidad y calidad de vida de los menos favorecidos. Lo que en realidad diferencia a la sociología de las ciencias a las que se ha hecho referencia, es el hecho de que difícilmente existe en otra, lugar para tantos anhelos de transformación, de reformulación de las condiciones en las que se desenvuelven, aquellos que sólo existen para el Establecimiento en los índices anuales de pobrezas realizados por el DANE o, en el caso de organismos multilaterales como la CEPAL, en frías estadísticas que se entregan  sobre el ascenso de la pobreza en la región, junto con el vergonzoso incremento de la distancia entre los que más tienen y los que menos.&lt;br /&gt;Y en ello radican las principales ventajas y desventajas de la sociología. Pues el hecho de que sea vista tradicionalmente como la tribuna de los inconformes, como la esquina conceptual desde la cual inciden sobre la praxis, aquellos que no están de acuerdo con las formas que en la actualidad se implementan en el devenir social, es vista de manera negativa por aquellos organismos encargados de apoyar o cuando menos facilitar la investigación sociológica, como es el caso del Estado. Ese mismo estado que al encontrarse dirigido por seres que no parecen estar comprometidos con la mejora efectiva de las condiciones de los menos favorecidos, impiden el desarrollo y la posibilidad de exploración de alternativas que puedan incidir en la mejora de la calidad de vida. Máxime en casos como el colombiano, donde la principal fuente de apoyo económico para la sociología es gubernamental, lo cual genera una serie de pre-condicionamientos que no le vienen bien a una ciencia que debe ser independiente de los avatares electorales así como de los intereses particulares.&lt;br /&gt;Pero mientras los sectores que tradicionalmente han ejercido el poder político en el país, ven en esta ciencia la tribuna de los inconformes, la mirada que sobre ella realizan sectores de extrema izquierda, comprometidos con salidas en favor de lo que denominan como "proletariado", la sitúa como un mecanismo de la estructura capitalista para valerse de las condiciones de los desprotegidos, con el fin de insertarlos en el mercado laboral, acondicionándolos como mano de obra ‘conforme’ para la economía salvaje, impidiéndoles generarse como alternativa directa para la lucha de clases.&lt;br /&gt;En este sentido trabajos como los que hacen parte del reciente libro del profesor Restrepo, aportan luces que pretenden ir mas allá de los preconceptos que se han desarrollado a lo largo del tiempo, afiliando el interés especifico e inmodificable de plantear alternativas para modificar sobre la praxis una realidad particularmente desfavorecedora, a visiones que poco o nada tienen que ver con la interpretación que desde ellas se realiza, generando una pérdida de independencia, y por esa vía una dificultad para plantear desde la realidad teórica, alternativas formales para incidir sobre la practica de los menos favorecidos, sobretodo teniendo en cuenta que lo único que sube para este importante sector social son sus índices de crecimiento poblacional, sin que se generen alternativas que puedan incidir mas allá de nichos específicos, teniendo la oportunidad de utilizar valiosos aportes que en ese campo han generado a lo largo de los años, algunos de los actores ya referenciados.&lt;br /&gt;Dentro de las virtudes principales que es necesario reconocer al cabo del texto "Peregrinación en pos de Omega: Sociología y Sociedad en Colombia", se debe resaltar el que además del repaso histórico que el autor logra desarrollar alrededor de los inicios, y principales avatares de la referenciada ciencia en el país, este logra asumir desde una perspectiva de criticidad responsable, los principales inconvenientes que en la especifica realidad nacional se presentan a los estudiosos de la sociología, enunciando como el alto espectro de influencia que desarrolla la sociología la lleva a diluirse, e la medida en que no cuenta con lo que pudiéramos llamar una unidad temática formal, pues al o largo de los años dentro de sus campos de influencia se encuentran desde la llamada "violentología", con la cual se pretendieron dar respuestas desde una de las vertientes de la ciencia en comento, a los inconvenientes sociales que se plantearon a la realidad nacional, desde comienzos de la década de los años cuarenta, pasando por la "irenologia", entendida como el área multidisciplinaria que estudia lo concerniente a la salida negociada, entendida desde un espectro mucho mas amplio que la solución a los conflictos armados.&lt;br /&gt;En medio de esa hibridación, donde el traslado de conceptos no permite una discernibilidad de las fronteras que delimita una ciencia de la otra, resultan interesantes las propuestas planteadas por Restrepo, en el sentido de construir a través de la sociología una pedagogía que genere democracia desde su  base, es decir, una suerte de pedagogía democrática que se preocupe por retomar la preocupación sociológica por la mejoría de las condiciones de los menos favorecidos, sin que ello implique la asunción de toma de decisiones en nombre de los representados, sino de construir desde los núcleos específicos y los sujetos particulares de cada caso, alternativas que puedan  plantearse a la mejoría de esas condiciones particularmente desfavorecedoras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="mailto:hollman.lozano@yahoo.ca"&gt;hollman.lozano@yahoo.ca&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;hollmanlozano.blogspot.com&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-6685741015921640394?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/6685741015921640394/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2006/11/sociologa-en-sociedad-peregrinacin-en.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/6685741015921640394'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/6685741015921640394'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2006/11/sociologa-en-sociedad-peregrinacin-en.html' title='Sociología en Sociedad: Peregrinación en pos de Omega'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-0xQovQx6Ni8/TxgsM99S8cI/AAAAAAAAA7E/EUQrbK4zWfc/s72-c/portada.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-3089128843775502334</id><published>2006-11-11T15:48:00.000-08:00</published><updated>2006-11-12T19:12:47.020-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>De Fernando Vallejo...</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“&lt;span style="font-size:130%;color:#ff0000;"&gt;Un gramático muerto &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#ff0000;"&gt;a quien la muerte &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#ff0000;"&gt;sólo le podía venir&lt;br /&gt;como un pleonasmo idiota”&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn1" href="http://beta.blogger.com/post-edit.g?blogID=5249939882123069282&amp;postID=3089128843775502334#_edn1" name="_ednref1"&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#ff0000;"&gt;[i]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Por Sophia Vázquez Ramón &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rambla paralela&lt;br /&gt;Fernando Vallejo&lt;br /&gt;Alfaguara, 2002. Bogotá&lt;br /&gt;152 páginas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El desbarrancadero&lt;br /&gt;Fernando Vallejo&lt;br /&gt;Alfaguara, Bogotá 2001&lt;br /&gt;197 páginas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger2/1890/640861802016976/1600/cov_vallejo.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger2/1890/640861802016976/320/cov_vallejo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Uno de los más descarnados aforismos que componen &lt;em&gt;El malpensante&lt;/em&gt; de Gesualdo Bufalino, serviría aquí de abrebocas para entender con mayor claridad el leitmotiv de los últimos dos libros de corte novelístico de Fernando Vallejo: «Hay suicidas invisibles. Se continúa vivo por pura diplomacia, se bebe, se come, se camina. Los demás se engañan siempre, pero nosotros sabemos, con una sonrisa interna, que se equivocan, que estamos muertos»&lt;br /&gt;No es, pues, nada extraño que ese autor tan vilipendiado por sus exageradas declaraciones y juzgado por su exacerbado odio para con todos y para con casi todo, termine arremetiendo contra sí mismo, dándonos a un narrador-autor que escribe con desgano mientras devela su pasado, declarándose parte del mundo de los no vivos.&lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn2" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn2" name="_ednref2"&gt;[2]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Antecede a La rambla paralela –con la que cierra, según ha dicho repetidas veces, su etapa como autor de narrativa- El desbarrancadero, libro en el que vallejo hace un «Inventario detallado de los muertos», desde el padecimiento de su hermano Darío (enfermo de Sida y ya totalmente desgastado por el virus) hasta su propia muerte, con la que pretexta su animo de purgar la memoria desde su condición de escritor, no para sublimar esa realidad sino para darle sepultura. «Los recuerdos son una carga necia, un fardo entupido. Y el pasado un cadáver que hay que enterrar prontito o se pudre uno en vida con él. Se lo digo yo que inventé el Borrador de recuerdos que tan útil me ha sido» (El desbarrancadero, Pág. 91).&lt;br /&gt;Caracteriza la obra novelística de Fernando vallejo, la necesidad de hablar en primera persona, sin trazados ficcionales exteriores a lo humanamente posible. “Yo resolví hablar en nombre propio porque no me puedo meter en las mentes ajenas, al no haberse inventado todavía el lector de pensamientos”&lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn3" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn3" name="_ednref3"&gt;[3]&lt;/a&gt;. Por ello, y advirtiendo el talante nihilista de su obra y su consecuente misantropía, acudimos en la lectura de sus libros de tono autobiográfico, a una incesante crítica formulada desde su realidad particular y siempre poniendo en consideración no más de lo que su percepción y conocimientos le permiten. Puede verse entonces, una suerte de confesión intimista, decantada por la fuerza gramatical que vallejo posee, su plurilinguismo, la capacidad que tiene de variar el tono de su discurso alternando voces y apoyando un lenguaje en el otro, yendo del coloquialismo a los usos vulgares, del relato medido a los acentos sociolingüísticos que alude o ataca. Esa hibridación léxica permite a Vallejo enriquecer el entramado de sus polémicas opiniones, por esta razón lo que aquí importa no es solamente su visión de la crisis y los modelos morales y sociales, sino también la estructura y dimensiones gramaticales de su relato.&lt;br /&gt;Más allá de la polémica que ha rodeado a Fernando Vallejo por el carácter incendiario de su narrativa, habría que denotar que en realidad no son muchos sus lectores reales, en la medida que su fama se dio espeficamente por la publicación de &lt;em&gt;La virgen de los sicarios&lt;/em&gt; (1994) y su posterior adaptación cinematográfica por parte de Barber Shöreder (La vierge des sicaires, Francia 2001). La lectura de &lt;em&gt;La virgen de los sicarios&lt;/em&gt; conlleva un examen de la marginalidad cuya voz central mantiene, no obstante, otro tipo de marginalidad frente a la que compete al sicariato, y que reside en el hecho de mantenerse lejos de la normalidad, trazando un curso paralelo cuyo fin será, como en todas las otras novelas de Vallejo, el reproche al pasado y a los modelos imperantes en el País. Por una parte existe la urgencia de la trasgresión como sobrevivencia e imperante necesidad y por el otro el rencor como resistencia a modelos más subjetivos. Aquí, como en los otros libros de corte personal de Fernando vallejo, yace un país en ruinas junto al gramático, lingüista y trasgresor que indaga en el lenguaje y que hace frente a su existencia culpando, perjurando y asumiendo la distancia que le confiere su papel de escritor desencantado. Ese es el caso de la saga de libros que componen &lt;em&gt;El río del tiempo&lt;/em&gt; -&lt;em&gt;Los días azules&lt;/em&gt; (1985), &lt;em&gt;El fuego secreto&lt;/em&gt; (1986), &lt;em&gt;Los caminos a Roma&lt;/em&gt; (1988), &lt;em&gt;Años de indulgencia&lt;/em&gt; (1989) y &lt;em&gt;Entre fantasmas&lt;/em&gt; (1993)- así como las dos novelas aquí reseñadas, con las que el autor da fin al río de su sincera confesión en primera persona. «Ésta interminable perorata que me estoy pronunciando desde siempre y que no acaba» (&lt;em&gt;El desbarrancadero &lt;/em&gt;Pág. 90).&lt;br /&gt;Decimos que las dos obras aquí tratadas se pertenecen. &lt;em&gt;El desbarrancadero&lt;/em&gt; muestra el desvanecimiento de los afectos del personaje-autor a raíz de la muerte de sus seres “queridos” y &lt;em&gt;La rambla Paralela&lt;/em&gt; constituye el final de ese desbarranca-miento. «Colombia y yo hemos coincidido siempre: ahora vamos de culos barranca abajo» (&lt;em&gt;La rambla Paralela&lt;/em&gt; Pág. 141). El escritor que viaja a Barcelona para participar en una feria del libro, permanece suspendido en la desidia mientras que convoca al olvido luego de utilizar su “Borrador de recuerdos”. Lo interesante radica en que La rambla Paralela se muestra mas desapasionada en tanto que el autor se sabe condenado por mano propia, como si se practicase una variedad de hara-kiri conceptual. Así, su retahíla, que va de la crítica de gramático -«Decirle hoy a alguien en Colombia “¿Le provoca un tintico poeta?” era según él como decirle “¿Le provoca un tintico hijueputa?”. Ah, y eso de “le provoca un tintico” se traduce así en cristiano: “¿Se le antoja un café?” » (Pág. 152)-, a los juicios éticos y morales -« ¡Cuanta bestia bípeda entregada a la copula! ¡Caterva! Habéis vuelto el planeta una colmena y entráis y salís, sacáis y metéis, zumbáis y zumbáis» (Pág. 39); «El hombre no es más que una maquina programada para eyacular y lo demás son cuentos» (Pág. 73)-, orienta la narración hacia un abismo que dista de la novela típicamente argumental, en la que el seguimiento hecho por parte del lector es un camino a ciegas transitable.&lt;br /&gt;Como espectadores, acudimos perplejos a la mordacidad de un discurso en donde no hay quien se salve de la injuria. Al Papa se refiere despectivamente en términos femeninos –que para el autor, por su misoginia, son seguramente los más bajos-, desdeña de su madre y de su hermano mayor, pero recuerda con nostalgia la finca de Santa Anita, su viejo Studebaker y las correrías nocturnas con su hermano fallecido. «Es que yo compraría infinidad de cosas con él, como por ejemplo: el cariño a este idioma deshecho, el amor a esa patria deshecha, una que otra manía explicable y tolerable, y un viciecito que da varios años de cárcel y del que después le cuento» (Pág. 95). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="CURSOR: hand" height="183" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger2/1890/640861802016976/320/vallejo2.0.jpg" width="266" border="0" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fernando Vallejo y su apartamento en el D.F.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#ffffff;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Haciendo las debidas aclaraciones sobre la naturaleza de los libros autobiográficos de Vallejo, habría que anotar hasta que punto el hecho de estar narrados en primera persona y no tener mayores artificios arguméntales les aleja del género de la novela propiamente dicho y les acerca a varios géneros, conforme a las disímiles inquietudes de Vallejo, siempre como tela de fondo para una desanimada y rabiosa confesión.&lt;br /&gt;Posteriormente, cabe anotar que no hay en Vallejo una historia a la que se pueda aludir como a un objeto linealmente narrable. No hay desenlaces que resuelvan un discurso. Desde el inicio todo&lt;span style="font-size:78%;"&gt; &lt;/span&gt;está fatalmente perdido y no hay un eje que devenga en provechos para el lector. Lo que hace de estas “indagaciones personales”, lecturas aprovechables, es el ímpetu de la trasgresión que en ellas se alimenta y que va mas allá del simple odio, no es Colombia en sí el objeto despreciable, es la realidad que la rodea. Por eso, no vasta con hacer lecturas parciales de Vallejo, es necesario encontrar el trazado ulterior, en donde la polémica suscitada por el autor no es más que fruto de la mojigatería reinante a la hora de conjeturar y criticar desde la emoción particular y no desde la revisión justa que amerita su conflicto exagerado con el país, aquella Colombia que lo animó a escribir, tal y como declarara, no tan recientemente, en una intervención publica en la ciudad de Medellín: «Colombia para la literatura es un país fantástico, no hay otro igual. En medio de su dolor y su tragedia Colombia es alucinante, deslumbrante, única. Por ello existo, por ella soy escritor. Porque Colombia con sus ambiciones, con sus ilusiones, con sus sueños, con sus locuras, con sus desmesuras me encendió el alma y me empujó a escribir. (...) ¡Cómo no la voy a querer si por ella yo soy yo y no un coco vacío! ¡Qué aburrición nacer en Suiza! ¡Qué bueno que nací aquí!»&lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn4" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn4" name="_ednref4"&gt;[4]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Lejos de presentarse como un autor nihilista, Vallejo asume su odio como una transmutación del afecto agraviado. Asume roles puristas en los que una ética ortodoxa parece conducirlo a querer arroyar mujeres embarazadas -“maquinas paridoras” como las llama a cada rato-, zigzagueando calle abajo en un auto sin frenos, renegando entusiastamente en contra de la copulación desmedida y la natalidad -sabiéndose de antemano un pederasta compulsivo-, acaso renegando de ese español insulso, nada digno de don Ortega y Gasset, o haciendo una brillante y convincente burla al “poetariado” colombiano: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;«Saqueada por los funcionarios, sobornada por el narcotráfico, dinamitada por la guerrilla, y como si lo anterior fuera poco, asolada por una plaga de poetas que se nos vinieron encima por millones, por trillones, como al Egipto bíblico la plaga de la langosta.» (&lt;em&gt;El desbarrancadero&lt;/em&gt;. Pág. 26)&lt;br /&gt;La exageración parece ser el arma más contundente de Vallejo. Ya sea desde su exposición nada eufemista de la «Sicaresca» paisa&lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn5" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn5" name="_ednref5"&gt;[5]&lt;/a&gt; o a través del desproporcionado odio para con su prójimo –en que parece traducirse a la perfección la celebre sentencia de Sartre: «El infierno son los otros»-, la vilipendiosa escritura que le caracteriza no pretende sólo representar esa realidad que le nutre y atormenta, sino que además puede verse, amparada en un juego lingüístico bastante locuaz, la necesidad de catalizar el entramado de los hechos a cuenta de su tono mordaz y exagerado. Valga aquí traer a colación la perla que Thomas Bernhard (Austria, 1931) pone en boca de Franz-Josef Murau, personaje central de su novela &lt;em&gt;Extinción&lt;/em&gt; (1986), a propósito del “arte de la exageración”: «Para hacer algo comprensible, tenemos que exagerar, sólo la exageración hace las cosas evidentes.» &lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn6" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn6" name="_ednref6"&gt;[6]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La cita parece contestar al ímpetu con que Vallejo aborda todo aquello que no es objeto de sus afectos, aunque veamos en &lt;em&gt;El desbarrancadero&lt;/em&gt; a un enfermero-autor improvisado que desespera al no poder hacer cosa alguna por la salud de su hermano moribundo y que llega incluso a medicarle toda clase de disparatadas formulas de exclusivo uso vacuno. Para vallejo, sin embargo, la intención altruista ante sus verdaderos seres queridos, no es más que aquella que ve en la muerte la solución más practica y segura para todos los padecimientos del hombre, solución que él mismo, el consabido autor que nos relata lo suyo sin pudor alguno, aplica para sí: «Y en ese instante, con el teléfono en la mano, me morí. Colombia es un país afortunado. Tiene un escritor único. Uno que escribe muerto» (&lt;em&gt;El desbarrancadero&lt;/em&gt;, pág. 193)&lt;br /&gt;Como dato curioso, hay que ver hasta que punto la ridiculez de algunos sectores, a los que por suerte no se les ha dado el mote de crítica, ven en Vallejo al más infame detractor de las bellezas que según ellos engendra este país en todo momento. Llamados sin eco a quemar sus libros han sido encabezados por aquella parte de nuestra fauna intelectual que, estimándose lectora, no ha pasado siquiera sus ojos por un libro de más de 200 páginas. En un país en que pasquines periodísticos de mala entraña son considerados literatura –citemos La rebelión de las ratas de ya saben quién-, se hacen cada vez más necesarios autores como Fernando Vallejo, que sin querer erigirse como salvadores de la conciencia colombiana, pueden dar luz sobre esa inercia que nos mantiene bostezando ante los desmanes del mundo moderno, ya en palabras de Vallejo, «entre papas y presidentes y granujas de su calaña –se refiere a la muerte-, elegidos en cónclave o no, a la humanidad la llevan como a una mula vendada con tapaojos rumbo al abismo» (&lt;em&gt;El desbarrancadero&lt;/em&gt;), bien sea para terminar de hundirnos en la desmesura de su rencor o tan siquiera para reconocer hasta que punto es cierta la anómala y suspicaz conclusión de Vallejo «Colombia es un desastre sin remedio. Máteme a todos los de las FARC, a los paramilitares, los curas, los narcos y los políticos, y el mal sigue: Quedan los colombianos». &lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn7" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_edn7" name="_ednref7"&gt;[7]&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn1" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref1" name="_edn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; &lt;em&gt;La rambla paralela&lt;/em&gt;. (Pág. 137)&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn2" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref2" name="_edn2"&gt;[2]&lt;/a&gt; Llama la atención el que, sin embargo, “el ultimo gramático de Colombia” proclamado en &lt;em&gt;La virgen de los sicarios&lt;/em&gt; (Alfaguara, 1994, Pág. 58), aluda como sustento de su perorata este juicio: “El que no existe no habla” (Pág. 23). Tal vez por ello ahora que se ha declarado muerto, haya decidido dejar de escribir, cerrando ese proceso catártico con &lt;em&gt;La rambla paralela&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn3" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref3" name="_edn3"&gt;[3]&lt;/a&gt; Babelia, suplemento del diario El país de Madrid. 5 de enero de 2002. Entrevista con Juan Villoro&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn4" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref4" name="_edn4"&gt;[4]&lt;/a&gt; Tomado de revista Número, diciembre de 1998.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn5" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref5" name="_edn5"&gt;[5]&lt;/a&gt; No parece haber ejemplo más claro para mostrar tal fenómeno que su novela La virgen de los sicarios, así como su posterior adaptación, inscribiendo en este genero eminentemente apológico, filmes como &lt;em&gt;Rodrigo D. No futuro&lt;/em&gt; (1990) o &lt;em&gt;La vendedora de rosas&lt;/em&gt; (1998), ambos de Víctor Gaviria.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn6" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref6" name="_edn6"&gt;[6]&lt;/a&gt; Las similitudes entre Thomas Bernhard y Vallejo, saltan a la vista. Quizá sea por ello que algunos críticos han creído ver en la obra del colombiano, una suerte de versión latinoamericana de las posturas del dramaturgo austriaco, quien polemizara tanto sobre la situación socio-política de su país y el espíritu del mismo. Sobre el particular, el propio Vallejo, en la entrevista citada unas líneas atrás, declaraba desde México: «No he leído a Bernhard pero sé que él insultaba a Austria, su patria, porque la odiaba; yo en cambio insulto a Colombia, la mía, porque la quiero. Y porque la quiero, quiero que se acabe: para que no sufra más». Puede verse, en todo caso, que la relación entre Vallejo y el dramaturgo austriaco se manifiesta no más que en la polémica que cada uno ha levantado en torno a su realidad particular. Más allá de los motivos propiamente dichos, el espíritu antagónico de cada quién resuelve la precaria asociación: «El hombre no se deja aguar la fiesta por el aguafiestas. Durante toda mi vida he sido uno de esos aguafiestas, y seré y seguiré siendo siempre un aguafiestas” (Bernhard. &lt;em&gt;El sótano. Un alejamiento&lt;/em&gt;, 1976) y «Qué manía tan mezquina esta de los mortales de aferrarse como garrapatas a la vida, a contracorriente de nuestra profunda esencia» (Vallejo, &lt;em&gt;El desbarrancadero&lt;/em&gt;, pág. 119); «Mi existencia, durante toda mi vida, ha molestado siempre. Siempre he molestado, y siempre he irritado. Todo lo que escribo, todo lo que hago, es molestia e irritación» (Bernhard. &lt;em&gt;El sótano. Un alejamiento&lt;/em&gt;, 1976) y «En todo niño hay en potencia un hombre, un ser malvado. El hombre nace malo y la sociedad lo empeora. Por amor a la naturaleza, por equilibrio ecológico, por salvar los vastos mares hay que acabar con esta plaga» (Vallejo, &lt;em&gt;El desbarrancadero&lt;/em&gt;)&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-endnote-id: edn7" href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ednref7" name="_edn7"&gt;[7]&lt;/a&gt; Babelia, Madrid. 5 de enero de 2002. Entrevista con Juan Villoro. A la pregunta ¿Hay remedio para la violencia en Colombia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fotografía de autor: Indira Restrepo&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-3089128843775502334?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/3089128843775502334/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2006/11/un-gramtico-muerto-quien-la-muerte-slo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/3089128843775502334'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/3089128843775502334'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2006/11/un-gramtico-muerto-quien-la-muerte-slo.html' title='De Fernando Vallejo...'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-1914337462366567597</id><published>2006-11-11T11:02:00.000-08:00</published><updated>2006-11-13T11:32:44.490-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>Memorias de un paladar decepcionado</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Por Jennifer Toncel&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Memoria de mis putas tristes&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Mondadori - Norma&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Gabriel García Marquez&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;2005&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger2/1890/640861802016976/1600/Memoria_de_mis_putas_tristes_Garbriel_Garcia_Marquez__445815.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger2/1890/640861802016976/320/Memoria_de_mis_putas_tristes_Garbriel_Garcia_Marquez__445815.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Empezar por hablar de García Márquez es un camino que sobra, dado que hay una abundante bibliografía que da cuenta tanto de la crítica e interpretación de su obra como de su vida familiar y personal y, de hecho, si uno se da a la tarea de escudriñar minuciosamente se puede encontrar hasta con la dieta alimenticia que sigue. Sin embargo, y considerando que es el más afamado de los novelistas colombianos, no hay que pasar por alto que ha vendido más copias de &lt;em&gt;Cien Años de soledad&lt;/em&gt; –el libro con el que recibió el Nóbel de Literatura- que cualquier otro de sus contemporáneos latinoamericanos.&lt;br /&gt;Como consecuencia de esto cada uno de sus libros es esperado con alboroto, algo de fanatismo religioso y grandes avalanchas de noticias sobre los ires y venires de sus sonadas invenciones. Su más reciente novela, memoria de mis putas tristes, no fue la excepción. No obstante, he esperado de manera paciente que la crítica especializada se pronuncie con un análisis sistemático de la obra y es poco o nada lo que se ha dicho, aparte de la crítica de brindis que se puede leer en revistas como Semana o en aquella que fue suya y que supo vender en uno de los más inteligentes negocios hechos por un escritor, la revista Cambio. Cabe una pregunta. ¿Por qué la crítica no comenta profundamente esta novela como lo han hecho con otras de sus obras? ¿Acaso los críticos temen equivocarse sobre la calidad de Memoria de mis putas tristes? Creo que, teniendo en cuenta el papel central de la obra de García Márquez en la literatura, ni esta novela ni cualquiera que escriba en el futuro cambiara la posición que tienen asegurada en el canon. Por tanto, un análisis justo de su última novela es obligatorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Memoria de mis putas tristes es la historia de un anciano periodista de noventa años, un solitario que protagoniza una amarga rutina al tiempo que ve como todo a su alrededor se sumerge en un deterioro inapelable. Su vida ha transcurrido en los burdeles pues solo se acuesta con prostitutas, de manera que su lista de relaciones con mujeres haciende a 514, aunque, sin embargo, no encuentre el verdadero amor hasta entrados sus noventa años, no en una mujer de su edad sino en una jovencita de catorce años. ¡Vaya novedad! &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La narración inicia cuando el nonagenario protagonista decide, en la víspera de su cumpleaños, regalarse para celebrar tal fecha “una noche de amor loco con una adolescente virgen”, para lo cual recurre a Rosa Cabarcas, una vieja amiga dueña de un burdel que le acolita en su empresa: una niña de catorce años -virgen y narcotizada con valeriana- que lo espera dormida y desnuda en la habitación del prostíbulo. El anciano, después de su confusión y sorpresa inicial, siente el placer de verla en su desnudez y se limita al regodeo visual, lo cual se convierte para él en algo más placentero que la consumación del acto. Lo que comienza como una especie de accidente desemboca, con el curso de los días y los repetidos encuentros, en una ceremonia de renuncia voluntaria. En el interior del personaje se lleva a cabo una revolución moral, se enfrenta a su mediocridad, mezquindad y obsesión de su vida pasada y la repudia. Se convierte en un hombre nuevo al darse cuenta de que es el amor lo que mueve al mundo, en su caso un amor que no conocía, pero un amor contrariado y en sus múltiples formas no correspondido. La soledad, el sexo como paliativo contra la inminencia de la muerte, la certeza del deterioro y el humor sabio aunque amargo de la senectud recorren la novela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si se juzga a la luz de sus obras anteriores, está breve novela no es un gran logro y “su pequeñez no es consecuencia de su brevedad”. El estilo de 'Gabo' sigue presente, pero no tiene la fuerza que se evidencia en obras como &lt;em&gt;El amor en los tiempos del cólera&lt;/em&gt;, por ejemplo. La precisión en el manejo del estilo, la historia y la atmósfera a la que este escritor nos tiene acostumbrados brillan, aquí, por su ausencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Memoria de mis putas tristes puede verse claramente la influencia de &lt;em&gt;La casa de las bellas durmientes&lt;/em&gt; del Nóbel nipón Yasunari Kawabata (1961). Desde el inicio del libro, García Márquez pone en evidencia dicha relación amén el epígrafe que encontramos -las primeras líneas del libro de Kawabata-: “no debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada, no debía poner el dedo en la boca de la mujer dormida ni intentar nada parecido”. Si se observa de manera superficial, la estructura de la obra de Kawabata (que contiene cinco capítulos) se sigue en la del colombiano, al igual que se siguen de cerca algunos aspectos de su trama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En &lt;em&gt;La casa de las bellas durmientes&lt;/em&gt;, Kawabata indaga en la relación belleza-soledad-tristeza a través de la historia de Eguchi, quien asiste a una casa frecuentada sólo por ancianos -véase la liaison con nuestro vegete de noventa- que van a pasar la noche con mujeres jóvenes, desnudas, como dios las trajo al mundo, pero profundamente dormidas. La regla principal de la casa es que los ancianos pueden mirarlas y tocarlas, pero sin llegar a hacer nada grosero, pues todas son vírgenes. Aunque, a diferencia de la obra que aquí analizamos, la de Kawabata está escrita en tercera persona y el diálogo es mínimo, se llega a la memoria de Eguchi por medio del uso de un entramado de recursos: colores, imágenes y sonidos, olores y fragancias llevan al anciano a la evocación de su infancia y de momentos importantes de su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, la intención de García Márquez no es imitar a Kawabata, pues su protagonista tiene un carácter diferente al de Eguchi, es menos complejo en su sensualismo, menos explorador y menos poeta. El 'anciano' de García Márquez encuentra con Delgadina- la niña de catorce años- una nueva alegría que lo hace sentirse vivo, por el contrario para Eguchi dormir con una mujer joven siempre será un consuelo efímero, y la búsqueda de la desaparecida felicidad de estar vivo. Así la versión de Márquez es más optimista que la de Kawabata y a mi modo de ver menos interesante, en la medida en que lo que comienza como confesión lleva a su personaje a una redención que no es lo suficientemente sólida y concluye de manera que el lector siente haber acabado una historia coja, en la que se cierran los ojos al futuro que podría tener la relación entre un anciano decrepito enamorado de una niña de catorce años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para finalizar, cabe anotar que esta novela puede considerarse como una de las obras menores del autor, desde mi punto de vista se quedo como un ensayo de novela. Me quedo después de leerla con el paladar decepcionado y esperando que nuestro Nóbel nos sorprenda con algo que valga realmente la pena y, desde luego, el alboroto de los medios y sus editores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jennifer Toncel&lt;/strong&gt; es estudiante del Instituto Caro y Cuervo, traductora, profesora y comentarista bibliográfica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-1914337462366567597?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/1914337462366567597/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2006/11/memorias-de-un-paladar-decepcionado.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/1914337462366567597'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/1914337462366567597'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2006/11/memorias-de-un-paladar-decepcionado.html' title='Memorias de un paladar decepcionado'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-5184941333438442450</id><published>2006-11-11T10:57:00.000-08:00</published><updated>2006-11-11T10:59:15.054-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>Un novelón de graduandos y nada más</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Por Carlos Andrés Almeyda Gómez&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La estrella de cinco picos&lt;br /&gt;Jorge Alberto Naranjo&lt;br /&gt;La carreta Editores E.U.&lt;br /&gt;Medellín, julio de 2004&lt;br /&gt;269 páginas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el subtítulo una novela sobre la facultad de minas, Jorge Alberto naranjo, profesor titular y emérito de la Universidad nacional de Colombia –sede Medellín- y autor de varios libros sobre hidráulica, reología y filosofía del arte, parece querer justificar la mala calidad del presente libro. Afirma, en primera medida, que se trata de una novela, luego nos pone al tanto de su pretensión de elaborar una suerte de elogio novelado a la que ha sido su profesión principal: la ingeniería de minas. No resulta extraño, a lo largo de dos extensos capítulos titulados para colmo, La vocación y el Aprendizaje respectivamente, encontrarnos con un antioqueño tradicional que increpa a su hijo constantemente en aras de labrarle un destino que ya se hace obvio desde la primera página del libro. El aire de antioqueñidad y la introducción de extensos pasajes sobre mecánica de medios continuos, estática de fluidos, y constantes rastreos –visiblemente pretenciosos dada la condición autobiografica del libro- a la literatura universal y la filosofía (Naranjo escribió además una novela sobre el filósofo francés Gilles Deleuze, Los caminos del corazón), por no hablar de sus gustos musicales y de su pose de crítico de arte, hacen del libro una desafortunada suma de vivencias y expectativas propias de un estudiante que sostiene una trillada lucha con sus deseos y las imposiciones sociales, hacen además que la lectura se torne aburrida pese al sincretismo de su tratamiento formal y a la enunciación desmedida de temas que no son explorados en detalle.&lt;br /&gt;La estrella de cinco picos fue publicada por primera vez en 1985 por la facultad de minas de la Universidad Nacional. El editor de su segunda edición justifica su reaparición con la siguiente afirmación: “La primera edición de esta obra se agotó rápidamente y esto ha hecho necesario esta segunda, que incluye algunas complementaciones señaladas por lectores de la primera”. Con esta cita quiero llegar al mal que padece la presente novela: su origen. No es necesario explicar que su factura se debió a un afán pedagógico que trataba de evangelizar a los estudiantes de ingeniería y que Naranjo parece haber sellado una deuda con su oficio al ligar su ejercicio académico con su frustrada pasión por la literatura. Con todo esto, y aunque el libro pretenda ser un testimonio de “la edad de oro de la escuela de minas” reconstruyendo con cierto detalle las vivencias dentro de la Universidad nacional, “los maestros y cursos, los ritmos de trabajo, las diversiones, los amores, los conflictos universitarios de aquella época, las relaciones amistosas que supieron cultivar”, La estrella de cinco picos no llega a mostrarse más que como una revisión histórica desastrosamente novelada.&lt;br /&gt;La primera parte del libro, La vocación, refiere las causas que pueden llevar a un joven a inclinarse por la ingeniería de minas. Naranjo expone cinco casos en particular y se extiende en explicaciones sobre su entorno –sus antecedentes familiares, sus libros de cabecera, sus ideas y amoríos adolescentes- para llegar a la que ha de ser su vida universitaria, desarrollada en la segunda parte de la historia. José Alfonso Navarro, Luis Fernando Acosta, Gerardo Zuluaga, Camilo herrera y Tomás Ambrosio Ospina son el pretexto para el extenuante seguimiento que realiza Naranjo en su libro, llevándolos desde su infancia hasta el momento de graduarse como ingenieros, luego de casi doscientas setenta páginas de cátedra e historias de amor sin valor alguno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con una descripción pormenorizada del currículum académico, La estrella de cinco picos narra paso a paso los dilemas propios a un grupo de universitarios junto a una serie de atenuantes que Naranjo juzga beligerantes dentro de la narración. En primera medida trata de asir al aburrido devenir de sus personajes, iconos de época como la revolución estudiantil de mayo del 68, a la par de anécdotas de tono escolar sobre los momentos de esparcimiento universitario. No contento con esto, el autor introduce una cantidad considerable de referencias filosóficas y literarias que, al simplemente ser enunciadas y no tener relación alguna con el talante de cada uno de los personajes, dan cuenta de una pobreza intelectual manifiesta desde las primeras páginas del libro:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lo atraían menos los paisajes tibetanos que las estepas lunares; ni le interesaba más Braun que Mozart o que Picasso: Todo le concernía y a todo quería dedicarle atención: adoraba la poesía de Neruda y Salinas, de Barba y Rubén; le encantaba la filosofía, en particular Jaspers –de quien leyó Origen y meta de la historia, ¿Qué es filosofar? Y varios estudios acerca de Sócrates y Jesús y Buda, antes de cumplir los quince años-; Bertrand Russell –de quien leyó Análisis de la materia y el conocimiento humano terminando el bachillerato; y el Sartre de La náusea y Las situaciones, el valeroso Sartre de las Reflexiones sobre la cuestión Judía;...(Pág. 59)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se hace necesario entrar en demasiadas consideraciones sobre las características de cada personaje del libro. En general resulta poco provechoso hacer frente a lo que Naranjo estima como narrable sobre las inclinaciones de cada uno de ellos. En la medida que la historia avanza se hacen aun más incomprensibles las distinciones que el autor nos ha dado por lo que La estrella de cinco picos pierde cualquier atisbo de novela que hubiese tenido en un comienzo. Por lo demás, la lectura deja la impresión de haberse detenido en un punto dado del argumento y no avanzar más que para dar cuenta de algo que se hacía inminente desde la tapa del libro, un novelón de graduandos y nada más.&lt;br /&gt;Otra de las falencias del libro, radica en su tono: Algunas veces coloquial y “arriero” –“Busque pa’ que encuentre, y ahí fue donde me llamó qu’izque ‘esquirol disfrazado’, y yo volví a alzar los hombros: Entonces otro, un tal Bedoya, le dijo: Vení Nepo, ése lo qu’es es un cusumbosolo”-, otras de una gramática en desuso –La criada que abrió la puerta sorprendióse de verlo. ¡Pero si es el joven Navarro! Exclamó- y otras enunciando leyes de termodinámica a la par de descripciones sexuales desagradables:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y él sentíase crecer, envolver con su cuerpo a la muchacha, abrirse paso hacia lo alto, hacia lo hondo, y tomó muchas veces su talle para abajarla, sus nalgas para encaramarla, su lomo para arquearla. Y ella se dejaba dominar y dominaba, se dejaba poseer y poseía, con los labios de su sexo empapados de espuma, con el monte de Venus latiéndole, con todas las paredes de su vagina vibrando... (Pág. 149)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Naranjo no solo adolece de una pésima forma de narrar. Sus calificativos son grotescos o tan pretenciosos que no logran traducir la idea que se propone expresar. En un solo apartado del libro su relato pasa de ser complejo a grandilocuente, gracias a un narrador que intenta abrirse paso a cada párrafo con inocentes tretas verbales. Así mismo, como mayor defecto del libro, su autor no logra independizar el tono neutral de la narración de aquel léxico regional que ha dado a sus personajes y con el cual seguramente intenta resaltar su carácter antioqueño o darle siquiera un aire más ligero a sus exposiciones académicas. Por otra parte, al tiempo que la narración se torna confusa y ambivalente, las anécdotas que el libro refiere dan cuenta de la poca creatividad que su autor demuestra a la hora de ilustrar algunas aventuras eminentemente adolescentes, como aquella en la que uno de sus personajes, decepcionado por un fracaso académico, prueba la marihuana, todo ello con la música de los Beatles como banda sonora:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;‘Sun, sun, sun, here comes’, reiteraban los coros, y él veía fibras luminosas ondular, levantarse al fin la niebla; (...) ¡Qué lleno parecía el mundo de misterios para preocuparse por una nota escolar! ¡Qué revelaciones! Acordóse de la alquimia del verbo, de Rimbaud, pero esto exedía cualquier descripción... (Pág. 250)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguramente este libro ha de ser de mucho valor para aquellos estudiantes de la ingeniería de minas que de alguna forma son incluidos en este desafortunado homenaje. Naranjo traduce con fidelidad cada materia de cada semestre y teje la que debió considerar como la novela dentro de su historia. Dicha novela no está representada más que en un par de romances sin sustancia, la rebeldía de un estudiante que terminó por convertirse en profesor y escritor mediocre, Tomás Ambrosio –tal vez el personaje que más concuerda con su autor-, la lucha por los puntajes al término de cada semestre y la obtención final de un título de ingeniería. Naranjo no escatima en referencias al desarrollo de cada materia, introduce sus diálogos en respuesta a una necesidad más instintiva que práctica y lleva la novela a un desenlace bastante irregular. Se da noticia del año, 1973, y su autor se apresura a hacer un resumen de cada uno de los personajes. Luego remata con esta perla:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la hora de concluir este relato cae la tarde de un día de noviembre. Enfrente del pórtico, observando una talla de piedra sobre el muro, se encuentran asidos de la mano, Caty y Tomás Ambrosio... (Pág. 267)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente a una escultura de Pedro Nel Gómez –que sirve además de carátula al libro- los dos enamorados intercambian palabras con “un hombre flaco, alto, impecablemente vestido de paño gris, con camisa de cuello duro y corbata” al que parecen haber visto antes. De pronto, y luego de escuchar de él la que parece ser la enseñanza del libro, “Esta es la patria, ingeniero Tomás, un pórtico sobre dos bases muy bien equilibradas: amor y conocimiento”, el hombre se diluye frente a ellos. El desenlace de La estrella de cinco puntas nos da cuenta de dos características de su autor: la primera, su amor confeso por la Ingeniería de minas y la segunda, su incapacidad para acercarse al ejercicio de la literatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-5184941333438442450?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/5184941333438442450/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2006/11/un-noveln-de-graduandos-y-nada-ms.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5184941333438442450'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5184941333438442450'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2006/11/un-noveln-de-graduandos-y-nada-ms.html' title='Un novelón de graduandos y nada más'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-5204564044691029089</id><published>2006-11-11T10:51:00.001-08:00</published><updated>2012-01-23T05:02:09.081-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura'/><title type='text'>No vaya uno a envenenarse</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;Por Sophia Vázquez Ramón&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De esta agua no beberé&lt;br /&gt;Margarita Posada&lt;br /&gt;Ediciones B&lt;br /&gt;Bogotá 2005&lt;br /&gt;279 páginas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-JBHXb-uxCuE/Tx1aBtDuhDI/AAAAAAAAA9M/_y5Z6ewXqkw/s1600/3351731-L.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="200" src="http://4.bp.blogspot.com/-JBHXb-uxCuE/Tx1aBtDuhDI/AAAAAAAAA9M/_y5Z6ewXqkw/s200/3351731-L.jpg" width="129" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;En un artículo no tan reciente publicado en Colombia, Alejandro Gaviria tildaba la novela De esta agua no beberé de la joven periodista Margarita Posada como una más de aquellas típicas novelas de yuppies y para yuppies. Tiene razón, tanto por el hecho de calificarla como parte de un género incipiente como por sus intenciones pseudos-críticas o pseudo-beligerantes que no hacen más que acusaciones livianas -‘musarañas a mano alzada’- del establishment del cual hacen parte.&lt;br /&gt;Aquí, sea en el imaginario londinense o bogotano de Margarita Posada, esa suerte de Fashion City, “Sex and the city criollo” –como anota Gaviria-, es un irse revelando desde el flanco de siempre, el cliché que desaprueba los signos característicos de una sociedad del tercer mundo, arribista, machista, a todas luces el mismo enlatado televisivo, la cancioncita de Willie Colón: la mujercita que se mete en las sabanas de todos para ganarse su lugar en la farándula del mundillo del cual abreva Posada. ¿Quién reclama desde la novela? La vocecilla de la burguesía despotricando de la burguesía que le ha alimentado. Ello me recuerda, y que se me perdone la asociación, el título de un cuento de Mario Benedetti que cae bien a esta reseña, Pequebu, aunque su contenido nada tenga que ver con las intenciones de Margarita Posada. Pues bien, este Peque-bu, pequeño burgués, es el pato latinoamericano que trepa, reniega, está en la coladera sin poder salir, es a ratos altruista, filántropo político y crítico social por amalgama, fundador de escuelas y centros pro tal cosa, en síntesis, un figurón sin argumentos. Margarita Posada cree que el oficio de periodista y uno que otro puesto gubernamental le han dado cancha –como se dice en la vecina Colombia- en temas sociales y políticos. El análisis social queda aquí supeditado a una historia intimista llena de evocaciones algo oníricas y música para adolescentes citada mil veces como parte de su retahíla. Hablamos de un supuesto “abordaje a uno de los conflictos sociopolíticos nacionales más impresionantes del mundo: el caso (o la tragedia) de Colombia” –como afirma nada más que Mempo Giardinelli en la contra carátula del libro- visto con el catalejo roto de una joven columnista de revista para hombres (La Revista Soho) y con una banda sonora que va desde los Beatles hasta Cold Play.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-JArj8FdoTAk/Tx1aJIRoX-I/AAAAAAAAA9U/4NL4Si7_10c/s1600/Posada.JPG" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="132" src="http://1.bp.blogspot.com/-JArj8FdoTAk/Tx1aJIRoX-I/AAAAAAAAA9U/4NL4Si7_10c/s200/Posada.JPG" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;Ana Cristina, la protagonista -rodeada en la novela de más personajes que Los Hermanos Karamazov de Dostoievsky, que ya es mucha gente para una historia tan fofa como la de Posada- se lanza a su fantasía estilo Beverly Hills, en medio de desamores, goma de mascar, perros, gatos, amigos, etc., etc. Según se nos ha dicho, la novata escritora quiere mezclar sus historias, crear conectores muy Corre Lola Corre, melodramas insipientes que coincidan unos con otros.&lt;br /&gt;Ana Cristina es el alter-ego de Margarita Posada, lo sé de algunas fuentes que le ven como uno de esos mujerones –en términos muy criollos, muy a la colombiana, para su deleite crítico- que van por ahí entre encuentros literarios pavoneándose quién sabe de qué. Para colmo esta perla salta en la novela, Ana Cristina-Margarita:&lt;br /&gt;&lt;blockquote class="tr_bq"&gt;“El médico le decía con voz grave y sin entonación: ‘es usted un símbolo sexual desde niña, una de esas mujeres que siempre botan fuego por la boca y destilan olor a flores rojas, una bomba explosiva… o al menos eso piensan los demás y eso ha terminado por creerse usted. Sus caderas se mueven siempre al ritmo de algo, no importa si es el viento, la música, los simples pitos de los carros, o una alarma de ambulancia. Nunca ha podido desligarse de su hermosura ni de, ni de ese hilo de perfume que destila sin proponérselo y que atrae a los hombres. Conoció el amor y todos sus manjares. Conoció también el sexo y todos sus caminos, sus escondites…”&lt;/blockquote&gt;En tanto Margarita Posada nos da cuenta de algo que no nos incumbe, ni siquiera como sustento de su ‘crítica socio-política’, encontramos análisis ginecológicos, cosas de psiquiatría, interpretación de sueños, uno y otro apunte melómano-adolescente. Se sabe de su hermandad con el personaje femenino que recala en los mismos oficios, como ir “todos los martes (…) a la revista Hoy” y entregar una “crítica de cine con dos o tres películas comentadas”. Se sabe de internautas que hablan entre dientes de conflicto mundial, payasos con el carro de papá, The Martinis, Flash Dance, Dirty Dancing, Gucci, D&amp;amp;G, Hermes (“una corbata de colorinches que parece de Pat Primo), Alice In Wonderland –ni la literatura se salva- y toda la basura que pueda caber en el pequeño espacio craneal de una joven victima de los estereotipos. No faltaría nombrar cosas, mencionar hechos, decir esto ocurre o aquello sucede, nada pasa allí, sólo el desbocado narrar en un Pub junto a un desabrido cóctel para señoritas.&lt;br /&gt;Margarita Posada aclara su enredo, el de su protagonista Ana Cristina, mediante otro trabalenguas lanzado a las aguas de la Internet como parte de la promoción que su editorial –Ediciones B- hizo tras la presentación del libro:&lt;br /&gt;&lt;blockquote class="tr_bq"&gt;“La novela es el mapa afectivo del desengaño colectivo, la crónica de las transiciones infelices entre la infancia sintomática y la juventud irredenta. El yo nace, por eso, en el aprendizaje del menoscabo. Es, sin embargo, notable el humor vital de ese trayecto, desencadenado por el espléndido coloquio del relato. Se trata de una conversación permanente que ocupa todos los registros de la escritura como un alegato de la voz, de su intimidad, capacidad de registro, y voluntad de entender. Una voz que humaniza el fin del mundo colombiano y su sonambulismo moral”.&lt;/blockquote&gt;¿Si es así la explicación, se imaginan la novela?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esta agua no beberé es un novelón experimental que instiga, hay un sin fin de diálogos y bocetos de personajes, alusiones de niña bien, tecnología, los mass-media y toda la parrafada del caso. Margarita Posada bebe del agua de la emoción, su libro es sólo pretensión y, eso sí, bastante fe en las quimeras de su quehacer como ‘escritora’, un ejercicio de afectos e inofensivos jaloneos de pelo. Bien se ha visto que la adolescencia no se cura precisamente en el Chat, no se hacen escritores frente a la pantalla del televisor ni en la sala de masajes.&lt;br /&gt;Comunicadora de la Universidad de La Sabana, Margarita Posada trabajó por un tiempo para MultiRevistas del periódico El Tiempo –primero en una revista muy snob, Punto G, y luego en otra ideada para idiotizar pequeñas adolescentes, Luna-; más tarde fue asesora de la Secretaría Privada en la Presidencia de la Republica; en la actualidad es columnista y editora de especiales de la revista Soho. Otros datos, muy comunes en las biografías de autores de su nivel, hablan de ella como una niña que quiso ser en algún momento actriz o que hubiese dado la vida por ser “bailaora de flamenco”. En otro lugar de referencia, un articulo llamado En primera persona, habla de su afecto por el mundo del jet-set literario y anota: “Las clases de redacción me llevaron a entender que escribir no es un arte magistral sino un oficio corriente que sólo se aprende haciendo dos cosas: escribir y leer”. Cada quien sacará sus propias conclusiones.&lt;br /&gt;Corta en sus propósitos y llena de snob –que se entiende sin embargo como elemento constitutivo de sus argumentos-, De esta agua no beberé termina por engañar y no dejar nada aparte de un pesado ir y venir sin resolución. En fin, tan densa que su ‘complejidad’ se vuelve error, confusa perorata, bla bla bla de pequebu, relajo literario. En conclusión, no hay nada que le salve de las aguas del desastre, donde desde luego a nadie se le ocurriría beber.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-5204564044691029089?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/5204564044691029089/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2006/11/no-vaya-uno-envenenarse_11.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5204564044691029089'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5204564044691029089'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2006/11/no-vaya-uno-envenenarse_11.html' title='No vaya uno a envenenarse'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-JBHXb-uxCuE/Tx1aBtDuhDI/AAAAAAAAA9M/_y5Z6ewXqkw/s72-c/3351731-L.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5249939882123069282.post-5616656554488717670</id><published>2006-11-11T10:25:00.000-08:00</published><updated>2012-01-19T06:39:45.604-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='FILOSOFÍA'/><title type='text'>Del Eterno Retorno y la civilización</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;strong&gt;Por Pablo García Arias&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nietzsche y el círculo vicioso&lt;br /&gt;Pierre Klossowski &lt;br /&gt;Altamira&lt;br /&gt;Argentina, 2000&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-1cQEizDbJ8I/TxgrDHTKenI/AAAAAAAAA68/0atNTIkVgOw/s1600/50-NIETZSCHE+Y+EL+CIRCULO+VICIOSO_baja.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="200" src="http://3.bp.blogspot.com/-1cQEizDbJ8I/TxgrDHTKenI/AAAAAAAAA68/0atNTIkVgOw/s200/50-NIETZSCHE+Y+EL+CIRCULO+VICIOSO_baja.jpg" width="143" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Escritos en el año de 1844, los Manuscritos de economía y filosofía&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn1" name="_ftnref1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;1&lt;/a&gt; son el intento por pensar de manera sistemática los mecanismos de enajenación que competen al sistema de producción capitalista. En diálogo continuo con Smith y Ricardo, Marx desarrolla un análisis acerca de los procedimientos que conducen a la acumulación del trabajo, acumulación que se refleja en la aparición de capital. Existe una tensión o tendencia que tensa y pone en relación los fenómenos de almacenamiento monetario, de división laboral, y del número de trabajadores involucrados en la empresa mercantil, tensión que se expresa de la siguiente forma: el almacenamiento capitalista incrementa la escisión laboral, la cual aumenta a su vez la cantidad de obreros que trabajan en tal o cual oficio que participe en la economía social. Esto se expresa igualmente diciendo que la proporción de trabajadores aumenta la división del trabajo, la cual sube el almacenamiento de capitales.&lt;br /&gt;Ahora bien, el capital, los trabajadores, los movimientos de acumulación y de balance (y desbalance), las formas de división de estos procesos representativos, son relaciones graduales y modos de consistir entre elementos singulares o fuerzas en alternancia y reciprocidad. Sus condiciones alternantes se expresan de tal o cual modo, producen tal o cual otro. En el momento en el que los grados de movilización potencial se estatizan, tendiendo a la permanencia de sí, las sujeciones se desencadenan, y por tanto los acentos cada vez más marcados de sus aparentes estaciones representativas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se da entonces el arraigo de los estados, los movimientos sociales a niveles macro se hacen equivalentes con respecto siempre a sí mismos, fortaleciendo, por decirlo así, su igualdad estacionaria. Entre equivalencias, los movimientos laborales de trabajadores dependientes se acentúan, se hacen más sonoros y arraigados en su condición de dependencia, que se marca en sí. Se trata en todo esto de fuerzas que pierden su capacidad de discernir, su potencia diferenciante o disposición de afirmarse en tanto que singularizaciones de inequidad. Pues entre los desiguales que se afirman las tensiones no se crean entre lo mismo y lo mismo, dando como resultante una explotación siempre igual, masiva y ruidosa, sino entre elementos disímiles producentes de la atmósfera innotable donde toda aproximación es conectiva, vecinal, tendiendo indiscernible.. Sea realizar aquí una breve contextualización del problema de las tendencias hacia la indiscernibilidad como fuerzas que minan los aparatos igualitarios y totalizantes de la masificación generalizada:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Spinoza piensa el poder de un cuerpo (su potencia) en términos, no de su forma o de los órganos que posee, tampoco de las funciones que ejercita y que le son determinantes, sino a partir de elementos diferenciales, latitudinales y longitudinales, que lo definen, expresa lo esencial: Longitud: composiciones singulares que se producen bajo tales relaciones de movimiento y reposo, de velocidades y tardanzas, de rapidez y lentitud; y Latitud: zonas de afecciones intensivas de las que es capaz ante tal o cual grado potencial o de fuerza&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn2" name="_ftnref2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;2&lt;/a&gt;. Es lo que ya desarrollaba, en otro tiempo, el naturalista francés Etienne Geoffroy Saint – Hilaire (1772-1884), cuando planteaba la presencia de singularidades anatómicas en libertad y moléculas que, variando a partir de sus modos combinatorios, podrían concebir un órgano cualquiera, un individuo o función, según sus tendencias de disposición y grados compositivos; todo esto creando zonas en las que podría darse el paso de un animal cualquiera a cualquier otro, mediante operaciones temporales de plegamientos y/o despliegues (y/o sobrepliegues)&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn3" name="_ftnref3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;3&lt;/a&gt;. Saint-Hilaire, creador de la teratología…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La alteridad por latitudes involucra ejemplos gráficos de mayor claridad, que permiten dar cuenta de la distinción efectuada por, se dice, una gaviota en tiempos de crianza, con respecto a los huevos llenos frente a las cáscaras, vacías, pero de formación igualmente ovular: es una determinada intensidad en el blanco que se siente, un tono preciso de espesor que difiere o que es gradual, etc.: épocas, tiempos, fechas y lugares que trazan diferentes modos individuantes&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn4" name="_ftnref4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;4&lt;/a&gt;: “Son elementos sin función o forma que, entrando en diferentes combinaciones transitorias y contingentes, configuran relaciones correspondientes a tal o cual cuerpo”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn5" name="_ftnref5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;5&lt;/a&gt;. Se trata siempre de procesos que se vuelven, que se han vuelto y que no pueden dejar de volverse indiscernibilidades; grados de diferenciación productores de lo que se percibe y siente a medida que tal volverse, ese retornar, crea nuevos compuestos actuales. Se habla de retorno e indiscernibilidad puesto que, por un lado, ya se ha visto, es un problema de pliegues contingentes, de mareadas. Por otro, es el volver a hacerse indiscernible, para el volver de otra cosa, activando su desigualdad. Todo lo contrario a perderse en lo indiferenciado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se habla además de grados de diferenciación, porque es justamente la singularidad que en un proceso de producción jerarquizante, valorativo, se desiguala, esto es, se relaciona, relación o boda con otras singularidades con las que produce los campos de indiscernibilidad deseados. Todo esto en el trazo de regiones llanas que anteceden y que están después de la percepción actual, pues esa percepción, la de las formas que se ven, que se conocen, etc., lo es de la diversidad de lo consolidado, no de la diferenciación producente (donde las diversidades o las posibilidades no caben): “Es de la naturaleza de la fuerza afirmar su diferencia con respecto a las demás. La fuerza ha de afirmar su valoración de las demás fuerzas. (…) La relación exige la diferenciación de las fuerzas. La diferenciación se actualiza con respecto a la posición o jerarquía”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn6" name="_ftnref6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;6&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Indiscernibilidad no es, pues, indiferenciación, sino todo lo contrario. Es filtrar, infiltrar, si se quiere. Recuérdese la producción de indiscernibilidades temporales que genera el escritor José Lezama Lima, no solamente mediante todos los fluidos de luz (entre otros tantos) que pueblan Paradiso (y de ahí la importancia en la obra de las entradas, salidas y puertas, de los ventanales y las persianas, y de por sí de toda clase de orificios, como lo ha mostrado Vitier y colaboradores)&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn7" name="_ftnref7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;7&lt;/a&gt;, sino también a través de la efectuación modulada del tiempo a lo largo de los trastornos sensoriomotores del cuerpo (y así el paso narrativo en el libro de la manifestación estudiantil del año 30 en Cuba a las manifestaciones egipcias sexualmente alucinadas en función de Osiris –caps. VIII, IX y XIV-, alternancias de carácter, podría decirse, epiléptico, que producen el aparentemente desconectado y distante cap. XII, juego con la música dodecafónica, etc. Es lo mismo que se expresa, a la final, con Oppiano Licario, capítulo partido en el tiempo, publicado en sus inicios por Orígenes, terminado varios años después como cierre de la obra –cap. XIV-.). Zonas de indiscernibilidad, es entonces donde se produce la verdadera transversal temporal singularmente revolucionaria&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn8" name="_ftnref8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;8&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se olvide que todo elemento diferencial crea lo diverso en tanto que pasa por grados de actualización, y justamente cuando esa actualidad se forma, su potencia diferenciante se vuelve imperceptible. Virtual: “Por ejemplo, la Idea de color es como la luz blanca que perplica en sí los elementos y relaciones genéticas de todos los colores, pero que se actualiza en los diversos colores y sus espacios respectivos; o la Idea de sonido, como el ruido blanco. Hay del mismo modo una sociedad blanca, un lenguaje blanco (el que contiene en su virtualidad todos los fonemas y relaciones destinados a actualizarse en lenguas diversas y en las partes notables de una misma lengua)”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn9" name="_ftnref9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;9&lt;/a&gt;. Son procesos de oscilación, mareadas, tal y como Nietzsche asegura su relación con el mar, con el hermoso monstruo&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn10" name="_ftnref10" style="mso-footnote-id: ftn10;" title=""&gt;10&lt;/a&gt;. Es decir, en todo caso, fuerzas de sensación en relaciones de actualización plural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El concepto de sensación alcanza variabilidad en el ser impulsado; todo impulso se reacomoda en una conmoción, y las conmociones más fuertes son siempre las que se producen de manera paciente y silenciosa, distante de la percepción. Un cuerpo funciona como cúmulo de conmociones, las cuales se afirman en un estado de inatención, en el estado de olvido del cuerpo que las sufre. El olvido como actividad es la impercepción donde se están produciendo zonas impulsivas, las cuales al no retornar devienen percibidas, y entonces es necesario un nuevo movimiento, una nueva disposición que imprima un giro a la percepción conduciéndola otra vez al olvido de percibir, y así el sentir aprovecha para retornar el impulso en un grado diferente. Un cuerpo va de esta manera envejeciendo y rejuveneciendo cada vez en oscilaciones que, sin embargo, impulso tras impulso, conmoción tras conmoción, se van cansando hasta la fatiga, hasta una serie de fuerzas cansadas que ya no contrae más cambios, que ya lo que quiere es dejar de contraer ondulaciones y así poder cada vez menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Distante de lo igual, afirmando la tendencia desequivalente, se encuentra el pensamiento del eterno retorno, el cual es un tormento, pero también las más grande afirmación de lo que vive: experiencia que de ser intuida requiere el llamado de las otras instancias (variaciones) fundamentales que dan movilidad al efecto nietzscheano: superhombre, voluntad de poder, muerte de Dios. Cuatro conceptos, pero que son uno y el mismo, sin dejar de ser cuatro además de la infinita pluralidad tonal que compone a cada uno. El superhombre es todo lo contrario al hombre superior (aunque éste ya alcance a anunciarlo), al que aborrece. Superar al hombre, efecto sólo posible mediante otra efectuación, voluntad de poder (voluntades creadoras), que es todo lo contrario de una búsqueda del poder en el establecimiento, poderes institucionales que la (s) voluntad (es) de poder (es) aborrece. Voluntad de poder es esencialmente carencia de esencia, pluralidad que no es actual, inorganidad pura (pura y perfecta impureza), pureza consistente en una absoluta variación, que es “en sí” lo plural, diferenciación absoluta entre la relatividad, que constituye de una y otra forma el lugar del cambio en la frecuencia, estado de la alteración en la intensidad que responde al momento en el que el hombre ya no es hombre y las cosas ya no son, sino que unos y otras se están individuando siempre en nuevos agentes que porque se desean se componen entre sí; justamente como afirma Maurice Blanchot: “el arte es ante todo la conciencia de la desgracia, no su compensación. Describe la situación de quien se perdió a sí mismo, de quien ya no puede decir ´yo`, de quien en el mismo movimiento perdió el mundo, a la verdad del mundo, de quien pertenece al exilio, a este tiempo del desamparo donde, como dice Hölderlin, los dioses ya no están y todavía no son”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn11" name="_ftnref11" style="mso-footnote-id: ftn11;" title=""&gt;11&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todo esto muere Dios una y otra vez, en una muerte plural, múltiple de por sí, no efectuada por Nietzsche, cuyo problema a la larga no es con Dios. Los hombres matan y crean a Dios una y otra vez: Muere el Dios de la Edad Media (aunque todavía se desconozca) y renace con un nuevo nombre. Razón, Humanismo, Libertad, Progreso, Estado, Paz. Morirá y volverá eternamente. No importa. El gran tormento, dirá Klossovski, lo difícil de soportar, lo abismal del pensamiento del eterno retorno (una experimentación –pathos- más que cualquier otra cosa), es ese para siempre, eternamente, incluso (sobretodo) en la estaticidad. Enfrentarse al para siempre, ser atravesado por eso, desaparece al individuo que lo enfrenta, lo desaparece eternamente, en todos los nombres de la historia, todas las sensibilidades (es decir, todos los grados). Entonces hay que olvidar, volver a ser (alguien diferente), pero volver. Nietzsche comenta “fue necesario que olvidara esa revelación para que se hiciera verdadera”, como Monelle, de Marcel Schwob.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La igualdad, la permanencia, sirven a Marx como síntomas para diagnosticar el acontecimiento en el que la economía política no reconoce al productor más que como instrumento de carga, y al capital, como el poder de gobierno sobre el trabajo y sus productos&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn12" name="_ftnref12" style="mso-footnote-id: ftn12;" title=""&gt;1&lt;/a&gt;. Existen sin embargo condiciones en las que las tasas de beneficio de los capitales elevan los salarios a costo de una baja en sus niveles de ganancia, esto es, cuando la competencia entre capitalistas se da: Estados competitivos que se nutren de la multiplicación de capitales, multiplicidad al interior de la cual surgen relaciones entre dos modos principales, capital fijo y capital circundante, los cuales producen la nueva tensión o elemento de intensidad entre los intereses individuales y los intereses sociales a nivel molar. Esta tensión, no obstante, siempre se devuelve hacia el alza de las ganancias a grados molares, lo cual conduce a Marx al planteamiento de que en la economía política, bajo el dominio de las formas de producción apropiativas, el interés que cada individuo tiene en la sociedad está en proporción inversa con el interés que la sociedad tiene en él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se trata aquí de zonas de intensidad gradual, intensificaciones leves o pobres en tanto que sus capacidades de variación se encuentran en tal quedadez y lentitud que sus opciones son duales, y dentro de esa dualidad (dialéctica), tendientes a la unidad, a la identidad (“el capitalista”, “el trabajador”, “el salario”, “el beneficio”, “la renta”). Faltan nuevas puestas en relación, nuevas fuerzas de variación que den velocidad a los procesos, mayores líneas de producción variante que enriquezcan los grados de intensidad hacia su transvaloración sensible (justamente un problema de valores y sentidos). Adelantar el proceso, ir todavía más lejos. Como dice Nietzsche citado en El AntiEdipo, todavía no hemos visto nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En unas páginas difíciles, Pierre Klossowski, en su compleja obra Nietzsche y el círculo vicioso, afirma que para que sea comunicable, la intensidad debe tomarse a sí como objeto: “al volver sobre sí misma, la intensidad se interpreta (re-pulsión) ¿pero cómo puede interpretarse a sí misma? Haciéndose ella misma contrapeso: para eso tendría que dividirse, desunirse y reunirse; eso es lo que le sucede en lo que podemos llamar momentos de alza y de caída; sin embargo, se trata siempre de una misma fluctuación: es decir, la onda en el sentido concreto”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn13" name="_ftnref13" style="mso-footnote-id: ftn13;" title=""&gt;2&lt;/a&gt;, lo cual deja entrever el problema una vez más: No es que un individuo tenga intensidades, sino que son las tensiones y distensiones las que se individuan, teniendo individuos simulados. La intensidad que vuelve sobre sí es el individuo que vuelve sobre sí mismo. Dado este volver Klossowski recuerda la importancia del espectáculo, ya se ha dicho, de las olas y el mar para la contemplación nietzscheana, y en efecto el mar, y las embarcaciones que lo enfrentan, son el pensamiento y la existencia. Son (no “como”) las afecciones que ponen en manifiesto (y así la música), los niveles fluctuantes inorgánicos (pues no es tanto la ola sino su intermedio, su entre tiempo, su ir-venir, lo que la forma y la disuelve) que crean lo que se ve, lo que se siente y lo que se es. La navegación y el mar es el problema del pensamiento; el acto de partir. Así Nietzsche les grita a las olas “¡vosotras y yo somos del mismo origen!, ¡de la misma raza!”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn14" name="_ftnref14" style="mso-footnote-id: ftn14;" title=""&gt;3&lt;/a&gt;, siempre de la raza menor. En realidad lo que importa o interesa de la ola es su transcurso, la potencia de su transformación, pues es en el trayecto mismo donde se vuelve ola; principio y fin son solamente otros intermedios. Lo mismo para el pensamiento y el “ser”. Kafka recuerda que un pensamiento nunca va de un punto de partida a uno de llegada, nunca se origina en su punto inicial yendo hacia su punto final siguiendo un ordenamiento, sino que aparece de repente, por ahí, como “un” filamento de hierba, y así todo lo demás (no se trata de azares arbitrarios, que por cierto ocurren, sino más bien de afinidades in-significantes). Entonces a toda buena voluntad de actuar, a la voluntad de conocimiento, basada en la intención de partir de este punto inicial para llegar a ese otro preciso, final, le es revelado su carácter de improducción, su esterilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pensamiento es un grado de sensación, el intelecto es otro grado sensible, no hay diferencia de naturaleza entre racionalidad y afección, sólo una diferencia de intensidad, de frecuencia tonal, de tonalidades que difieren; dos composiciones (fuerzas) efectuantes a diferente ritmo, en donde un ritmo es más fuerte que el otro. ¿Cuál que cuál? Solamente se trata de fluctuaciones. El Eterno Retorno no es tanto que todo se irá y volverá, yendo de un atrás hacia delante perpetuamente, repitiendo lo mismo, sino que todo ya está ahí y permanece en el mismo lugar siempre; no hay avances ni retrocesos oscilando sobre un centro; no hay desplazamientos en la historia, no hay ninguna historia, sino grados. Todo ocurre en el mismo lugar (temporal), sobre la misma superficie, en la misma geografía que en su estaticismo o suspensión cambia produciéndose siempre, por siempre, en el mismo sitio. Se ve el pasado y se conciben tiempos remotos, pero nunca se ha tratado de un atrás y un adelante; se está siempre ahí donde se cree que los hechos ya no están, y sin embargo todo lo que existió está en la superficie que se habita, a otros grados diferentes: un mismo suelo (que es un cúmulo de grados más) que se transforma en su primer plano, complejizándose y también produciendo zonas llanas, con todo, tensándose y entrando en distensión en una única y misma zona o región temporal que permanece en la simultaneidad de lo pasado y lo porvenir: suspensión y quietud cósmica a niveles diferentes de duración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sería así un error concebir el tiempo bajo los criterios de la sucesión: no hay ni pasado, ni presente, ni futuro, sino un pasando de lugar suspendido y alterado, que se altera siempre en su quietud, porque no es que sea una cosa estática, sino una suspensión aglutinada que permanece dada su tensión, liberándose por tanto en grados inferiores, poblando su superficie (la Tierra). Esta geografía en sí no es nada, porque lo que se piensa materia es tono gradiente, que, re-presentado ante otros grados inferiores, más débiles, menos tensos, éstos, dependiendo de su (s) fuerza (s), la valorarán como tal o cual estado (sólido, líquido, gaseoso, etc.). Un cuerpo no atrae otro cuerpo (representaciones), pues no son los cuerpos, sino los grados lindantes, efectuaciones buscando sus afinidades o produciéndose en sus repulsiones. A una fuerza pequeña (no en tamaño sino en grado tenso, de capacidad, de poder) siempre le parecerá acontecimiento afín una efectuación más consistente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que se ha llamado Cultura, en su apreciación representativa, cada vez manifiesta de mayor forma esta tendencia hacia las compactaciones (por falta de una palabra mejor), ¿hasta desaparecer, no por un dejar de estar, sino por pluralidad, y no precisamente de la especie? Pues es verdad que, lejos de un reduccionismo técnico (y por extraño que suene pero tratándose no de una metáfora o analogía sino de una producción de lo mismo a diferentes grados), la representación de la Historia de la humanidad (y téngase en cuenta que la creación del pensamiento es todo aquello que se libera de -y que libera a- la representación) bien podría –si se quiere- diagramarse como el paso de, por ejemplo, el acetato volviéndose disco compacto, ahora disco mínimo, etc., y también el paso de cualquier aparato militar de los 40`s a uno de los 80`s, del 2000, etc., y de nuevo un rostro pasivo que ve televisión tiende a la anchura, a la expansión, mientras que uno que lee o se concentra se ajusta, consiste, se hace más preciso, y así el cerebro, funcionándose, agudizándose. Y justamente, a mayor compactación, mayores solturas así como mayores prevenciones, en unos planos menores recogimientos, en otros modos distintos de soltarse o encerrarse. No se crea ahora que esta es la nueva teleología, pues ¿cuál es la unilinealidad o única dirección de lo que se propaga? No se trata de una unidad que se compacta cambiando de tamaño, nociones representativas, sino de efectuaciones que desean ajustarse, y haciéndolo devienen difusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dado un grado más (in)tenso que los demás (intensidad inextensa, diferencial), cuyas efectuaciones tensionantes, diferenciantes, superan las de otros grados (otros grados de frecuencia similar, y así estamos hablando de la frecuencia humana), a éste cúmulo de tensiones alternantes le será fácil sentir las alternancias que a los otros grados les ocurren (o que aún no les han ocurrido) a un nivel menos fuerte, más bajo, dado que el grado (y un grado es relaciones, ya multiplicidad) que siente y que los piensa los ha vivido a niveles más elevados, más intensos. Así le será fácil predecir y adivinar la realidad, ser vidente, hablarle a otros tiempos: “nosotros los solitarios construimos nuestro nido en el árbol del porvenir; las águilas nos traerán en sus picos el sustento. (…) Y aquí toco yo de nuevo mi problema, nuestro problema, amigos míos desconocidos (pues todavía no sé de ningún amigo)”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn15" name="_ftnref15" style="mso-footnote-id: ftn15;" title=""&gt;4&lt;/a&gt;. Y entonces producir un discurso en el cual cada quien se irá reconociendo y sintiéndose (recuérdese a Marcel Proust aconsejando su obra como herramienta para que el lector se lea a sí mismo, o Las meditaciones de Descartes, meditaciones que va realizando en realidad el lector, por la lectura cartesiana). Y entonces este grado será un brujo (…nosotros los brujos…&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn16" name="_ftnref16" style="mso-footnote-id: ftn16;" title=""&gt;5&lt;/a&gt;), un hechicero, es decir, muchos (todo lo contrario a las despreciables interpretaciones y creencias de tipo místico o esotérico que suponen “magia”, que suponen que a los hombres los rodean fuerzas y energías, auras y demás elementos ocultos. No hay, nunca ha habido nada oculto). Todo esto se resume en las palabras de Oscar Wilde: Para comprender a los demás hay que intensificar la propia individualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces se da el juego de lo que se alterna, que brinda a Klossowski unos fuertes desplazamientos lingüísticos: la palabra que cambia, el nombre que ya no es: “Lord Bacon habría disimulado disposiciones monstruosas, bajo la máscara de Shakespeare. Si Nietzsche ´hubiese publicado Zaratustra con el nombre de Wagner, nadie hubiese sospechado que se trataba del autor de Humano, demasiado humano (el visionario de Zaratustra)`. Pero Wagner no es ni Shakespeare ni Bacon, aunque Nietzsche no dude en asignar a Wagner, con respecto a sí mismo, un papel de sacerdote –comparable al que Shakespeare habría tenido con respecto a Francis Bacon; así asimila el tormento de ellos a los suyos propios. De manera que se identifica con Lord Bacon porque al tener la certidumbre, acepta el delirio: es decir, la realidad visionaria presupone la fuerza para concretar la visión en la realidad. El delirio no está en el acto monstruoso, sino en la certidumbre de que la fuerza para ejecutarlo es previa al poder de su representación. Monstruoso, criminal expresan el ultraje por el que la visión provoca el poder (…) De ahí que una identidad sea esencialmente fortuita y que una serie de individualidades deban ser reconocidas por cada una, para que el carácter fortuito de éstas o aquella las vuelvan necesarias a todas”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn17" name="_ftnref17" style="mso-footnote-id: ftn17;" title=""&gt;6&lt;/a&gt;. Y por esto el párrafo final del Theatrum Pholosophicum de Michel Foucault (en homenajes múltiples), otro grado de fuerzas severo&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn18" name="_ftnref18" style="mso-footnote-id: ftn18;" title=""&gt;7&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resumiendo lo que se ha dicho, el individuo (individuado) desconoce a uno de los múltiples grados que lo componen las tendencias en distensión (es) que no puede dejar de ser; y esto lo desconoce a nivel del grado cognoscitivo (y que es también este grado un tono o tonalidad de tensión buscando liberarse, sólo que su soltura se carga al ritmo más lento (porque vuelve sobre sí, porque re-pulsa o reflexiona) de todos los demás estados individuantes), pero lo intuye y presiente dados todos los otros grados que lo individuan: pérdida y disolución que se siente todo el tiempo, y así la tendencia constante es la de la distracción, buscar compañía, funcionar por afinidades, necesitar de un poco de ruido, no expandirse sino perderse, abandonar la unidad (que no existe), drogarse, “ser” en tanto que fuerza o grado que pulsa, fuerza en relación, pues en sí es imposible el estado tenso, que es siempre necesidad de dis-tender. La distensión (conversión del tender) es tendencia a la desigualdad, distender no es acabar la tensión sino arraigarla; tensión (es) que vuelve sobre sí (no repitiéndose como en la re-pulsión, sino intensificándose, alterándose), y en esto consiste el doble movimiento, doble afirmación&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn19" name="_ftnref19" style="mso-footnote-id: ftn19;" title=""&gt;1&lt;/a&gt; que conduce a la transmutación, a la transvaloración (y así el “una y otra vez, para siempre” que imprime el tormento del retorno): Liberar la (s) efectuación aglutinante, distensión de intensidad, no por un efecto dilatante expansivo, sino por uno contractivo desigual, aunque a su pesar, dada la respectiva actualización que entonces surge. Cargar la línea, alcanzar la distensión por (in) tensión que se tensa hasta la conversión, y convertirse en algo nuevo, por completo diferente. Una nueva sensibilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las efectuaciones del pensamiento oscilan entre, o una (s) tensión (es) floja, o una distensión excesiva. Las variaciones cerebrales son las que más confundidas están, volviendo sobre sí en un complejo relacional repulsivo (pulsión que vuelve plegándose), de sentido, velocidad y tiempo impensables, y todo un sistema extenso de actividades físicas ligadas a una exterioridad espacial, la cual imprime también nuevas variaciones. Con todo, el problema radica en los grados de afinidad. Búsqueda de afinidades. El pensamiento lingüístico encuentra en esta búsqueda una confusión, dado el carácter singular de afección-percepción en el que las varianzas cerebrales producen su tensión. Los otros órganos (que no son órganos sino grados de tensión (es)) dan con sus afinidades de manera más directa (procesos de relaciones afines dándose siempre y escapando a toda conciencia), pues no se ejercen sobre sí mismas más que para interrumpir el movimiento extenso, y así desactivarse por completo, por un tiempo. Pero toda efectuación busca su afinidad, cada miembro (que es en realidad afecciones en relación, tensándose), cada singularidad. Todo se liga con lo que debe ligarse (por efectuación deseante), el resto es explicación, efectuación defectuosa en su confusión, pero tal vez la única capaz (las efectuaciones de la tensión cerebrante) de producir los agentes más sólidos, y así la creación, innovación de lo que difiere tras derivar de la transmutación del pensamiento (nuevas relaciones con el afuera temporal del pensamiento, una transformación en su modo de ser, como lo ha expresado Edgar Garavito en su ensayo sobre Michel Foucault&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn20" name="_ftnref20" style="mso-footnote-id: ftn20;" title=""&gt;2&lt;/a&gt;). Adentro y afuera en tanto que áreas, exterior e interior, conciencia como instancia opuesta a la producción inconsciente, sueño y realidad, no significan nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces hay que estar seguros de que no se trata de un oponer el cuerpo a la razón, o considerar los sentimientos por encima del intelecto. No hay nada de eso&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn21" name="_ftnref21" style="mso-footnote-id: ftn21;" title=""&gt;3&lt;/a&gt;. De hecho, son racionalidades y conceptos lo que falta por producir, e insertarlos en las composiciones pulsionales más agudas y sutiles, capilares, hasta que la tensión sea tal que los modos razonantes entren en distensión, y así la distorsión los trastoque, hasta que alcancen en el espacio la velocidad infinita (por carecer de principio y fin) que ya han logrado en el plano de las afecciones inextensas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Superar principios y fines, dada una agudeza más profunda en la productividad, agudeza que incrementa la noción todavía poco aguda de utilidad. Este es el proyecto más general de Nietzsche-Klossowski, liberación de la finalidad (y sobretodo cuando el fin último actual es la conservación de la especie) por un pensamiento que da vueltas sobre el delirio como si fuera su propio eje. Delirio y lucidez, salud y enfermedad, verdad y mentira consideradas desde la óptica de la decadencia y la elevación, de la nobleza y la vileza, de lo singular y lo gregario, del silencio frente a la comunicación, del impulso tras la buena voluntad, riendo. El silencio y el complot, conspiración nietzscheana que consolida el combate contra la cultura. Con todo, la constante impulsiva que no deja de producir nuevas individuaciones, por un intelecto ya no sólo re-pulsivo sino infinitamente más complejo y vital que el que se confunde con la conciencia humana&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn22" name="_ftnref22" style="mso-footnote-id: ftn22;" title=""&gt;4&lt;/a&gt;: el problema no es con los hombres, el hombre es, a fin de cuentas, algo que debe ser superado&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn23" name="_ftnref23" style="mso-footnote-id: ftn23;" title=""&gt;5&lt;/a&gt;. El mutismo no corresponde al silencio; por mutismo la corporeidad se somete en estados institucionales, médicos y psiquiátricos, que comunicarán lo incomunicable de manera utilitaria, trastocada, para dar con explicaciones y dictámenes a cuyo fondo subyace siempre y de nuevo el mutismo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“si los ultima verba del profesor Nietzsche se inclinan a la afasia, los médicos verán en eso una confirmación de su principio de realidad: Nietzsche franqueó los límites, cae en la incoherencia, ya no habla, vocifera o se calla. Nadie cae en la cuenta de que la ciencia misma es afásica. Que bastaría que pronunciara su ausencia de fundamento para que ninguna realidad subsistiera –de ahí el poder que recibe y la decide a calcular: es su decisión la que inventa la realidad. Calcula para no hablar bajo pena de caer en la nada. (…) Gracias al mutismo del cuerpo, nos lo apropiamos para mantenerlo en pie y de ello hacemos la imagen de un sentido, de un fin que perseguimos en nuestros pensamientos, en nuestros actos: el de seguir siendo el mismo que creemos ser”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn24" name="_ftnref24" style="mso-footnote-id: ftn24;" title=""&gt;6&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El complot que devela el mutismo, la conspiración por la risa en contra de la baja seriedad, en contra de la buena voluntad de fines y utensilios preocupados más por otras cosas que por ellos mismos, tiene carácter de emergencia dado que ésta ocupación en “otras cosas” (“ni el caos, ni el Eterno Retorno persiguen otra cosa que ellos mismos”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn25" name="_ftnref25" style="mso-footnote-id: ftn25;" title=""&gt;7&lt;/a&gt;), “en los demás”, opera los desconocimientos que dirigen estados de expansión (cuando el problema de los nuevos movimientos y relaciones atañe es a la precisión y a la justeza, no a la justicia) y, por tanto, de encierro. No se trata de expandirse, y unirse todos para crecer, pues toda expansión resulta en torpeza, porque se pierde la capacidad variante y la agilidad para anticipar nuevos estados, nuevas efectos. Es por esto que es denuncia estúpida la que podría hacérsele a Michael Foucault pidiéndole justificación por apelar a la medicina en los momentos de enfermedad tras haberla denunciado y desmantelado de manera tan precisa en libros como, particularmente, La vida de los hombres infames. Pues realmente está muy bien y es indispensable la capacidad curativa (en términos de bienestar físico) médica, pero la medicina y su expansión imperante es objeto, por poco, inquietante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Estado médico totaliza y captura cada vez más, dejando los problemas singulares de estados de enfermedad en un segundo, tercer plano. La expansión de los exámenes, aún en la absoluta falta de necesidad, domina progresivamente nuevos territorios, dejando banderas en todos lados, extensión ya casi absoluta, sin ningún afuera con el que limite. La medicina es en nuestros días uno de los más grandes Dioses, Estado que ha perdido su objeto dedicándose a la conquista; primera instancia a la cual hay que rendirle cuentas a la hora de realizar cualquier actividad. Era de esperarse que así fuera, pues ningún otro aspecto más perfecto que el de la salud para servir de medio trasmisor de miedos y sujeciones. La medicina, efecto creador de sujetos por excelencia en estos tiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esto consiste también el combate tan fuerte de Pierre Klossowski en contra de la ciencia representativa, de la psiquiatría y la doxa, sujeciones que quieren sujetar cada vez más, en un movimiento frontal que por lo mismo pierde todo lo que ocurre a los lados, en los intermedios y los movimientos burlescos que no se quieren dejar abanderar. Expansión, cobertura, comunicación, grados que omiten las eternidades abismales que existen entre cualquier singularidad y una diferente: “fragmento de agosto de 1881 (Sils-Maria): ‘la incesante metamorfosis: en un breve intervalo de tiempo debes pasar por muchos estados individuales. El medio para hacerlo es el combate incesante’. ¿Cuál es ese breve intervalo? No se trata de un instante cualquiera de nuestra existencia, sino de la eternidad que separa una existencia de otra”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn26" name="_ftnref26" style="mso-footnote-id: ftn26;" title=""&gt;8&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente al psicoanálisis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Igualmente frontales y lentas son las aproximaciones de la economía política en tanto que especificidad disciplinar, y es por esto que aparece dando por sentado -cual fundamento o constante- lo que hay que explicar, como afirma Marx. Da por supuesto lo que justamente hay que introducir en movimientos de variación, a saber, las bases de la división de trabajo, capital y tierra; y es por esto que oculta u obvia la enajenación esencial laboral, pues omite los intrincados vínculos existentes entre el trabajo y la producción&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn27" name="_ftnref27" style="mso-footnote-id: ftn27;" title=""&gt;1&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los manuscritos del 44 se explica la determinación resultante de ese respeto obediente frente a lo que se consideran los cimientos de la apropiación: el individuo queda determinado por la propiedad, determinismo interno equivalente al que resultaba tras la intervención luterana en la religión, después de la cual, en un esfuerzo por superar la religiosidad del entorno, el hombre quedaba determinado por ella en su interioridad. Así Marx, apoyado en un texto de Engels, enseña a Adam Smith como el Lutero de la economía; tanto Smith como Lutero llegaban al núcleo de las fuerzas productivas: en un caso religiosas, libres de toda representación, y en el otro de trabajo, independientes también de toda imagen objetiva (religiosidad pura, indeterminada / trabajo abstracto, sin importar de qué clase se trata). En uno y otro caso, no obstante, hay una vuelta de la abstracción hacia la sujeción en una imagen representativa: “el hombre”, “el trabajador”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo mismo ocurre, como se muestra de manera profunda en El AntiEdipo, con el problema de las fuerzas deseantes y sus relaciones entre el campo social capitalista. Freud, cual Lutero y Smith, llega al corazón del deseo, impersonal, ni subjetivo ni objetivo; pero también, como ellos, lo captura o sujeta en la imagen significante, en el plano de la representación: el padre, la madre, Edipo. Vuelve siempre a la unidad, a la creencia en una base dada, ya explicada. De la creencia en la unidad se deriva, por expansión homogénea, el impulso significante. La grandeza del psicoanálisis consiste en haber introducido en el pensamiento de manera precisa los conceptos de deseo y pulsión, así como una construcción teórica del inconsciente en términos de un aparato psíquico estructural determinando sus modos funcionales concretos. Inconsciente, preconsciente y consciente produciéndose en diversas vías de cuyas relaciones se deriva la administración de la investidura deseante, investidura sometida a alternantes mecanismos de defensa dada su intolerancia en la realidad. Neurosis, psicosis y perversión, estados que manifiestan el conflicto del contenido inconsciente que busca liberarse, dando con la conciencia gracias a una alteración resultante de sus propias leyes de conversión –condensación, desplazamiento- y después de haber pasado por el puente-filtro del preconsciente&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn28" name="_ftnref28" style="mso-footnote-id: ftn28;" title=""&gt;2&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El psicoanálisis teoriza el conflicto pero se pierde al sistematizar las relaciones estructurales, pues al plantear el inconsciente como un aparato psíquico compuesto por dos polos (polo motor y polo perceptivo, en cuyo intervalo van siendo marcadas las distintas huellas mnémicas correspondientes a las vivencias de satisfacción), introduce en la producción deseante la captura representativa de la imagen explicativa. Sin embargo una de las intenciones del psicoanálisis era la de combatir esta metodología de explicación de carácter descriptivo (sugestivo, y de ahí, entre otras cosas, el reemplazo de la hipnosis por el procedimiento de la asociación libre), y es entonces donde brilla Jacques Lacan, combatiendo la trampa que se puso Freud (su volver a la jaula, así como, al decir de Nietzsche, Kant rompe los barrotes para salir y entrar de nuevo. La jaula es el pensamiento de la representación; Kant la rompe al postular el giro de 180º del conocimiento y concebir el espacio y el tiempo como dos formas de la inmediatez, presentaciones a priori de lo que aparece, atributos del sujeto no empírico -entonces trascendental- y no del exterior circundante. Kant se vuelve a introducir en la jaula al continuar su novedosa trascendencia -de carácter de Ilustración- bajo la naturaleza esencial de la imagen inaccesible que condiciona, así como lo era la Bondad y como lo era Dios. Freud sale de la jaula al teorizar el deseo y la inexistencia e imposibilidad del yo como unidad, pero se introduce de nuevo dada la permanencia de la misma representación: Inconsciente genuino y represión primaria -contenidos para Freud por siempre ocultos, de imposible acceso-, y Edipo como estrategia teatral, agente de detención por excelencia); Lacan combate esta trampa, decíamos, para abordar el problema del deseo inconsciente y del cuerpo deseante en términos de la palabra, del significado y, sobretodo, del sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo imaginario y lo simbólico operan lacanianamente a niveles distintos, pero en un sistema de registros correlativo que los implica. Cuando Lacan introduce el concepto de imagen como interpretación de la vivencia intensa, y el símbolo como manifestación de la cadena de significantes de la que se deriva la producción de nuevos sentidos, lo hace para, como bien argumenta Hebe Tizio&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn29" name="_ftnref29" style="mso-footnote-id: ftn29;" title=""&gt;3&lt;/a&gt;, interrogar el grado de repercusión de la instancia que significa sobre el síntoma de quien padece, conservando el carácter de subjetividad mediante la palabra. Vastedad de Jacques Lacan al expresar la existencia del cuerpo sólo tras su devenir-palabra, imagen de cuerpo inexistente, para Lacan, sin la concatenación simbólica que la significa, que se da significado a sí misma, pero que de por sí no es nada, pues se trata de una ligazón de sentidos donde cada cual vale por el otro y en tanto que está el otro que lo signifique.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se trata, con Lacan, de los significados y los significantes, sino de su carencia, la cual los pondría en movimiento: se trataría así de ir agotando la encadenación de significados (es a esta concepción de nada o vacío, que crearía las relaciones significantes hasta el infinito, a la que Gilles Deleuze responde fuertemente en Lógica del sentido, liberando el pensamiento de esa mala carga que propone la aproximación imposible en busca de lo que carece), hasta alcanzar el estado lingüístico –que es también palabra- no significante: goce pulsional (pues la pulsión –y en esto Lacan sigue a Freud- difiere del instinto, el cual se cumple, mientras que la pulsión se satisface. La pulsión no es el deseo, sino el agente representante de lo somático en lo psíquico&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn30" name="_ftnref30" style="mso-footnote-id: ftn30;" title=""&gt;4&lt;/a&gt;, factor diferencial que liga la fuerza con la forma) o satisfacción libidinal que manifiesta esa nada, ya como afirmación deseante dado su carácter de impulsa, ya como malestar y sufrimiento por su imposibilidad de acceso: palabra no-significante carente de sentido (esbozando ya Lacan, como muestra Tizio, el sin-sentido como estructura, y en esto Lacan dirá que el artista lleva por siempre la partida ganada al psicoanálisis, -sólo que no sabe en verdad por qué lo dice-), concebida por Lacan no como inmanencia de producción sino como muestra de imposibilidad, capaz de dar con el indeseado infinito interpretativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lacan afirma que desde el sin-sentido del significante emerge la significación, palabra encadenada que hace posible la determinación corporal. Palabra, registro simbólico e imaginario; yo-palabra e inconsciente que se estructura por el lenguaje. El sujeto se produce en el lenguaje, y esto conduce al problema de la interpretación. Lacan no le apuesta a una herramienta generadora de nuevos sentidos, pues de lo que se trata es de extenuar la significación, atravesar las imágenes del sentido para aproximarse al goce de la palabra-pulsión, inconsciente literal que crea la nueva palabra por colusión de la materialidad significante (al decir de Tizio). El término colusión posee dos acepciones: o bien el convenio entre varios para actuar sobre otro, o bien signo ortográfico que modifica la letra en la que se sitúa (por ejemplo la diéresis, etc.). Optamos por esta segunda aseveración y no por la primera como lo hace Tizio. Colusión de la materialidad significante indica así alteración de la materialidad, estado alterado de una materia que sale de sí, materia drogada que ya no distingue ni sentido ni principio o fin, dado que en su alteración los ha modificado a todos extrayéndoles el código que los registra y estructura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En términos de interpretación frente al signo que significa, uno se podría quedar en el debate entre hermenéutica y semiología, debate que el concepto klossowskiano semiótica pulsional (in-significante, insignificante) acaba; pero si ahí estamos, hay que seguir a Michel Foucault, que no es que esté ahí, pero siempre se puede permitir un retorno:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Si la interpretación no puede acabarse nunca es, simplemente, porque no hay nada que interpretar. No hay nada de absolutamente primario que interpretar pues, en el fondo, todo es ya interpretación; cada signo es en sí mismo no la cosa que se ofrece a la interpretación, sino interpretación de otros signos. (…) Ellas (las palabras) no indican un significado: imponen una interpretación. Por consiguiente no es porque haya signos enigmáticos por lo que estamos consagrados a la tarea de interpretar, sino porque hay interpretaciones, porque nunca cesa de haber por encima de todo lo que habla el gran tejido de las interpretaciones violentas. Es por esta razón que hay signos, signos que nos prescriben la interpretación de su interpretación, que nos prescriben invertirlos como signos (cotidianos, codificados). (…) A partir de Freud, Marx y Nietzsche, me parece que el signo va a llegar a ser malévolo; quiero decir que hay en el signo una forma ambigua y un poco turbia de querer mal y de `mal cuidar`. Y esto en la medida en que el signo es ya una interpretación que no se da por tal. Los signos son interpretaciones que tratan de justificarse, y no a la inversa. (…) La interpretación será siempre de ahora en adelante la interpretación por el `quien`; no se interpreta lo que hay en el significado, sino que se interpreta a fondo: quien ha planteado la interpretación (quien que es también interpretación). El principio de la interpretación no es otro que el de intérprete y éste es tal vez el sentido que Nietzsche a dado a la palabra `psicología`. La interpretación debe interpretarse siempre ella misma y no puede dejar de volver sobre ella misma (la intensidad que vuelve sobre sí). Por oposición al tiempo de los signos (trastocados), que es un tiempo del vencimiento, y por oposición al tiempo de la dialéctica, que es a pesar de todo lineal, se tiene un tiempo de la interpretación (..pasar a otro tiempo…) que es circular. Este tiempo está obligado a pasar por donde ya ha pasado, lo que hace que, en suma, el único peligro que corre realmente la interpretación, pero peligro supremo, son paradójicamente los signos los que se lo hacen correr. La muerte de la interpretación consiste en creer que hay signos que existen como señales coherentes, pertinentes y sistemáticas. (…) Me parece que es preciso comprender muy bien esta cosa que muchos de nuestros contemporáneos olvidan: que la hermenéutica y la semiología son dos enemigos bravíos. Una hermenéutica que se repliega sobre una semiología cree en la existencia absoluta de los signos (significantes): abandona la violencia, lo inacabado, lo infinito de las interpretaciones, para hacer reinar el terror del indicio, y recelar el lenguaje. Reconocemos aquí el marxismo después de Marx. Por el contrario, una hermenéutica que se envuelve en ella misma, entra en el dominio de los lenguajes que no cesan de implicarse a sí mismos, esta región medianera de la locura y del puro lenguaje. Es allí donde nosotros reconocemos a Nietzsche.”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn31" name="_ftnref31" style="mso-footnote-id: ftn31;" title=""&gt;5&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Interpretación: (im) pulsos lindantes; por esto no es que el sujeto interprete, sino que él es ya interpretación (es). Entonces se distancia el lugar de la oposición entre hermenéutica y semiología, porque esta oposición es solamente interpretación, no estructura (la estructura es interpretación, grado frecuencial). Lo que se interpreta no es la atribución de nuevos significantes, sino las zonas (im) pulsivas múltiples que se producen tras un desplazamiento (inextenso) que transgrede. Después de la gran deuda con Lacan, Klossowski y Foucault se despiden y se van, pues no se trata de eso, porque en todo lo anterior hay sólo la producción de un ritmo (que es multiplicidad) en funcionamiento, ritmo que hay que cargar (tensar) mucho más, ponerlo a variar in crecendo, para que se libere de ese lenguaje designativo y propositivo significante que ensigna sobre los cuerpos para crear nuevas subjetividades, nuevas políticas de sumisión, estados dictatoriales (porque son dilación) que son sólo grados de una intensidad todavía entumecida, que clama la inserción en la movilidad, mar adentro. El sujeto estructural es un grado de intensidad baja, de poco correr vibratorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De los sueños al pensamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pierre Klossowski opta, sobra decirlo, por el simulacro, por la simulación, simulacro del que se van desprendiendo fines y sentidos que pervierte sólo para suscitar nuevos centros de fuerzas&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn32" name="_ftnref32" style="mso-footnote-id: ftn32;" title=""&gt;1&lt;/a&gt;. El intelecto, fuerza confusa, invierte al volver sobre sí las fluctuaciones de intensidad de pulso repitiéndolas, re-produciéndolas, en una repulsión puesta al servicio de la seguridad gregaria y de la especie. ¡Pero qué importa la seguridad de la especie!&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn33" name="_ftnref33" style="mso-footnote-id: ftn33;" title=""&gt;2&lt;/a&gt;: “Se enfrentan dos voluntades de poder, la gregaria y la que, a través de la iniciativa individual, quebranta la gregariedad”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn34" name="_ftnref34" style="mso-footnote-id: ftn34;" title=""&gt;3&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El intelecto es repulsivo, re-pulsión que desea perdurar y conservarse, pero no hay nada por conservar, porque el concepto de conservación surge de otra fluctuación, que seguirá oscilando en la excentricidad que no deja de producir. Intelecto y repulsión, el pensamiento repulsa, porque funciona como eco o sobresalto que invierte la onda que lo produce, siendo una ondulación más, pero invertida, sobresaltada. Es necesario ser mucho más repulsivo, y pulsar más intelecto, hasta, literalmente, impulsarlo a la inhumanidad (que ya está ahí, siempre). Liberarse de la carga de la suerte de la humanidad, liberarse de toda especificidad, sacar cada cosa de su función específica, extensa e/o inextensamente. Olvidar que se fuera parte de una especie, Darwin. Antidarwinismo de Nietzsche (en por lo menos tres aspectos: 1º No se trata de las especies, 2º Tampoco de una evolución y 3º No es el más fuerte, sino el débil, los débiles, los que siempre triunfan y quieren permanecer) con miras al desvanecimiento, porque toda conservación especial es torpeza, retención y no salida de lo que se puede para devenir y pasar (afirmar es dar la seña para pasar: pensamiento de la afirmación, no por un optimismo entusiasta, sino porque es algo que atrae o repele tanto que no se le puede negar el paso).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo poder es infinito, no por una continuidad específica que se prolongue hacia un fin impensable, sino por absoluta (grados de relatividades) carencia de fin, y por tanto de buen sentido: “Hay que precipitar, en lugar de combatir, el proceso que se desarrolla aparentemente contrario al fin”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn35" name="_ftnref35" style="mso-footnote-id: ftn35;" title=""&gt;4&lt;/a&gt;. Dejar de creerse especial, y volverse innotable, en una conspiración (complot) contra el gregarismo y todo lo “único”, como la Cultura de Estado, como la medicina estatal (con lo que no se pretende ahora optar por un tipo de medicina alternativa esotérica, pues tales prácticas derivadas de “lo que se cree” en la superstición son una especificidad peor), como el capital filiativo puesto al servicio de los estados globalizantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocurre igual con el problema de los sueños y de su interpretación. No hay nada que interpretar. No hay que buscar la significación de las imágenes oníricas, pues éstas no representan nada, ninguna especificidad, sino que son, por el contrario, la presentación del movimiento que modula al cerebro con las fuerzas de sensación de luz que lo afectan. Estados de variación continua que manifiestan que la vigilia y el sueño no son tales, que no se trata de estar dormido o despierto, pues ahora sí que la penetración es total, en una multiplicidad mucho más consistente, alucinada e intangible que la que anhelaba André Bretón (ya verdaderamente no hay despertar o dormir, sólo un recorrido ambulante en el que no importa dónde se empieza y donde se acaba- a lo largo, si se quiere, del excelente relato de Cortázar: la noche boca arriba. O, por supuesto, de la monumental obra El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, pero especialmente la segunda parte, donde la indiscernibilidad entre lo que es real y lo que es escrito se hace por completo inmanente. Por lo demás El Quijote presenta una más aguda intangibilidad, tanto que ni siquiera ha sido escrito en español, sino en árabe, y no por Cervantes, sino por Cide Hamete. Con tales despliegues Miguel de Cervantes se ríe de España, siendo su más profunda afirmación). Por ejemplo (aunque no se trate nunca de analogías, comparaciones posibles o metáforas), Nerval y Aurelia (véase también el sorprendente relato del escritor Franz Silva, Manglar y Metal –cantata náutica-, especialmente el abrumador manejo sintáctico que se hace presente a lo largo del transcurso).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es por esto que reconocemos en toda escuela que busque “divagar acerca de los sueños” una ineptitud en la realidad (sobretodo en lo real inmóvil, pues ahí los movimientos, los del cerebro, “los del ser”, son sobretodo en variación temporal, y no en espacialidad. Tal vez sea un error creer en el espacio); crear un grupo de estudio sobre ellos es lo mismo que crear todo un movimiento artístico o científico con carácter de importancia social a partir de la distracción, lo cual sería a la larga mucho más profundo e interesante, en lugar de estar armando toda una militancia acerca de lo que se piensa sin darse cuenta. Es decir, si se trata de dar una absoluta relevancia al mundo onírico, tal y como se la dan Freud y el surrealismo, la misma importancia merece el instante de desatención, (el tiempo que se pierde) y no desatención del mundo activo por quedarse pensando en los sueños que se tiene, sino por pérdida de ser (soy), por descentramiento, tendencia impulsiva y olvido de la unidad que se cree cada quien; por conexiones incorpóreas. Sólo entonces nuevas individuaciones (realidades) se van dando, nuevos acontecimientos, fechas y lugares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay, en efecto, diferentes pérdidas o desatenciones (grados alternantes): el divagar sobre los sueños lo es en la torpeza para conectarse con algo nuevo, puesto que frena la actividad (del pensamiento en libertad), porque es un enfatizado pensar sobre lo que se pensó: ponerse a analizarlo y creer en su misterio y profundidad. No más que un juego que, visto a distancia, promueve la representación, la permanencia de lo que ya se dio. Pero si se deja de pensar sobre lo pensado en tiempos de distracción, para simplemente ponerse a pensar, entonces la pérdida difiere: pensamiento en producción y no reproductivo, alterando lo que existe (al interior del cerebro cuando menos –cuando más-).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nietzsche y Freud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En por lo menos dos momentos claros de su libro, Pierre Klossowski deja de ser él para volverse otro distinto, por un lado Nietzsche (y es Nietzsche quien toma la palabra en el capítulo Olvido y anamnesis en la experiencia vivida del eterno retorno), y por otro Freud. Éste empieza entonces a analizar los sueños del pequeño Nietzsche&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn36" name="_ftnref36" style="mso-footnote-id: ftn36;" title=""&gt;1&lt;/a&gt;, interpretación que Klossowski-Freud conduce con miras a una perversión interpretativa que resulta por reconocer en el Padre la elevación y en la madre la decadencia, la pesadez (a pesar de Sigmund Freud), los signos de la enfermedad y la muerte. Antes de que cualquier psicoanalista intervenga y reproche, Klossowski-Klossowski regresa e invita a introducirse en nuevos y reales movimientos afectivos (afectantes):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pero dejemos el esbozo de un análisis burdo y facilista que utilizara los recuerdos infantiles de Nietzsche (el sueño), los juveniles (el espectro), la delectación morbosa de Euforión, para bosquejar un “complejo” en el que el padre (Dios Padre) se volviese el minotauro (con los rasgos de Wagner); la madre (no Franzisca Nietzsche) y la hermana (no Elisabeth) fuesen Ariadna (con los rasgos de Cósima) mientras que la madre Nietzsche y su hermana Elisabeth serían las representantes rivales y punitivas de esa regresión”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn37" name="_ftnref37" style="mso-footnote-id: ftn37;" title=""&gt;2&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al hablar de estados afectivos, de afectos, no se trata de algún tipo de particularidad o sentimiento, sino de una carga o investidura (por completo en términos psicoanalíticos), un monto o cantidad variable, por tanto cualidad cambiante a medida que se efectúa y relaciona. El grado que afecta se liga así con el problema del deseo, de los grados apetentes, deseo y apetencias que tampoco tienen absolutamente nada que ver ni con una disposición biológica ni con un “yo deseo tal cosa” o “me apetece esto o quiero esto otro”. No. Las buenas voluntades son sólo lo que cuelga y va detrás del desear en tanto que apetencias inconscientes que sin tener idea de nada se quieren, ligan y producen lo real como sea que se vaya dando. Efectuaciones apetentes que figuran no sólo formas de representación, sino también, por un querer plural que potencia inclinaciones, conexiones que en términos representativos pueden parecer contradictorias. De nuevo, no hay contradicciones de ningún tipo, sólo grados querentes, querencias y acoplamientos&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn38" name="_ftnref38" style="mso-footnote-id: ftn38;" title=""&gt;3&lt;/a&gt;. Lo que se quiere no remite a una premeditación, sino a un efectuarse que, en tanto que se produce, pone en manifiesto que se ha deseado, deseo (impersonal) aún en el desconocimiento, en contra de todo interés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Efectuaciones querentes, inclinantes, que por apetencias inconscientes (desconocidas, incluso voluntariamente no queridas) de creación dan toda la razón a Michel Foucault cuando demuestra que una sociedad no se contradice nunca; puede estar cargada de asesinatos, de opresión y pobreza, de explotación y crimen, pero en tanto que todo eso existe, es porque se desea y crea en un proceso relacional apetente plural, que desnuda lo que en realidad subyace a toda humanidad, naturaleza o artificio (recordemos a Reich citado en el Anti-Edipo con unas palabras que en verdad no quieren ser oídas: el fascismo es deseado, querido, y así todo lo que ha ocurrido, ya sea favorable o desfavorable. ¿A quienes? A cada quien). En éstos términos caben por igual las certeras elucidaciones de Jorge Luis Borges: Arriesgo esta conjetura: Hitler quiere ser derrotado. Hitler de un modo ciego, colabora con los inevitables ejércitos que lo aniquilarán, como los buitres de metal y el dragón (que no debieron de ignorar que eran monstruos) colaboraban, misteriosamente, con Hércules&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn39" name="_ftnref39" style="mso-footnote-id: ftn39;" title=""&gt;4&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Natural y artificial son sólo grados, apetencias en relación no terminal, deseantes y activas, siempre activas, a través de toda la reactividad que producen. Sería falso ver en todo esto un pesimismo o incluso una justificación. No hay nada por justificar. El deseo sigue, las efectuaciones inclinantes continúan su marcha, arrastrando individuos, masas civilizaciones enteras. En realidad no hay ni ha habido períodos históricos, sólo apetencias, efectuaciones apetentes colectivas que dan los rasgos de tal o cual período, de tal o cual Estado (rasgos determinados después, así sea instantes después). Edad Media, Renacimiento e Ilustración, grados masivos de apetencias produciendo la realidad cambiante e histórica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay nada natural o de carácter biológico en las relaciones apetentes, así como los procesos de ensamblaje por querer deseante, afectivo (mutante), no se dan desde una espontaneidad azarosa. El interés es puro grado de afección, y así la conciencia y la voluntad pensada. Lo que se piensa natural es ya artificial en tanto que desconoce todo descender biológico reproductivo, filiativo, el cual en el fondo es inexistente. ¿Se cree que esto no ocurre así por el hecho de que los hombres tienen niños, las llamadas especies crías iguales, las plantas y los árboles plantas y arboles por procesos ya sea de siembra, ya de germinación “natural”? Sólo se trata de esperar que el tiempo pase, o de concebir estos procesos desde otra temporalidad. Es un problema de temporalidades, tiempos que desconocen toda métrica de una cabeza humana y que desmienten por completo cualquier tipo de creación biológica filial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La carga afectiva no corresponde a la pesadez de un sobrepeso, sino todo lo contrario, pues es cargándose que la realidad se libera, se aligera creando nuevas inclinaciones y tendencias (sociales, históricas, cósmicas). Hablar de potencias y efectos no es en términos de derivados de causas primeras ni de formaciones en vías de convertirse en actos. Toda potencia es ya actuación (a distintos niveles de fuerza) y toda causa primera es efecto en relación. No se trata de cosas que se deriven de, sino de la exclusiva existencia de grados potentes y efectos relativos que se apetecen y se inclinan hacia tal o cual zona o región blanca figurando todo tipo de cosas que ya se llamarán como sea que se les quiera dar un nombre. Así de lo diminuto a lo excesivo. Es, en voz de Klossowski, el complot, el combate de Nietzsche que confronta y mina siempre desde un estado secreto: “El complot dictamina el perfecto estado de extrañeza del hombre para consigo mismo y su vida a medida que se inserta como un caso más que incrementa una forma de gregarismo: supergregarismo sometido a los métodos dictados por los objetos mismos y los modos de producción con sus leyes de crecimiento y consumo”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn40" name="_ftnref40" style="mso-footnote-id: ftn40;" title=""&gt;5&lt;/a&gt;. Extrañeza de sí, por tanto, encierro y total dependencia de uno y hacia uno (y ser maleable, pura maleabilidad). No tanto desconocimiento de lo que se es en términos esenciales del tipo conócete a ti mismo socrático, o sí, sólo que entendiendo por conocerse el límite móvil que conduce a la inexistencia de un uno mismo por conocer; sólo entonces es posible “llegar a ser lo que se es”. No se trata de esencias, sino de una acentuación de frecuencia y dimensiones cambiantes, que se libera porque se deja de buscar, para comenzar a buscar cambiar las frecuencias y dimensiones que lo relacionan y exteriorizan en las apetencias y querencias que lo crean y que crea a medida que se afirma y se sabe (siente) fuerza en relación alucinada. Una y otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El desconocimiento y por tanto búsqueda de la unidad esencial, búsqueda encaminada a un buen fin de libertad, sólo produce la fijación en sí, la sujeción eventualmente acomplejante, la inmovilidad vacía y mortuoria de la que se van derivando los pobres vicios solitarios del resentimiento, del recelo y las, en términos de D. H. Lawrence, masturbaciones de encierro que sólo desencadenan sentimientos de vergüenza e inutilidad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Si mi vida consiste en un mero girar de ese círculo vicioso de encierro en el yo, de masturbadora conciencia de mi mismo, no tiene ningún valor para mí. Si mi vida individual ha de estar encerrada dentro de la enorme y corrompida mentira de la sociedad de hoy (y de hoy, y de hoy,…), la mentira de la pureza y del sucio secretito, entonces tampoco tiene valor para mí. Ser libre es la mayor de las realidades. Pero significa, por encima de todo, liberarse de las mentiras. Significa, en primer término, liberarme de mí mismo, de la mentira de mí mismo, de la mentira de mi importancia exclusiva hasta para mí mismo: significa liberación de estar pendiente de mí mismo, del elemento masturbador que personifico en mí mismo. (…) Tenemos que ser suficientemente conscientes y autoconscientes para conocer nuestros propios límites y ver con claridad el gran impulso que partiendo de nuestro mundo interior lo trasciende. En ese momento dejamos de interesarnos fundamentalmente por nosotros mismos. En ese momento aprendemos a abandonarnos a la espontaneidad en todos los centros afectivos; a no forzar nunca nuestra sexualidad. Luego lanzaremos la gran arremetida contra la mentira exterior, liquidada ya la mentira interior. La libertad y la lucha por la libertad no son más que todo eso”&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftn41" name="_ftnref41" style="mso-footnote-id: ftn41;" title=""&gt;6&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Liberadas tales cargas pesadas, surge, ligeramente, la producción que transforma lo existente y actualiza una novedad, un nuevo pueblo, varios. Todo esto teniendo en cuenta, como lo ha mostrado Marx en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte (fórmula que luego retomaría Nietzsche), que la aparición de lo nuevo siempre devela su carácter de innovación hacia la mitad de su transcurso, pues antes va cubierto de capas de pasado y sucesos ya presentes en el plano al interior del cual pasa y en el que paulatinamente, silenciosamente, pacientemente, aparece.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PABLO GARCIA ARIAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref1" name="_ftn1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;1&lt;/a&gt; Cf. Marx, K, Manuscritos de economía y filosofía, ed. Alianza, Madrid. 1989. p. 54.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref2" name="_ftn2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;2&lt;/a&gt; Cf. Spinoza, B. Ética, ed. Alianza, Madrid. 1998. p. 262-280. Deleuze y Guattari, Mil mesetas, ed. Pre-Textos, Valencia. 1994. p. 260, 261. Pardo, J. L., Violentar el pensamiento, ed. Cincel. Madrid, 1990. p. 176&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref3" name="_ftn3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;3&lt;/a&gt; Cf. Deleuze, G., Diferencia y repetición, ed. Amorrortu, Buenos Aires, 2002. p. 280, 281. Y Pardo, J. L., Op. Cit., p. 148&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref4" name="_ftn4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;4&lt;/a&gt; Cf. Pardo, Op, Cit, p. 150&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref5" name="_ftn5" style="mso-footnote-id: ftn5;" title=""&gt;5&lt;/a&gt; Ibidem.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref6" name="_ftn6" style="mso-footnote-id: ftn6;" title=""&gt;6&lt;/a&gt; Diagama, C., Heráclito y el devenir, en: Nietzsche, el Estado y la guerra. Revista-Documentos 2, ed. Carpe Diem, Bogotá, 2000. p. 117-125. Artículo que expresa una novedad trascendental del pensamiento heracliteano, su efecto en el plano del lenguaje, planteamientos implícitos en la obra del filósofo efesio acerca de las relaciones que descubren la continuidad del movimiento de la materia mediante movimientos discontinuos de la lengua. El Logos o la diferencia singular que registra la dimensión temporal del medio, ni más ni menos.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref7" name="_ftn7" style="mso-footnote-id: ftn7;" title=""&gt;7&lt;/a&gt; Cf. Lezama Lima, J. Paradiso, ed. Colección archivos. Edición crítica, Cintio Vitier, coordinador, Colombia, 1984.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref8" name="_ftn8" style="mso-footnote-id: ftn8;" title=""&gt;8&lt;/a&gt; El ateismo del concepto, la transversal que hace que “resulte vano intentar distinguir lo que es racional de lo que es irracional en una sociedad”: Deleuze, G. y Guattari, F, El AntiEdipo, ed. Paidos. Barcelona, 1995. p. 356. Y, de los mismos autores, ¿Qué es la filosofía?, ed. Anagrama. Barcelona, 1997. p. 93, 94.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref9" name="_ftn9" style="mso-footnote-id: ftn9;" title=""&gt;9&lt;/a&gt; Deleuze, G. Op. Cit. p. 311&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref10" name="_ftn10" style="mso-footnote-id: ftn10;" title=""&gt;10&lt;/a&gt; Nietzsche, F. La Gaya ciencia, 240 - Junto al mar. ed. Akal, S. A., Barcelona. 1988. p. 195.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref11" name="_ftn11" style="mso-footnote-id: ftn11;" title=""&gt;11&lt;/a&gt; Blanchot, M. El espacio literario, Kafka y la exigencia de la obra, ed. Paidos, Buenos Aires, 1969. p. 68-69.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref12" name="_ftn12" style="mso-footnote-id: ftn12;" title=""&gt;1&lt;/a&gt; Marx, Op. Cit., p. 68-69.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref13" name="_ftn13" style="mso-footnote-id: ftn13;" title=""&gt;2&lt;/a&gt; Klossowski, P. Nietzsche y el círculo vicioso. págs 67-68. El paréntesis es nuestro.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref14" name="_ftn14" style="mso-footnote-id: ftn14;" title=""&gt;3&lt;/a&gt; Nietzsche, F. Op. Cit, 310- Voluntad y ola. p. 227&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref15" name="_ftn15" style="mso-footnote-id: ftn15;" title=""&gt;4&lt;/a&gt; Nietzsche, F. Así habló Zaratustra, De la chusma, ed. Planeta-Agostini, Barcelona, 1992 y La genealogía de la moral, ed. Alianza, Madrid. 1994. p. 184.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref16" name="_ftn16" style="mso-footnote-id: ftn16;" title=""&gt;5&lt;/a&gt; Deleuze, G. y Guattari, F. Mil mesetas, ed. Pre-Textos, Valencia. 1994. p. 250&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref17" name="_ftn17" style="mso-footnote-id: ftn17;" title=""&gt;6&lt;/a&gt; Pierre Klossowski, Op. Cit., p. 198, 199, 210&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref18" name="_ftn18" style="mso-footnote-id: ftn18;" title=""&gt;7&lt;/a&gt; “…diferencia que no dejaba prever nada y que sin embargo hace volver como máscaras de sus máscaras a Platón, Duns Scoto, Spinoza, Leibniz, Kant, todos los filósofos. La filosofía no como pensamiento, sino como teatro: teatro de mimos con escenas múltiples, fugitivas e instantáneas donde los gestos, sin verse, se hacen señales: teatro donde, bajo la máscara de Sócrates, estalla de súbito el reír del sofista; donde los modos de Spinoza dirigen un anillo descentrado mientras que la sustancia gira a su alrededor como un planeta loco; donde Ficthe cojo anuncia `yo fisurado/yo disuelto`; donde Leibniz, llegado a la cima de la pirámide, distingue en la oscuridad que la música celeste es el Pierrot Lunar. En la garita de Luxembourg, Duns Scoto pasa la cabeza por el anteojo circular; lleva unos considerables bigotes; son los de Nietzsche, disfrazado de Klossowski”.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref19" name="_ftn19" style="mso-footnote-id: ftn19;" title=""&gt;1&lt;/a&gt; “..La afirmación sólo tiene por objeto a sí misma. Pero precisamente es el ser en tanto que es en sí mismo su propio objeto. La afirmación como objeto de la afirmación: éste es el ser. En sí misma y como primera afirmación, es devenir. Pero es el ser en tanto que es objeto de otra afirmación que eleva el devenir al ser o que extrae el ser del devenir. Por eso la afirmación en todo su poder es doble: se afirma la afirmación”. (Gilles Deleuze, Nietzsche y la filosofía, ed. Anagrama, Barcelona. 1994. p. 260.)&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref20" name="_ftn20" style="mso-footnote-id: ftn20;" title=""&gt;2&lt;/a&gt; Ver Garavito, E. Tiempo y espacio en el discurso de Michel Foucault, ed. Carpe Diem, Bogotá. 1991.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref21" name="_ftn21" style="mso-footnote-id: ftn21;" title=""&gt;3&lt;/a&gt; Pues “la razón”, “la objetividad”, son pasiones, y de las más fuertes. De ahí el diagnóstico del filósofo: “…se ha inventado una nueva forma de esclavitud, ser esclavo de sí mismo, o la pura razón, el Cógito. ¿Hay algo más pasional que la razón pura? ¿Hay una pasión más fría y más extrema, más interesada, que el Cógito?”: Deleuze, G. y Guattari, F. Mil mesetas, Sobre algunos regímenes de signos, Ed. Pre-Textos, Valencia, 1994. p. 134.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref22" name="_ftn22" style="mso-footnote-id: ftn22;" title=""&gt;4&lt;/a&gt; Cfr. Pierre Klossowski, Op, Cit., pág 43.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref23" name="_ftn23" style="mso-footnote-id: ftn23;" title=""&gt;5&lt;/a&gt; Friedrich Nietzsche, Zaratustra, Op, Cit., pág 26.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref24" name="_ftn24" style="mso-footnote-id: ftn24;" title=""&gt;6&lt;/a&gt; Pierre Klossowski, Op, Cit., págs. 11, 42.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref25" name="_ftn25" style="mso-footnote-id: ftn25;" title=""&gt;7&lt;/a&gt; Ibídem, pág. 51.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref26" name="_ftn26" style="mso-footnote-id: ftn26;" title=""&gt;8&lt;/a&gt; Ibídem, pág. 74.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref27" name="_ftn27" style="mso-footnote-id: ftn27;" title=""&gt;1&lt;/a&gt; Cfr. Marx, K. Op. Cit., p. 104- 108.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref28" name="_ftn28" style="mso-footnote-id: ftn28;" title=""&gt;2&lt;/a&gt; Cfr. Freud, S. Neuropsicosis de defensa, Obras Completas, Amorrortu, Vol. III, Buenos Aires. 1980.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref29" name="_ftn29" style="mso-footnote-id: ftn29;" title=""&gt;3&lt;/a&gt; Tizio, H. Lacan y la cultura hoy, Operar con la palabra, Asociación de Revistas culturales Españolas, La página. Nº 45-46. 2001 p. 55.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref30" name="_ftn30" style="mso-footnote-id: ftn30;" title=""&gt;4&lt;/a&gt; Freud, S. El yo y el ello, Obras completas, Biblioteca Nueva. Madrid. 1968.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref31" name="_ftn31" style="mso-footnote-id: ftn31;" title=""&gt;5&lt;/a&gt; Foucault, M. en Nietzsche, Freud, Marx, Nietzsche 125 años, ECO Revista de la Cultura de Occidente. Bogotá-Colombia. 1969. p. 645, 646, 647 Los paréntesis son nuestros. Véase también, acerca de cómo la interpretación volcada sobre lo significante deviene impotencia deudora, Deleuze y Guattari, 587 a. J. C.- Sobre algunos regímenes de signos, Mil mesetas, Op, Cit., p. 120: “significancia e interpretosis son las dos enfermedades de la tierra o de la piel…”&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref32" name="_ftn32" style="mso-footnote-id: ftn32;" title=""&gt;1&lt;/a&gt; Cfr. Pierre Klossowski, Op. Cit., pág. 136.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref33" name="_ftn33" style="mso-footnote-id: ftn33;" title=""&gt;2&lt;/a&gt; Ibídem, pág 137.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref34" name="_ftn34" style="mso-footnote-id: ftn34;" title=""&gt;3&lt;/a&gt; Ibídem, pág 136.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref35" name="_ftn35" style="mso-footnote-id: ftn35;" title=""&gt;4&lt;/a&gt; Ibídem, pág 161.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref36" name="_ftn36" style="mso-footnote-id: ftn36;" title=""&gt;1&lt;/a&gt; Véase el capítulo Consulta a la sombra paterna.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref37" name="_ftn37" style="mso-footnote-id: ftn37;" title=""&gt;2&lt;/a&gt; Ibídem, pág 190.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref38" name="_ftn38" style="mso-footnote-id: ftn38;" title=""&gt;3&lt;/a&gt; Diagama, C. Op, Cit.: “Es preciso entender que el término ´acoplamientos` no expresa simple y llanamente las conexiones y las disyunciones entre las cosas. Conexión y disyunción son aspectos necesarios del acoplamiento, pero no son suficientes para constituirlo si se conciben al margen de un mismo movimiento, es decir, si se piensan en una situación estática. Un acoplamiento es, por tanto, un movimiento singular que actualiza la conexión de dos o más cosas, al mismo tiempo que las diferencia”. p. 121.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref39" name="_ftn39" style="mso-footnote-id: ftn39;" title=""&gt;4&lt;/a&gt; Jorge Luis Borges, Otras inquisiciones, Anotación al 23 de Agosto de 1944, Círculo de Lectores, Barcelona. 1976.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref40" name="_ftn40" style="mso-footnote-id: ftn40;" title=""&gt;5&lt;/a&gt; Pierre Klossowski, Op, Cit., pág 167.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://beta.blogger.com/post-create.g?blogID=5249939882123069282#_ftnref41" name="_ftn41" style="mso-footnote-id: ftn41;" title=""&gt;6&lt;/a&gt; D. H. Lawrence, Pornografía y Obscenidad, Cuadernillos para el Tercer Milenio, Bogotá. 1996. p. 80, 81. Los paréntesis son nuestros.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5249939882123069282-5616656554488717670?l=www.periodicodelibros.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://www.periodicodelibros.com/feeds/5616656554488717670/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2006/11/del-eterno-retorno-y-la-civilizacin.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5616656554488717670'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5249939882123069282/posts/default/5616656554488717670'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://www.periodicodelibros.com/2006/11/del-eterno-retorno-y-la-civilizacin.html' title='Del Eterno Retorno y la civilización'/><author><name>Periódico de Libros Lecturas Críticas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17568681454400817464</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_GqibH2_uyyQ/TM2zMmmH0wI/AAAAAAAAAqM/UplSqTRxdpc/S220/fondo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-1cQEizDbJ8I/TxgrDHTKenI/AAAAAAAAA68/0atNTIkVgOw/s72-c/50-NIETZSCHE+Y+EL+CIRCULO+VICIOSO_baja.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
